¿Y las promesas?

El barullo producido por Assassin's Creed ha suscitado toda clase de opiniones, tanto a favor como en contra, principalmente a causa de las supuestas ‘falsas promesas' y secretismo con el que UbiSoft ha tratado a los aficionados. ¿Es esto lo que me habían prometido?

Decía el sabio que siempre hay que tener cuidado dónde pisas para no tropezar dos veces en el mismo sitio. No por miedo a volver a caer, sino para demostrar que nuestra caída ha sido fructífera y que hemos aprendido algo de ella. Si no nos queda más remedio que retomar los pasos que dimos en su día, poner en práctica la lección y no volver a maldecirnos en quien haya puesto esa molesta piedra en el sendero que recorremos.

Hace pocos días escuchaba a un soberbio Denzel Washinton en ‘The Great Debaters' -película que, por cierto, es una de las mayores y mejores sorpresas de la temporada- tratando de inculcar a varios alumnos los conceptos de honestidad y lealtad, valores que hace tiempo se han perdido en la sociedad en la que vivimos -moderna, dicen, cuando paradójicamente entramos en un retroceso humano y cultural muy importante. Humano y cultural, digo, porque la igualdad, sinceridad, bondad y demás estandartes que vitorean jefes de naciones y Reyes es aún más falsa que hace quinientos años. Es el mundo en el que vivimos, un mundo mentiroso, en el que la apariencia lo es todo. Absolutamente todo.

El caso de UbiSoft pone de manifiesto que la industria de los videojuegos corre gran peligro, un riesgo que va en aumento cada día que algún usuario o aficionado enfadado atenta directamente contra el producto de una empresa que NUNCA nos ha obligado a adquirir su producto. La publicidad es el espejo de la superficialidad, con ingentes cantidades de dinero de por medio y muchos intereses ocultos que afectan principalmente a los aficionados. Si de buena gana nos dirigimos a cualquier centro comercial y pagamos 60 o 70 euros por un videojuego, de poco vale que luego enviemos doscientos emails quejándonos por el timo o la tomadura de pelo que creemos estar sufriendo.

Hay que actuar, tomar medidas: Si no nos gusta un título, ponerlo de manifiesto en un re- análisis, aconsejar a los compañeros o amigos cercanos que se piensen dos veces hacerse con el juego en cuestión, que se liberen de sus inquietudes y visiten cuantos análisis y foros especializados puedan, y luego formen un juicio comprensible y maduro de lo que se va a escribir en un email. Quejarnos, tratar de que los desarrolladores mejoren su producto, no defenestrarlos por ‘mentirnos'. Porque después de todo, los únicos que se creen sus mentiras somos nosotros.

UbiSoft nunca mintió sobre Altair, sólo hizo de su capa un sayo, y el público ha premiado el esfuerzo de la compañía colocando el juego entre los más vendidos a nivel mundial. Exactamente igual que sucede con PES 2008, más allá de la calidad que pueda atesorar es indignante que sus propios creadores digan, en palabras textuales, que aún tardaremos un año más en ver un Pro Evolution Soccer de nueva generación. Más de lo mismo con Street Fighter IV que ha pasado de ser el niño bonito de Capcom a un proyecto que ya los aficionados ven con malos ojos. Como no es igual al original de la recreativa que Capcom lanzó al mercado hace más de una década…

¿Qué es lo que buscamos cuando compramos un juego? ¿Entretenernos?¿Divertirnos?¿Pasar un buen rato?¿Jugar al mejor juego de la historia? Es conocido entre los compañeros de afición que trabajar analizando videojuegos acaba pasando factura a tu propio gusto como jugador; los juegos pierden el encanto a raíz de buscarle el más mínimo fallo, la más pequeña incoherencia que pueda contener a cada uno de ellos, para que luego los defenestrados seamos nosotros al decidir tal o cual nota para un videojuego tan complicado de juzgar como este Assassin's Creed que otro día mas es el protagonista de una columna de opinión.

Quien se queja de lo que ha hecho Ubi ignora lo que otras compañías hacen, desde el omnipresente caso de Square Enix hasta las inagotables secuelas de Capcom pasando por el estruendoso fracaso de Okami, motivo de la desaparición de Clover. Un juego excelente que sin publicidad ha acabado cayendo en las fauces del olvido, a excepción de la nueva versión para Wii que hace poco han anunciado. No he oído a nadie quejarse de que Viewtiful Joe sea cosa del pasado, ni que cada año los juegos más vendidos sean a menudo los menos 'recomendables' desde nuestro punto de vista.

Escuchando a Washinton dan ganas de llorar por los ideales que defiende, por la fuerza y el coraje con el que afronta la situación por la que atraviesa durante el film. Lágrimas que, con permiso de la poesía barata, caen arrastrándose por nuestras mejillas por motivos bien distintos al oír hablar a un político a cualquier otro mentiroso compulsivo. Promesas, promesas y más promesas. Como el marido o la mujer infiel, como la persona irresponsable que no cumple su trabajo; promesas que hay que saber ignorar para criticar propiamente aquello que no creamos justo. Y no ser niñatos inmaduros, que lloran y patalean ignorando que su mayor pecado es haber caído en las fauces de un gigante tan poderoso y manipulador como es la publicidad.