Respeta el pasado
La retrocompatibilidad no debería ser una opción secundaria y descuidada, sino una garantía que evite que miles de obras queden en el olvido, inalcanzables para el público y jugadores.
La industria del videojuego tiene algunas características propias que la hacen distinta al mundo de la música o del cine. Los juegos en tiendas son extremadamente efímeros, desaparecen en cuestión de meses o años y ya no se pueden volver a encontrar a menos que recurras a la segunda mano o a Ebay. Viejos títulos que son auténticos clásicos son imposibles de encontrar en tiendas, por no hablar de los problemas que supone algunas veces hacer que funcionen sus plataformas originales. Otros medios no tienen este problema, la música o las películas pueden guardarse en multitud de soportes, lo que garantiza que siempre será relativamente fácil comprar un disco de Los Beatles o ver 'Ciudadano Kane'.
Pero los videojuegos son esclavos de la tecnología y de una industria en constante competencia por instaurar varias plataformas radicalmente distintas en los hogares. Es un modelo contraproductivo y totalmente inadecuado para el mercado de masas, que no puede ni quiere estar pendiente de qué sistema es el mejor haciendo operaciones de coma flotante o qué compañía está realizando títulos exclusivos, parcialmente exclusivos o 'exclusivos hasta que digamos lo contrario'. Pese a ello, no se vislumbra la llegada de un estándar y eso se traduce en un problema particularmente grave: la fecha de caducidad de los juegos es demasiado temprana.
Como industria, el trabajo por preservar, cuidar y promocionar los títulos antiguos ha sido extremadamente deficiente, como si no importara a casi nadie. Quitando a la gente muy dedicada a este mundillo, lo normal es que en cada televisión haya uno o, como mucho, dos sistemas de videojuegos a la vez. Cuando un alegre chaval llegaba a casa con su flamante Super Nintendo, eso suponía de inmediato la condena al ostracismo de la NES y todos sus juegos, almacenados como objetos inútiles en algún polvoriento trastero; también significaba que el chaval no volvería a comprar un título de la anterior consola nunca más.
Es algo difícil de explicar, ya que la retrocompatibilidad no es que sea un fenómeno nuevo o inventado por Sony, sino que ya existía en consolas como la Game Boy de Nintendo, o incluso Sega procuró que algunas de sus máquinas pudieran compartir títulos entre ellos -Game Gear tenía un periférico con el que se podían ejecutar juegos de Master Systems, por ejemplo- Pero sin embargo, algo similar no existía entre las consolas de mesa de Nintendo, o de Sega; cada nuevo sistema suponía el olvido del anterior.
Ya en el presente, resulta un tanto descorazonadora la tendencia que se ha instaurado de no dar a la retrocompatibilidad la importancia que merece. Xbox 360 tiene serios problemas en este aspecto, y la versión europea de Playstation 3 está muy lejos de ofrecer la compatibilidad deseada. Pero lo peor es escuchar a los directivos esgrimir los típicos argumentos de 'hacemos todo lo posible para ofrecer retrocompatibilidad, pero pensamos que nuestras prioridades deben ir a los juegos del futuro'. Eso queda muy bonito, pero los juegos de futuro son eso, de futuro, mientras hay decenas de estupendos títulos en los comercios que están perdiendo potenciales compradores con cada nuevo sistema vendido, cuando no tendría que ser así. Son los usuarios de Wii los que pueden sentirse más afortunados, ya que saben que todavía tienen mucho que explorar en la librería de GC, mientras que usuarios de los demás sistemas de nueva generación vivirán en la incertidumbre y simplemente optarán por no arriesgarse y comprar sólo títulos de PS3 o 360. Puede que acaben solucionando el problema, pero el mensaje mandado es que mantener la cohesión de la librería y mimar el catálogo total de la plataforma es un aspecto secundario al lado de "lo nuevo".
En este aspecto Sony merece una reprimenda especial por abandonar una línea que era la correcta. Mientras Kutagai estuvo al cargo, él dijo decenas de veces que era vital que todos los títulos de Playstation fueran compatibles en las sucesivas iteraciones de la consola. El padre de la plataforma tenía una visión global de su producto y no le importaba lo costoso que fuera asegurar que esa compatibilidad estuviera garantizada. Con Playstation 3 se iba a seguir la misma línea que con Playstation 2, primero introduciendo emulación por hardware y luego haciendo la transición a software cuando estuviera lista y probada. Sin su presencia, a los directivos les ha faltado tiempo para recortar costes inmediatamente y ofrecer a los europeos una compatibilidad capada e imperfecta, deteriorando así uno de los valores añadidos más sólidos del sistema, además de quedar mal ante su rival Microsoft, al que se le atacó constamente por lo mismo que ahora han hecho ellos.
La única luz que actualmente se ve reside en sistemas como la Consola Virtual, la Playstation Store -que en Japón ya ofrece títulos de Playstation- o en menor medida Live! Arcade. La distribución digital puede ser el buen camino para preservar y aprovechar esos cientos de títulos que todavía pueden ser válidos y generar interés. Más importante que la retrocompatibilidad incluso, es crear redes de distribución que permitan acceder a ese enorme contenido y evitar que se pierda, así como crear canales de información que capten la atención de posibles usuarios. Lo más interesante en este campo está en el servicio Gametap, que de momento sólo existe en Estados Unidos y que a través del PC da acceso ilimitado a cientos de títulos de todo tipo de plataformas. Iniciativas como esa ayudarán a conservar un rico legado con mucho que ofrecer todavía.