Final Fantasy II: Anniversary Edition
Final Fantasy II: Anniversary Edition
Carátula de Final Fantasy II: Anniversary Edition
  • 7

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Quintaesencia de clásico

Francisco Alberto Serrano faserranoacosta

Los orígenes de Final Fantasy son una vez más expuestos, ahora convenientemente retocados para PSP. Final Fantasy I y Final Fantasy II proponen un viaje al pasado en el que se podrá descubrir cómo comenzó una de las sagas más importantes del mundo de los videojuegos.

Hay dos modos muy distintos de encarar estos análisis de Final Fantasy I y II para PSP. Uno de ellos es el de rendirse a la nostalgia y al significado de este nombre en el mundo de los videojuegos, recalcar que aquí están los orígenes y la esencia de una serie que ha capturado la imaginación de millones de personas en todo el mundo y cuyo pasado, presente y futuro es siempre tema estrella en cualquier foro de videojuegos que se precie de serlo. Desde ese punto de vista, todos los pecados son perdonados y el crítico no puede más que claudicar ante juegos que no tienen necesidad de justificar sus decisiones de diseño ni admiten comparación con juegos modernos, como clásicos están por encima del bien por el mal.

Pero hay otro punto de vista, que es el de los fríos números. Hay seis versiones distintas del mismo juego para Famicom, MSX2, Wonderswan, Playstation, GBA y ahora PSP -descontando la versión disponible para el servicio de telefonía móvil japonés DoCoMo-. Además, la versión para GBA, Dawn of Souls, que incluye los remakes de FF I y II en el mismo cartucho, lo mismo que sucedía con el remake Origins en Playstation -cuando en PSP encontramos Final Fantasy I y II separados a un precio de 30 euros cada uno-. ¿Dónde qué punto acaba el homenaje y empieza la explotación comercial sin miramientos?

La cantidad actual de títulos con el nombre 'Final Fantasy' de todo tipo de formas y colores es un fenómeno que se discute mucho entre defensores y detractores de la saga. Unos aplauden el que se reediten estos viejos clásicos para aquellos que no los pudieron disfrutar en su día -que en Europa son muchos, aunque cada vez menos- y defienden que son ofertas perfectamente válidas teniendo en cuenta que siempre hay nuevos usuarios que quizás quieran disfrutar de los orígenes de su recién descubierta nueva serie favorita, o nostálgicos irremediables que no pierden una oportunidad de volver a jugar a los clásicos de vez en cuando. Otros en cambio se quejan, y no les falta razón, del poco valor añadido con el que se presentan estas ofertas. No es lo mismo ofrecer un remake que aproveche la potencia de cada máquina, tal y como se ha hecho con Final Fantasy III en DS o como se hizo con Dawn of Souls para GBA, que una versión que claramente no aprovecha la máquina en la que está funcionando.

Y es que, si hubiera que hacer sólo una crítica a la oferta de Final Fantasy I y II en PSP, sería sin duda al hecho de que son unas versiones muy levemente retocadas para una máquina como la portátil de Sony, que ya ha ofrecido juegos de la talla de Crisis Core por no salirnos de saga o de compañía. Realmente, lo único que ofrecen estos dos títulos es el mismo contenido que ya había en Dawn of Souls, con un redibujado de sprites para adaptarlos a la pantalla panorámica y en dos paquetes separados. El remake para GBA era un excelente producto lleno de valor añadido que aprovechaba las máquinas para las que estaba destinado y que ofrecía un gran contenido, la oferta en PSP queda considerablemente lejos en todos los sentidos.

Dicho esto, que es de recibo decir de cara a que sepas exactamente qué estás pagando, no se puede negar el minimalista encanto de dos títulos muy diferentes que definen muy exactamente la naturaleza de esta saga. El primero era un juego con muy obvias influencias de Dragon Quest, una trama nulamente desarrollada y un sistema de evolución por niveles bastante clásico. El segundo en cambio constituye un cambio radical con respecto a su predecesor, ya que utiliza un sistema de experiencia completamente  nuevo que reniega de los niveles y apuesta por darle valor a la experiencia. Es importante porque el cambio radical de mecánica de juego es en cada entrega es en la actualidad uno de los sellos distintintivos de esta eserie.

Las historias de ambos juegos no están muy elaboradas, de hecho el primero es realmente básico: cuatro héroes, cada uno con un cristal mágico, deben vencer el mal -nada demasiado emocionante-. Es en el segundo cuando empiezan a existir personajes algo más complejos y con más motivación que la de 'ser los héroes', pero todavía no se perciben los elementos en la trama que más tarde eclosionarían en algunas de las historias y personaje más impactantes de la corta historia de los videojuegos.

El desarrollo de Final Fantasy puede poner a prueba la paciencia de incluso los más apasionados de la escuela de rol japonesa. Sin objetivos muy claros y con un sistema de combate aleatorio en el que apenas puedes dar un par de pasos sin que aparezca algún enemigo. No hay una lista con objetivos, ni marcadores de dirección, ni transportes automáticos -esto es la vieja y ruda escuela después de todo-, aunque la paciencia que hay que tener en este título es considerablemente menor que la necesaria en el original de Famicom, que era mucho más lento y tedioso debido a una serie de decisiones de diseño cruciales. Por lo demás, el desarrollo de personajes es muy tópico y no ofrece apenas variedad o un elemento táctico real más allá de subir niveles y comprar nuevo equipamiento, ya que aquí las clases son fijas y apenas evolucionan a lo largo de la aventura -aunque hay varias combinaciones posibles para tu grupo, ya que al comienzo hay que elegir entre seis tipos de clases para los cuatro guerreros de la luz-.

Final Fantasy II es más particular en su sistema de evolución de personaje ya que no utiliza el concepto de niveles, sino que los cuatro héroes son capaces de aprender cualquier hechizo o arma, pero sólo la práctica les permitirá mejorar en su uso. Así, un hechizo de fuego sólo puede mejorarse a través del uso continuado, lo que acaba convirtiendo al personaje en cuestión en un especialista -bastante limitado eso sí-. En el original existía el problema de que los jugadores más listos podían utilizar las habilidades entre su propio grupo, algo tremendamente aburrido que además era en muchos momentos imprescindible para poder superar los combates. La versión de PSP se ha creado una reestructuración de ese sistema para hacer que funcione mejor, creando una mecánica más elegante y menos dependiente de tener que subir niveles dañando a tus compañeros -aunque sigue siendo un juego frustrante en líneas generales y que requiere grandes dosis de paciencia-.

Aunque ya se ha mencionado el hecho de que los gráficos no han evolucionado gran cosa desde Dawn of Souls en GBA, tampoco sería justo no comentar que algo sí se ha hecho: un lavado de cara. Además de redibujar los sprites para que no queden distorsionados en la resolución de la consola de Sony, también se han añadido algunos efectos especiales para dar un extra de ambientación a los pixelados escenarios y algo de energía adicional a los efectos de combate. En combinación con la excelente y remasterizada banda sonora, las sensaciones audiovisuales son buenas y tienen una agradable sensación retro. Técnicamente está muy por debajo de lo que podría pedirse y se echa en falta el tratamiento de verdadera actualización realizado con Final Fantasy III, pero el resultado es aceptable si estás buscando un viaje en el tiempo -aunque es una lástima que ese proceso de elaboración de sprites a medida no vaya acompañado de una animación más elaborada, ya que se han recreado algunos enemigos espectáculares, que hubieran ganado bastante con movimiento-.

Además del redibujado gráfico, estos dos títulos incorporan una mazmorra inédita de elevada dificultad como extra, que se suma a las novedades aparecidas en Dawn of Souls, además de algunos extras orientados a fans como ilustraciones de Yoshitaka Amano. El resultado final son dos títulos muy largos y laboriosos, que requieren de un tipo de jugador específico para poder saborearlos sin atragantarse ya que la monotonía suele aparecer, especialmente cuando estás perdido por el mapeado sin saber muy bien qué hacer y con nulos puntos de referencia.

CONCLUSIÓN

Si se hubiera seguido el ejemplo de Dawn of Souls y ambos títulos estuvieran en el mismo UMD, el valor añadido del paquete sería más apropiado y conseguiría mejor sus objetivos, convirtiéndose en la mejor versión disponible de estos juegos hasta la fecha. Pero la extraña separación deja a ambas ofertas cojas y le resta un considerable atractivo como curiosidad nostálgica. Pese a la importancia de Final Fantasy como saga, no se puede olvidar que estamos ante dos títulos de una naturaleza bastante arcaica, de modo que por sí solos no aguantan demasiado bien la comparación con otras ofertas en PSP; sólo el hecho de tener el nombre que tienen y su encanto retro, permite verlos bajo otro punto de vista. [image|nid=1443168|align=center|preset=inline] Pero, dejando al margen esta circunstancia, y el hecho de que sólo se haya retocado gráficamente en vez de realizar un verdadero remake, lo cierto es que ambos títulos ofrecen una considerable cantidad de horas de juego y algunos momentos memorables gracias particularmente a la puesta al día de la banda sonora y a poder disfrutar de las secuencias cinemáticas que se crearon para el remake Origins en Playstation -que, por cierto, también incluía ambos títulos en uno solo-. Si tienes paciencia y quieres descubrir parte de los cimientos el que se ha levantado el juego de rol en consolas, cualquiera de estos dos UMDs pueden resultar entretenidos y curiosos. Lo mejor Algunos efectos gráficos nuevos La banda sonora Se ha reducido la curva de dificultad de ambos títulos La nitidez alcanzada gracias al redibujado de los sprites Notar cómo empiezan a surgir los elementos más característicos de la saga Lo peor Ofrecer los juegos separados Arcaico diseño y tedioso en ocasiones Poca flexibilidad Gran facilidad para perder el hilo sin existir más alternativas Técnicamente no está a la altura de lo que se podría pedir

7

Bueno

Cumple con las expectativas de lo que es un buen juego, tiene calidad y no presenta fallos graves, aunque le faltan elementos que podrían haberlo llevado a cotas más altas.