Saturado
Las Navidades son fechas de paz, amor, regalos y consumismo. Ninguna empresa es ajena, menos aún las de videojuegos, que nos inundan con decenas de títulos. ¿Alguien tiene dinero suficiente para comprárselos todos?
Hace relativamente poco que empecé a quitarles el polvo a mis consolas. No es que un servidor no pase nunca el trapo por casa, pero la capa superficial ya empezaba a alcanzar unos cuantos centímetros más de los deseables. Todo, porque las mentes pensantes de las grandes empresas han determinado que el verano es una mala fecha para sacar nuevos juegos. Da igual que en esa época sea cuando más puedes jugar, ya sea porque tengas reducción de jornada, porque no tengas clases o porque tengas vacaciones, en esos días no se vende adecuadamente y no te queda más que aguantarte.
Yo me compré PlayStation 3 allá por el mes de junio y, en aquel momento, se podían adquirir Motorstorm, Resistance, Ninja Gaiden Sigma y poco más. Hasta finales de agosto no llegó Warhawk y todavía hubo un cierto vacío mientras aguardábamos Heavenly Sword. Claro, uno puede pensar: es que la consola de Sony no tiene catálogo, pero el problema es que en las demás plataformas el panorama no mejora mucho. ¿Cuántos se compraron algún juego para Xbox 360 lanzado en julio o agosto? Sólo en la última semana llegó el impresionante BioShock. ¿Y Wii? Trauma Center y casi para de contar. Con las portátiles, tres cuartas partes de lo mismo, un desierto.
Luego llegó el otoño y cualquiera se siente desbordado entre obras maestras, juegos excelentes y títulos bastante buenos: el ya mencionado BioShock, Halo 3 y Super Mario Galaxy encabezan una lista que cuenta con Metroid Prime 3, Assassin's Creed, Crysis, The Orange Box, Project Gotham Racing 4, Zelda Phantom Hourglass, Silent Hill Origins o Ratchet & Clank entre muchos otros. Ahora es cuando uno se arrepiente de los despilfarros en las vacaciones, intentando echar mano de una vacía cartera. Pero sobre todo, se echa en falta tiempo. ¿Me tengo que esperar otra vez al verano que viene para terminar de jugar todo lo aparecido estos meses? ¿Y si cuando quiera comprarlos ya se han agotado? No sería la primera vez, desde luego. Lo mejor de todo es que llega diciembre y la burbuja se explota de nuevo. Alguien que lo vive desde una revista se da cuenta claramente: antes faltaba espacio para tanto texto durante las anteriores semanas, ahora casi faltan textos para tantos días.
Este mismo proceso se repite en otras épocas durante el año, ¿tan contraproducente es sacar un juego en dichas fechas? Si no tiene competencia, se lo lleva de calle. Es más, aunque lo de las notas no sea una ciencia exacta (uy, este tema daría para más de un artículo), podemos usarlas para obtener algunas estimaciones. Desde octubre tenemos analizados más de una veintena de juegos por encima del ocho, la cifra se dispara si añadimos también los de siete. Incluso teniendo en cuenta que no todos los géneros gustan a todo el mundo, ¿quién se va a comprar más de cuatro o cinco a un precio entre 40 y 70€? Todo sin contar Guitar Hero III, claro, que casi vale por dos.
Eso sí, la salud de la industria es excelente, la acumulación de grandes juegos es tal que abruma. Así que a uno no le queda otra opción: bajarse del carro y dejar de comprar novedades hasta pasado un cierto tiempo, incluso esperando a que bajen de precio o acudiendo al mercado de segunda mano. Igual de esta manera incluso evito llevarme decepciones por ir demasiado rápido a la tienda sin pensarlo, aunque me será difícil aguantarme leyendo los foros a diario. Quizá lo ideal sería que todo el mundo hiciese lo mismo, puede que de ese modo los lanzamientos se distribuyesen más uniformemente.
Lo cierto es que se puede llegar a una reflexión más profunda indagando sobre este tema, ya que como he indicado en la introducción desde luego no es algo único de los videojuegos, sino que va mucho más allá. Esta sociedad está sumergida en el consumismo y esto nos está afectando gravemente a nuestra forma de vida. Nada más llegar el mes de diciembre (¿he dicho diciembre?, ¡pero si en octubre ya están puestas las luces!) lo primero que me viene a la cabeza es qué le voy a regalar a mis seres queridos, y no precisamente porque les quiera, sino porque es Navidad y punto. Lo mismo se lo podría dar el 6 de enero que el mes pasado, cuando igual les hacía más falta y todo. En cambio, tengo que esperar un día concreto.
Cumpleaños... San Valentín... día del padre... día de la madre... bodas... bautizos... comuniones... por todas partes hay fiestas. Eso son sólo algunos ilustrativos ejemplos, ya que por delante de todo está lo que adquirimos sin control para nosotros mismos, que no es poco. Pero como esta revista trata de lo que trata y no soy filósofo, se lo dejaré a los expertos en la materia para que nos iluminen, a ver si en un futuro nos damos cuenta de como funciona el mundo actualmente y hacemos algo por remediarlo. ¿Llegará el día en que compremos lo que de verdad nos apetece cuando nos apetezca y sin estar influidos por la publicidad o las grandes compañías? No creo que lo vea cuando apenas puedo empezar a enmendarme a mí mismo. Las distribuidoras de videojuegos, por cierto, tampoco me ayudan con la situación actual, pese a que son sólo la punta del iceberg.