Un nuevo reto

Debutando con PlayStation, Sony ha gozado de una posición privilegiada en el ocio electrónico durante más de una década. PS3, llamada a continuar esa hegemonía, tiene en el mercado actual un grandísimo reto por delante.

Sony arrancó en el mundo de los videojuegos tras romper con Nintendo. Las ahora rivales trabajaron codo a codo en una unidad CD para SNES desde la que se construyó PlayStation bajo la dirección de su padre y arquitecto, Ken Kutaragi. Apoyándose en sus características técnicas, su excelente catálogo de juegos repleto de exclusividades, y un plan de marketing y publicidad envidiable, PlayStation llegó al gran público, integrándose en la vida social. Su sucesora lo tuvo más fácil; Sony hizo aún más férreas sus exclusividades y su política de acercar la máquina a los jugadores no habituales y profanos en el sector, hasta el punto de que en la calle, PlayStation se convirtió en sinónimo de consola.

PSX fue la primera consola doméstica en pulverizar la barrera psicológica de los 100 millones de unidades vendidas, alcanzando los 102,49, pero su sucesora consiguió colocar en el mercado la friolera de 115 millones, así como un catálogo que supera los 15.672 títulos entre ambos sistemas. Son cifras históricas que se reflejan en la percepción de profesionales de la industria, periodistas y usuarios; PlayStation ha disfrutado de una hegemonía en el ocio doméstico que ha durado más de 12 años.

Esta semana Sony lanzará en Europa PlayStation 3, la máquina llamada a continuar este legado repleto de éxitos, pero la situación del mercado difiere a la que sus antecesoras encontraron. La ambición excesiva del padre Kutaragi ha terminado pasando factura a su último vástago antes incluso de ver la luz. El precio es superior al de las estimaciones iniciales de Sony, yéndose hasta 600 euros, y los retrasos rompieron las previsiones de lanzamiento mundial simultáneo. En una consola dotada con el prodigioso chip Cell en la CPU, el RSX en la gráfica, una alta definición con 1080p por HDMI y el Blu-Ray como soporte, Sony ha pagado cara la vanguardia tecnológica subestimando los costes de producción; económicamente altos y de fabricación lenta.

Aún así las consolas de la compañía no han sido precisamente accesibles en su debut; PSX llegó a 59.900 pesetas -360 euros- en el año 95 y PS2 marcó un PVP de 74.990 -450 €- en noviembre de 2000. Los precios actuales de las competidoras de PS3 con Wii a 249 y Xbox 360 con varios packs muy completos en 435 euros van a suponer una tentación cara al bolsillo del consumidor. Aunque Europa y especialmente España siempre ha sido tradicional feudo PlayStation habrá que ver hasta qué punto la fidelidad de un comprador por una marca con la que se identifica -e incluso el fetiche que supone "la PlayStation" entre los españoles- resiste cuando se pone a prueba más del 60% del salario medio real.

Lejos del terreno meramente material y echando un ojo a la competencia, PS3 se va a encontrar con una Microsoft que ha aprendido de sus errores previos y que incluso le está combatiendo con sus propias armas dinamitando su catálogo de exclusivas. En el otro frente está la decisión de Nintendo de implantar un control diferente, accesible en una consola sin demasiadas pretensiones pero que se ha asegurado el perfil de jugador que Sony ha perseguido con SingStar, EyeToy o Buzz.

Tampoco se pueden olvidar pequeñas decepciones que PlayStation 3 ha producido en sus seguidores; la detección de movimiento del SixAxis mató a la mítica e inmersiva vibración -parece que con la puerta abierta a su resurrección-, el sistema online de Sony, la PlayStation Network, es todavía inmadura como para hacerle frente a la solidez que representa Xbox Live y la retrocompatibilidad, un rasgo de identidad de la familia, ha sido replanteada en las consolas PAL justo después de que su gran valedor, Ken Kutaragi, fuera sustituido al frente de SCEI. Parece que el héroe ha pasado a villano, pagando así una soberbia que siempre le acompañó junto a sus brillantes resultados.

Todos estos antecedentes han mermado el ideal de posición fuerte y segura que PlayStation ha tenido en el mercado, y desde la pluralidad y abogando por un mercado aún más competitivo, es una situación que nos beneficia a todos. Especialmente al usuario. Sony y PS3 tienen un gran reto por delante; deberán esforzarse y trabajar duro en todos los frentes -títulos que marquen la diferencia, exclusivas, consolidar su online y apelar a su temida maquinaria de marketing y publicidad- para superar las dificultades que les salen al paso si quieren conservar su envidiable cota de mercado, algo de lo que muchos analistas dudan. Sus propios errores pasados y los aciertos de sus competidores van a hacer que esta generación, parafraseando a Peter Molyneaux sea una época emocionante para ser jugador.