El videojuego prohibido

Manhunt 2 ha sido el último título en ser declarado proscrito. Decadencia, gore, sangre, vísceras, protagonistas deshumanizados, dicen sus detractores mientras Hostel 2 está en cartel. Cosas de la doble moral.

Qué os voy a contar en esta columna que no sepáis o qué impotencia y frustración voy a transmitiros que no hayáis experimentado ya estos días. Lo han vuelto a hacer, pero esta vez la cosa ha logrado calar. No es la primera vez que los videojuegos sufren la persecución inquisitoria de la censura. Desde los tiempos del Carmageddon ha existido una alarma social excesiva contra los contenidos de los juegos para adultos. Rockstar lo sabe bien. De hecho cada nuevo GTA que sale al mercado, cirio que se monta. El affair Manhunt 2 explotaba el pasado martes, cuando el sistema de clasificación por edades del Reino Unido, la BBFC, rechazaba asignar calificación alguna al título, impidiéndole así su comercialización en el mercado británico. 

"Manhunt 2 se diferencia de los últimos videojuegos por su desolación sin fin y su subida de tono en un contexto de juego general que incita constantemente a provocar muertes viscerales sin ofrecer ningún tipo de distanciamiento o suavizado" explicaba convencido 'Mister' Cooke, director del BBFC, instando a Rockstar a revisar los contenidos de su título. Un nuevo revés vendría de Estados Unidos al día siguiente, donde la ESRB etiquetó Manhunt 2 como "Adults Only", la misma categoría que las películas pornográficas, una industria repudiada por la sociedad americana paradójicamente en el mayor productor porno del mundo. Con esta calificación, tanto Nintendo como Sony rechazaron publicar el título en su catálogo, ya que sistemáticamente excluyen a cualquier videojuego AO de ser publicado para sus plataformas.

Después fueron Irlanda, Italia, un país en el que el parlamento se escandalizó con Rule of Roses, y de forma inevitable, también España. La noticia la adelantábamos aquí, en MeriStation, en palabras de Raquel Gacía, directora de márketing de Rockstar en el país; "hasta que la situación no evolucione en el Reino Unido y en Estados Unidos y haya novedades, el juego no va a ser lanzado en España". Mientras esta situación se acrecentaba, Rockstar se pronunciaba. Aceptando la decisión pero sin compartirla en absoluto, la compañía se mostraba profundamente decepcionada por este atentado a la libertad creativa. Igualmente, el presidente de Take-Two, Strauss Zelnick, daba un espaldarazo al título tras haberlo probado, calificando a Manhunt 2 de "obra de arte moderna".

Pero a diferencia de los casos en los que se producían ataques y presiones contra Grand Theft Auto, Rockstar ha tenido que tomarse un receso para meditar cuál puede ser la mejor opción respecto a Manhunt 2; hoy ha decidido aplazar su lanzamiento indefinidamente hasta entonces. De las tres opciones posibles, lanzarlo sólo en los países en los que no exista la censura de un organismo regulador, lanzarlo tal y como se concibió -imposible visto lo visto- o lanzarlo tras "suavizar" sus contenidos, parece que la última opción es la que cobra más fuerza. Una pena, pero están en juego los 40 millones de ingresos que Take-Two tenía previstos facturar con el juego. Especialmente ahora que la compañía afronta una reestructuración interna, no se puede permitir un exceso de esas características.

Personalmente, que he seguido este asunto muy de cerca en estos tres días, no puedo evitar sentirme muy contrariado;  alcanzo a comprender vagamente los motivos que han llevado a BBFC y ERSB a adoptar estas medidas, pero todos los argumentos -proteger a los niños, violencia o brutalidad excesiva, Amnistía Internacional, etc- se desmoronan cuando hablamos de contenidos restringidos exclusivamente para mayores de 18 años. "Manhunt 2 es una experiencia de entretenimiento para los fans de thrillers psicológicos y de terror. El contenido de este juego está en línea con otras opciones más generalizadas de ocio para consumidores adultos" que decía el comunicado oficial de Rockstar.

A finales de mayo estuve en las oficinas de Rockstar en Londres. Además de echarle un ojo a la primera beta de Grand Theft Auto IV, tuve la ocasión de probar Manhunt 2 para Wii. Hacía unas semanas que había hecho lo propio con la versión para PlayStation 2. El juego transmite una atmósfera decadente, de desesperación, está repleto del gore más brutal que he visto en un videojuego, hay amputaciones, decapitaciones, sexo, sufrimiento, tortura y deshumanización. Pues sí, pero ¿esto no lo hemos visto multitud de veces en el cine, incluso elogiándose? Aunque no es un género que me apasione, el domingo estuve viendo Hostel 2. Evocó en mí situaciones y momentos que ya había tenido ocasión de experimentar en Manhunt 2, incluso peor. Entonces ¿por qué esta impunidad de la que disfrutan producciones de este estilo? En los últimos dos años ha habido un clarísimo repunte del cine gore; Saw con sus tres partes, el remake y continuación de La Matanza de Texas o Las Colinas tienen ojos o la mencionada Hostel 2, con Quentin Tarantino implicado como productor y una multimillonaria campaña de publicidad acompañándole, de hecho, MeriStation ha visto anuncios suyos en sus páginas. Pero en ese caso no pasa nada.

Es triste que no se mida con el mismo rasero a todas las fórmulas de entretenimiento. Cine, libros, incluso televisión, disfrutan de una impunidad que los videojuegos no tienen. ¿Acaso sigue arraigada esa creencia de que el ocio electrónico es sólo para niños? Creo profundamente en la libertad de elección guiada por la eficiencia de un sistema de clasificación por edades. Al igual que en el cine, con las películas gore o porno, esto debería ser suficiente para que los contenidos no aptos para detemrinadas edades permanezcan alejados de los menores, pero aplicar una intransigente censura, en un mundo que alardeamos de ser libre, es un importantísimo y lamentable paso atrás para las libertades individuales.