Una industria de varias velocidades

La industria ha cambiado mucho en pocos años y ahora presenta un mercado más heterogeneo y en continua expansión. Gestionar sabiamente esta riqueza y cuidar a los nuevos usuarios debe de ser una prioridad de las compañías.

Las cosas han cambiado considerablemente desde la generación pasada, mucho más de lo que cabía esperarse. Hace no tanto había tres consolas de mesa cuyo potencial era, más o menos, el mismo; Xbox era más potente pero rara vez se aprovechaba y tampoco es que fuera una diferencia masiva; GameCube era una máquina con capacidad para cualquier proyecto de la época; y Playstation 2 contaba con su ya más que comprobada versatilidad, que le ha permitido ir desde ese temprano Tekken Tag Tournament a juegos de la factura técnica de God of War 2 o Final Fantasy XII. En el lado portátil, los desarrolladores sólo tenían que concentrase en GBA, afincada en su imperio particular. Mientras que el compatible iba a su ritmo, como siempre, pero con más conversiones de títulos provenientes de consola.

Ahora la situación ha cambiado considerablemente. PS3, Xbox 360 y el PC se han instalado en lo que podría definirse como 'gama alta', con unas prestaciones técnicas notables que están permitiendo juegos que ya son una realidad como Gears of Wars o Motorstorm, o que lo serán muy pronto como Unreal Tournament 3 o Crysis. Por otro lado, Nintendo ha colocado a su sistema Wii con tal fuerza en el mercado que ninguna distribuidora importante se puede permitir el lujo de ignorarla, pero a la misma vez no es una máquina para la que se pueda hacer conversiones de otros títulos ya que no está pensada para las nuevas técnicas gráficas o para la forma en la que los códigos están planteados hoy en día. Además, está el tema de control, un aspecto que como se puede comprobar en Metroid Prime Corruption, merece un esfuerzo personalizado pues tiene un gran potencial y es capaz de brillar con luz propia.

Por si fuera poco, ahora hay dos portátiles compitiendo en el mercado y también muy distintas en características y especificaciones técnicas. La tercera plataforma en discordia es el teléfono móvil, que cada vez tiene un protagonismo más elevado -especialmente en Japón, tal y como se podrá comprobar en el próximo Tokyo Game Show-. Y hay más: PSN, Arcade, Steam y en el futuro Wiiware han abierto otro nuevo canal para títulos sólo disponible a través de descarga, popularizando todo un universo de potencial e ideas que hasta ahora existía de forma caótica en el proceloso océano de Internet.

Por tanto, y ante el incremento de las ventas y el acceso a nuevos sectores, las productoras y los estudios deben hilar más fino que nunca, porque tienen una responsabilidad con todo el sector. Llegar a un nuevo mercado como está haciendo Nintendo tiene un inmenso mérito, pero será un desastre si las distribuidoras que van detrás lo copan con productos de ínfima calidad; algunos grandes nombres deberían recordar que los productos de Nintendo casi siempre llegan con unos estándares de calidad muy altos y que productos como Brain Training o Nintendogs están hechos con clase, buen hacer e incluso un toque de sofisticación.

No puede ser que las impresiones que se lleve una niña pequeña de su primera experiencia en el mundo de los videojuegos sean las de un juego de cuidar gatos cuadriculados cuya animación haga temer seriamente por su vida virtual, posiblemente esa niña estará perdida para siempre como cliente. Hay que mostrar más altura de miras y poner esfuerzos, tiempo y dinero en todos los títulos, independientemente de la plataforma.

Si las productoras apuestan por tiempos de desarrollo ridículos e inversiones nimias para pescar en los ricos caladeros de consolas como Wii o DS, el resultado será, con toda probabilidad, contraproducente para ellas y para todas las demás. La forma en la que se gestione este nuevo mercado puede marcar para mucho tiempo el futuro del videojuego, uno que ha dejado de moverse de forma simétrica y que ahora presenta diferentes velocidades, ritmos y tipos de usuarios, todos dignos del máximo respeto y de la máxima atención.