La reciprocidad del hype

¿Qué consecuencias puede tener un exceso de hype? ¿Quiénes son más culpables, las compañías por vendernos humo o nosotros, los usuarios, por confiar en ellas? Estamos hartos de medias verdades, queremos realidades.

El término 'hipérbole', presente en la lengua castellana, hace referencia a una exageración muy grande de un acto o una cosa, induciendo al receptor del mensaje a otorgar más importancia al continente que al contenido del mismo. El término 'hype' tan conocido actualmente proviene de la palabra inglesa 'hyperbole', cuyo significado hace mención a un producto mediático que ha sido objeto de una excesiva publicidad o sobrecobertura por parte de la prensa obteniendo así una publicidad altísima independientemente de la calidad del producto final.

Con las bases de este artículo convenientemente asentadas, me gustaría presentar mi humilde opinión en lo que respecta a como el hype en los videojuegos puede afectar de manera positiva o negativa a quien ose usarlo para paliar la dura espera por ese producto que tanto tiempo llevas esperando tener.

Históricamente el hype ha sido justo juez de muchos títulos que han llegado a nuestras estanterías con la premisa de ser uno de los grandes y que finalmente se han quedado en nada, un esbozo de lo que podría haber sido y no fue. Pero por otro lado, ¿habría ese determinado juego dejado mejor sabor de boca si no hubiese tenido una campaña publicitaria detrás que no hiciese honor a su calidad final? La respuesta, querido lector, no la obtendremos jamás.  Lo que si estoy en condiciones de plasmar es cómo afecta negativa o positivamente a nuestras impresiones un determinado producto con respecto al hype que hayamos depositado en él.

De una parte, tenemos la posibilidad de que el hype que hemos depositado en ese juego sea correspondido con una de las mejores experiencias videolúdicas que hayamos tenido en nuestra vida. Que se colmen todos nuestros deseos, que obtengamos un producto cuya calidad esté fuera de toda duda y que marque un antes y un después en nuestro recuerdo como videojugadores. En este caso, esa gran burbuja mental de expectativas e ilusiones estallará cual fuegos artificiales poniendo punto y final a un gran acontecimiento. Su colorida luz y estruendo bañarán nuestros corazones de jugón posibilitando esa mueca cómplice junto a nuestro televisor, esa sonrisa de satisfacción, y ese vello erizado en nuestros brazos mientras pensamos…'¡ Qué juegazo!'. Hasta aquí la parte positiva de la cruda realidad a la que nos tenemos que enfrentar frecuentemente, para nuestra desazón.

Esta es la peor parte, lo que todos sabemos que podría pasar pero que nos aferramos a negar hasta que es tan inevitable aceptarla como inevitable es para un motorista aceptar el dolor que va a tener en todo su cuerpo cuando, yendo a 2 metros del suelo, agita las manos y las piernas esperando el duro contacto con el asfalto.

Aferrándonos al símil del motorista también se podría decir que, de alguna manera, sentimos dolor al ver que ese juego que hemos estado defendiendo a capa y espada cuando era cuestionado ha quedado muy por debajo de lo que todos esperábamos de él. En ese momento la palabra 'hype' pierde toda la fuerza que había ejercido sobre nosotros. De alguna forma, nosotros mismos hemos sido presa de nuestra propia ilusión. Nos sentimos, sencillamente, engañados.  Desgraciadamente la parte negativa es más frecuente de lo que desearía, aunque al menos un servidor comprende que es inevitable en esta época de falsas apariencias, falacias disfrazadas de veracidad y embaucadores de tresal cuarto augurando éxitos tan efímeros como una pompa de jabón entre un grupo de niños.

Me es inevitable pensar en el futuro más próximo con títulos como Far Cry 2, Fallout 3, Little Big Planet, Gears of War 2  a medio plazo Resident Evil 5, Killzone 2 o a largo con Final Fantasy XIII, Alan Wake, God of War 3 o Heavy Rain.

Desde aquí expongo mi desaprobación a todas esas políticas encaminadas a vender un producto sea como sea, a fuerza de engañar o distorsionar la realidad del futuro consumidor adornando su propuesta con malas artes comerciales en pos de obtener un impacto que de otra manera no conseguirían. No somos tontos. Si un juego decepciona será recordado como tal. A lo máximo que podréis aspirar es a corromper la objetiva cabeza de un analista de vaya usted a saber donde, obteniendo notas infladas debido a la poca profesionalidad de los mismos. Paren esta opereta y dejen que seamos nosotros, los usuarios, los que juzguemos si un producto es digno de elogios o no.

Aunque mi consejo es, querido lector, que te tomes la espera con sosiego y calma -parafraseando a Sandra Bullock en la mítica Demolition Man- tal y como se le pedía educadamente al bueno de Stallone. Piensa en la decepción más grande que hayas tenido como jugador y visualízala mentalmente con ese título que tanto esperas. Sólo quizás así el destino que determine qué juegos serán encumbrados en la memoria colectiva de todos y cuales no, sea benévolo con nuestras pretensiones y en un arrebato de fortuna nos encontremos -sin esperarlo- ante uno de los mejores juegos de la generación.

Te aseguro que esa sensación de sorpresa es infinitamente más satisfactoria que cualquier otra que puedas experimentar frente a tu consola.

Esta columna es una opinión personal del autor que no representa necesariamente la de MeriStation.

Han pasado bastantes años desde la última vez que adquirí una plataforma cuando ésta ya llevaba bastante tiempo a la venta. Siempre he creído que, aunque comprar una consola que acaba de salir al mercado supone hacer frente a un desembolso importante que se paliaría al esperar una bajada de precio, el tiempo extra que disfruto de dicha plataforma hace que merezca la pena el esfuerzo. Así, he adquirido NDS, PSP, Wii y PS3 prácticamente en la misma semana en que las consolas veían la luz en el mercado europeo. Sin embargo, Xbox 360 es la única que me resistí a comprar. Simplemente, pensaba que con PS3 tendría cubiertas todas mis necesidades en lo que a juegos en alta definición se refería. Sin embargo, en los últimos tiempos mi percepción sobre la consola de Microsoft comenzó a cambiar: mientras la gran M no dejaba de dar en la diana en todo lo referente a exclusivas, variedad en su catálogo, juego online, ofertas irresistibles, etc., Sony comenzaba a recular en el mejor de los casos, quedándose prácticamente estancada en muchos otros. Finalmente, los cantos de sirena que me atraían hacia esa gran X marcada en el mapa con tono verde intenso acabaron siendo demasiado irresistibles como para ignorarlos. El precio era una ganga: unos 240 euros por una Xbox 360 con un disco duro de 60 GB; era el mejor momento para hacerse con una.

Así que aproveché la tarde del sábado para dirigirme a mi tienda favorita con la intención de adquirir el sistema de Microsoft junto al gran Fallout 3 (por aquello de los futuros y presumibles contenidos descargables exclusivos). Sin embargo, existía un problema: el dependiente me informó de que en el pack no se incluía cable HDMI alguno. Tengo la suerte de poseer un televisor de alta definición, por lo que sería un crimen usar un simple cable RGB para disfrutar de Fallout 3 o cualquier otro título que llegue en el futuro. Así que pensé en hacerme con un cable HDMI aparte. El problema era el precio: nada más y nada menos que 49.95 euros. La consola acabaría saliéndome por unos 290.

Visto lo visto, aquel pack no interesaba. Por 10 euros más podía hacerme con una Xbox 360 Elite, la cual sí incluía el cable HDMI en el pack. Dicho y hecho, desembolsé los 299.95 euros y me dispuse a dirigirme raudo y veloz hacia mi domicilio, ansioso por disfrutar de mi nueva adquisición durante el resto de la tarde y buena parte de la noche. Instalo mi consola, conecto el cable HDMI, y ahí está el logo de Xbox 360. Tras crearme un perfil, me dispongo a darme de alta en Xbox Live. Pero algo ocurre: no hay conexión a internet. Echo un vistazo al manual de instrucciones, tratando de encontrar el apartado que me permita configurar una conexión inalámbrica, y entonces me quedo de piedra: Xbox 360 no incluye conexión Wi-Fi de serie. No puede ser, me digo a mí mismo. NDS contiene un receptor inalámbrico de serie; PSP contiene un receptor inalámbrico de serie; Wii contiene un receptor inalámbrico de serie; PS3 contiene un receptor inalámbrico de serie; ¡demonios, hoy en día, hasta cualquier teléfono móvil de gama media suele contener un receptor inalámbrico de serie! ¡Pronto se incluirá uno incluso en las tostadoras! ¿Cómo es posible que una plataforma de videojuegos de la generación actual no posea conexión Wi-Fi de serie? Leo pormenorizadamente el manual de instrucciones en inglés, francés e incluso griego, por si cabe la posibilidad de que se haya omitido información en la traducción al castellano. Sin embargo, no existe error posible.

Xbox 360 no incluye conexión Wi-Fi de serie. Mi router se encuentra en el otro extremo de la casa, por lo que mi única opción para conectarme a internet es la inalámbrica. Necesito un adaptador de red inalámbrico, el cual por supuesto la gran M tiene a bien vender aparte. Me informo sobre el precio, y me quedo de piedra: 79.95 euros, nada más y nada menos. Al montante total de unos 380 € no tengo más remedio que añadir lo que la gran M ha dado en llamar 'Kit de juego y carga Microsoft', dado que el pad en un inicio funciona únicamente con pilas AA de las de toda la vida, de esas que el abuelo pone en su transistor para escuchar el partido de los domingos. ¿El precio? 19.95 euros. Total: unos 400, justo lo que cuesta una PS3. Acabo de adquirir la que se suponía consola más barata del mercado al mismo precio que la más cara. ¿Quizá habría ahorrado más dinero adquiriendo en un principio la Xbox 360 Arcade (179.95 €)? Pues va a ser que no. Hoy en día, una consola sin disco duro poco sentido tiene, y éste sale por unos 80 euros. Y por supuesto, la 360 Arcade tampoco incluye cable HDMI, Wi-Fi o batería para el mando de control.

Aunque no debería extenderme mucho haciendo comparaciones, para tratar de ser ecuánime (y perdonen ustedes si a pesar de todo acaban considerando lo contrario; les aseguro que trato de serlo, a pesar de no estar obligado a ello por ser ésta una columna de opinión) me haré eco de todo lo que los acérrimos aficionados a Xbox 360 están pensando en estos momentos: Cierto, PS3 tampoco incluye cable HDMI en su pack; cierto, el disco duro del modelo estándar actualmente disponible de la consola de Sony posee 40 GB menos de capacidad respecto a Xbox 360 Elite; cierto, Microsoft incluye un Headset junto a su consola, algo que los usuarios de la plataforma de Sony tienen que adquirir aparte; y cierto, si tienes la posibilidad de ubicar tu Xbox 360 cerca del router, entonces el hecho de que la consola no incluya Wi-Fi de serie es irrelevante, al igual que también puede ser irrelevante un cable HDMI cuando tu televisión no es HD, un disco duro cuando no tienes la intención de conectarte a internet, o una batería recargable cuando uno de tus familiares trabaja en Duracell. Lo que este humilde servidor de ustedes pretende con esta columna no es lanzar a los cuatro vientos un ¡arriba Sony, abajo Microsoft! sino hacer ver que el presunto chollo que supone el precio actual de la consola de la gran M puede que no lo sea tanto.

Aún así, sigo pensando que he hecho una buena compra; y pese al desengaño monetario, también sigo pensando que Microsoft está haciendo las cosas muy bien con su consola. Prueba evidente de ello es que ha logrado algo que muchos jamás habrían creído posible: superar a PS3 en ventas en Japón. Uno acaba preguntándose por qué razón Sony no sigue el mismo camino que su distinguida competencia: eliminar de su consola de sobremesa el receptor inalámbrico y el disco duro, así como la batería recargable del Dual Shock 3, para crear un modelo que pueda adquirirse a bajo precio. Quizá con esta medida lograran aumentar las ventas; o quizá no, ya que también está el tema de los juegos exclusivos, algo más que relevante para un usuario cuando debe decidir entre una u otra plataforma. Lograron bajar el precio del sistema original eliminando la retrocompatibilidad, 2 puertos USB y el lector de tarjetas; entonces ¿por qué no siguen? Así, al menos, con una 'PlayStation 3 Arcade' ya nadie podría tachar a PS3 como el sistema más caro del mercado, cuando en realidad dicha afirmación no es tan cierta como puede parecer.