Jugando a ser Miyamoto

Little Big Planet comienza a demostrar que toda la expectación que ha creado y los ríos de tinta que han corrido sobre él han acabado quedándose cortos. El Gaming 2.0 puede estar a punto de coronar a su rey indiscutible, el cual además destila esencia old school por los cuatro costados.

'Una nueva forma de jugar'. Esa frase tan nintendera, repetida hasta la saciedad desde que NDS llegara al mercado, también sirve a la perfección para definir lo que se ha dado en llamar 'Game 2.0'. Con esta propuesta, el jugador no solo disfruta de la experiencia que se le ofrece, sino que además participa activamente en ella hasta el punto de convertirse en un diseñador más. Ejemplos de esta forma de ver y entender los videojuegos, de este método para romper la barrera existente entre jugador y desarrollador, han habido muchos. No en vano, hoy en día un juego no se considera completo sin un competente modo online y un potente editor que permita al usuario poner en práctica su creatividad a la hora de enriquecer y expandir el contenido de su título favorito.

Pero claro, existen editores más o menos completos. El editor de criaturas de Spore ha sido el que sin duda mayor revuelo ha causado en los últimos meses. Pero todo esto, amigos míos, puede dar un más que perceptible giro dentro de poco. Little Big Planet llegará al mercado en unos 30 días, y la beta ya ha dejado bien a las claras que nos encontramos ante algo original, fresco y novedoso; algo que promete llevar la creatividad del usuario hasta niveles nunca antes experimentados. Como ya apuntamos en nuestro avance, el límite no lo pondrá el propio juego por medio de su mecánica o las herramientas que ponga a disposición del usuario. Esta vez, el límite lo pone nuestra imaginación. Y no son palabras huecas, ya que nuestros diseños serán tan complejos como nosotros queramos. No hay barreras, ni reglas; sólo un lienzo en blanco a nuestra entera disposición junto a una caja de pinceles y herramientas que parece no tener fin.

Pero como este es un artículo de opinión, voy a ofreceros mi visión de Little Big Planet. Siempre he dicho que las mejores sensaciones que puede ofrecer un videojuego son aquellas que quedan grabadas a fuego en la memoria, aunque sólo en circunstancias muy especiales y determinadas: ese primer título con el que probamos nuestra nueva y flamante consola; esa emotiva escena que ha conseguido hacernos reír o llorar; ese momento inicial a los mandos de un videojuego que ofrece experiencias nunca antes experimentadas… Para mí, un claro ejemplo de esto último fue Super Mario Bros (1985). La obra maestra de Miyamoto fue la primera en hacerme experimentar una de esas sensaciones especiales. No inventaba nada nuevo, era un juego de plataformas bidimensional cuyas directrices ya habían sido creadas en el pasado; pero llevaba el género hasta donde nunca nadie lo había llevado. Pues bien, la beta de Little Big Planet me ha hecho disfrutar de una sensación idéntica a aquella que me estremeció al controlar por primera vez al simpático y saltarín fontanero de Nintendo.

Y es que Little Big Planet es, en esencia, un juego de plataformas en dos dimensiones. Pero también es un título que hace avanzar el género un paso más allá. Para todos los que amamos las plataformas 2D, Little Big Planet es un auténtico regalo para los sentidos. Y lo mejor de todo es que, gracias a Media Molecule, esta vez jugaremos tanto a ser Mario como a ser Miyamoto. Nosotros crearemos niveles, personajes, enemigos, obstáculos… Les daremos el aspecto que queramos, el diseño que nos apetezca, la mecánica que más nos guste. Tal es la libertad que se nos ofrece, que seguramente no habrá dos maneras iguales de entender o disfrutar de Little Big Planet.

Se dice que un juego está acabado cuando ya no tiene nada más que ofrecerte. Ya has superado la fase final, desbloqueado el último secreto y jugado con todos los personajes; además te conoces cada centímetro de los mapas del modo online, y los escenarios creados por los usuarios te parecen el mismo perro con distinto collar. Cuando esto sucede, llega el momento de abrir el cajón del olvido, de pasar página. ¿Sucederá esto con Little Big Planet? Seguramente no. Media Molecule ha creado un juego autosuficiente, un título que puede llegar a regenerarse por sí mismo cuantas veces queramos, manteniéndose tan fresco como el primer día en que fue adquirido. El gaming 2.0 se da la mano con el clásico género de las plataformas; la creatividad se pone al servicio de una mecánica que todos pueden disfrutar por igual. No en vano, nos encontramos ante el género 'para todos los públicos' por excelencia; un género que no entiende de edades ni de sexo.

Sinceramente, hasta ahora no había visto con buenos ojos esto del game 2.0. Para mí era poco más que un signo de pereza por parte de los desarrolladores, los cuales, en lugar de crear un título completo y variado, se limitaban a desarrollar una corta experiencia para luego poner en las manos del jugador las herramientas necesarias para completarla. Pero con Little Big Planet, lo que se nos pone en las manos es mucho más que eso. Gracias a los genios de Media Molecule, las plataformas 2D adquirirán una nueva dimensión. Y no será la tercera, sino la nuestra. Nosotros seremos los que demos dimensión, los que pongamos límites en el espacio, los que dotemos de vida y movimiento a nuestra criatura.

¿Es Little Big Planet el Super Mario Bros. del siglo XXI? Si Miyamoto hubiera creado su obra maestra en 2008 en lugar de en 1985, ¿mantendría alguna semejanza con la propuesta que Sony pondrá en las tiendas dentro de un mes? Sólo podremos contestar a la primera pregunta con la perspectiva que nos da el paso del tiempo; en cuanto a la segunda, jamás lo sabremos. Pero dejémonos de preguntas, limitémonos a disfrutar. Pronto podremos comprobar por nosotros mismos hasta dónde es capaz de llegar Little Big Planet. De momento, me quedo con la sensación de haber experimentado con mi Sackboy lo mismo que sentí saltando de bloque en bloque con Mario más de 20 años atrás.