Adiós, retrocompatibilidad
Después del polémico anuncio en el que Sony abandona al catálogo de las anteriores PlayStation con su nuevo modelo de 40 GB, es el momento de preguntarse si realmente merece la pena pagar por ello.
Cuando Ken Kutaragi abandonó Sony, no sólo se llevó diez años de éxitos consigo. Se llevó una idea, una concepción de la marca PlayStation que vio nacer y crecer. Él quería que sus productos compartiesen algo más que el nombre, creando un catálogo común que fuese ampliándose generación tras generación. Lo que pasa es que los tiempos cambian, y ahora los nuevos directivos han hecho su jugada quitándole a la nueva PlayStation 3 de 40 GB el soporte a sus predecesoras por completo, después de haber dado un pequeño paso atrás dejándolo a caballo entre software y hardware. Pese a que se criticó en su momento el sistema de emulación que contiene actualmente Xbox 360, según ellos ahora es un acierto deshacerse de ello directamente, puesto que es una característica que apenas usamos; pero ¿hasta qué punto es verídica esta afirmación?
El término "retrocompatibilidad" nació con GameBoy Color, cuya tecnología no mucho más avanzada a la primogénita junto con un soporte de cartuchos similar ayudaban a mantener esta tendencia. Kutaragi adaptó muy inteligentemente el sistema a PS2: de esta forma, mientras iban arrancando con su lista de lanzamientos, podíamos disfrutar de la ingente base que se había establecido en su antecesora. Era una jugada maestra, y continuarla en la nueva generación parecía lo más inteligente que se podía hacer. No obstante, parece que la situación ha cambiado, dado que la base de usuarios de PlayStation 2 es tan amplia que se da por supuesto que cada uno tiene un aparato en casa. Y esto es cierto, sí. Pero a medias.
Una consola, como cualquier producto del mercado, está pensada para que tenga un ciclo de vida. Esto significa que desde el principio se tiene en cuenta que habrá un momento en el que ésta sea sustituida por una más moderna y de mejores prestaciones, lo que en nuestro mundillo se denomina cambio de generación. Siguiendo este razonamiento, habrá un momento en el que PS2 dejará de fabricarse y a los usuarios se les comenzará a romper, por mucho que pongamos de nuestra parte para cuidarlas. Entonces, veremos cómo nuestra estantería llena de juegos pierde su total utilidad, no teniendo ningún sitio donde reproducirlos.
Wii tiene el total apoyo de los más de 700 títulos de GameCube mientras que Nintendo DS hace lo propio con los 1.000 de GameBoy Advance. Xbox 360, con pasitos pequeños pero firmes, ha ampliado su lista a cerca de los 300 haciendo aún actualizaciones periódicas. En cambio, PlayStation 3 da la espalda a sus precedentes, teniendo entre PSX y PS2 casi los 3.000 en su haber. Borrón y cuenta nueva, o, en cristiano, pan para hoy y hambre para mañana. Lo mejor de todo es que sigue siendo la más cara de las tres. Claro que el resto no tienen soporte para reproducir un formato como es el Blu-Ray...
Yo, por mi parte, rezaré para que cuando quiera hacerme con una PlayStation 3 no se haya agotado el modelo de 60 GB, porque si no me quedaré con la sensación de que se me está ofreciendo menos de lo prometido. Mientras tanto, los usuarios americanos y japoneses no tendrán ese problema. Los europeos marginados, para variar. Pero a todos se nos quedará la sensación de que estamos sufriendo las consecuencias de un error del que no tenemos la culpa. Porque al igual que alguien puede oir discos o ver películas antiguas, los jugones también tenemos ese sentimiento de nostalgia. Y no podemos pagar cada siete años por ello.
Esta columna es una opinión personal del autor que no representa necesariamente la de MeriStation.