Hacia un futuro incierto

Activision y Vivendi son las últimas en compartir alcoba. Las cada vez más numerosas fusiones entre compañías nos presentan un futuro de incertidumbre, de saber cómo evolucionará la industria. ¿Veremos grandes cambios y sorpresas todavía más grandes?

Nos encontramos en una época extraña de la industria del videojuego. Ya hace varios meses que estamos observando una tendencia en las compañías a centrarse en dos objetivos principales: o crear juegos sencillos, fáciles de desarrollar y que acarrean buenas ventas de por sí, o bien tener que trabajar en un título que desborde calidad por los cuatro costados y que consiga revolucionar el género de un modo u otro.

Este último está motivado por la competencia tan exagerada que estamos viendo en la industria en los últimos meses. Los títulos de calidad son cada vez más numerosos y los usuarios cada vez más exigentes, por lo que si un juego bueno no pasa de eso, de ser bueno, y no consigue convertirse en una obra maestra, sucumbirá bajo el peso de los que sí han llegado a serlo; y en los últimos meses hemos visto que muchos pueden optar a dicho título, presentándonos la batalla más cruenta en pos de convertirse en el juego del año que hemos visto en muchos años.

El principal problema radica en que desarrollar un juego de esas características no es en absoluto barato, y muchas compañías no son capaces de seguir el ritmo de la industria y se ven obligadas a fusionarse unas con otras para poder estar al nivel que exigen los tiempos que corren. No son pocas las fusiones que hemos visto hasta la fecha, y muchas de renombre: Sega y Sammy, Namco y Bandai, Square y Enix…

La última de la que hemos sido testigos es la de Activision y Vivendi bajo el nombre de Activision Blizzard. El ardid comercial es más que evidente, dado que Vivendi renuncia completamente a su nombre principal y se pone de relieve el grupo de desarrollo más importante de la compañía. A nadie se le escapa el tirón que tienen sus Starcraft y Warcraft, y sin duda el nuevo nombre conseguirá hacerse con un hueco de mantener su línea de trabajo, ya que a estas licencias hay que añadirle los Guitar Hero, Call of Duty o Tony Hawk, así como títulos basados en películas.

Sin embargo, ¿es este el futuro que queremos para la industria? Los bailes de compañías son habituales en todos sectores del mundo actual, pero no deja de resultar algo preocupante el futuro incierto que se abre ante nosotros. De seguir así, más de la mitad de las compañías actuales desaparecerán, en gran medida por culpa de fusiones para poder estar al nivel de las que han duplicado su potencial con la misma medida. Y esto no deja de ser una pérdida para nosotros como jugadores; véase el caso de nuestra Sega, cómo no ha conseguido ser la misma desde la fusión con Sammy y cómo esta última está más preocupada de las máquinas de pachinko que de Shenmue 3, por poner un ejemplo.

Imaginemos por un momento que el circo sigue adelante durante los próximos años. Que EA termina de hacerse con las acciones de Ubisoft y que se fusionan así dos de las más grandes. Teniendo en cuenta otras adquisiciones recientes de la compañía americana como Bioware, el apoyo de esa compañía se convertiría en algo crucial para toda consola que quiera hacerse un hueco en el mercado . O lo que es más, nada les impediría sacar su propia máquina, al tener aseguradas de forma exclusiva un gran número de las sagas más exitosas en las listas de ventas.

Por lo de ahora sólo nos queda esperar y ver cómo se van desenvolviendo las cosas, disfrutando con los cada vez mejores juegos que nos irán propiciando estas fusiones de compañías. No obstante, es difícil no echar un vistazo al futuro y sentir un cierto desaliento ante el descontrol que podríamos llegar a vivir dentro de unos años. Aunque claro, no son más que teorías lanzadas al aire y el fin del mundo todavía no ha llegado.