Si pagas puedes ser violento
Creía que ya nada me podía sorprender, pero los políticos americanos no cejan en su empeño de dejarme de nuevo con la boca abierta. Ahora resulta que lo último que se les ocurre es aplicar un impuesto a los videojuegos violentos. Es fácil, si tienes dinero podrás ser violento.
Al parecer el político norteamericano, Star Locke, de momento, por suerte, sólo es el candidato republicano a gobernador de Texas, ha anunciado en su campaña electoral que tiene la intención de aplicar un impuesto de nada más y nada menos que del 50% sobre los videojuegos violentos. Según palabras del propio político lumbrera 'el poder de poner impuestos es el poder de destruir', y yo le pregunto ¿destruir con o sin violencia?
Sigue el señor Locke diciendo que su idea es poner impuestos sobre todas las cosas que no quieren, ahora se trata de poner un impuesto a todo aquello que no les guste, antes trataban de esconderlo y ahora simplemente hacen que sea prohibitivo económicamente para los más desfavorecidos. Sin embargo, si tienes dinero no pasa nada, tranquilo, puedes seguir siendo violento.
Por lo tanto, lo que deduzco de la noticia es que aquellos que dispongan de dinero de sobras no les causará ningún inconveniente adquirir esos juegos al precio que sea, por lo tanto, según mi punto de vista, estamos ante una discriminación de clases no ante una medida de presión para que la gente no compre videojuegos violentos. Además se me ocurren varias maneras de conseguir ese tipo de videojuegos gravados con un elevado impuesto como, por ejemplo, adquirirlos entre varios amigos, ¿cómo evitarán estos políticos que esto ocurra? ¿Y si se adquieren en grupo esos videojuegos, estos dejarán de ser violentos? Estoy convencida que no.
Me gustaría saber por qué el señor Locke tiene esa opinión de los videojuegos que él califica de violentos. Quizás en una noche oscura, allá por la indomable Texas, se cruzó con un usuario de videojuegos que se creía Hitman o Max Payne después de horas de entretenimiento y le pegó un buen susto. Sí, pero esto solamente sería producido por la imaginación del señor Locke porque nunca se ha demostrado científicamente que aquellos que consumen videojuegos calificados de violentos tengan conductas más agresivas en la vida real. Por qué no invierte dinero en realizar estudios exhaustivos y serios de qué eso ocurre y luego, si esos estudios avalan sus tesis, buscar medidas verdaderamente adecuadas y no excusas para sacar el dinero vilmente a los usuarios de videojuegos.
No me gustaría caer en la demagogia barata, como sí lo ha hecho el candidato republicano Star Locke al proponer tan absurda medida de prevención contra los videojuegos que él llama violentos, pero a mi me parece que un país que mantiene una Guerra en Irak con miles de irakíes civiles muertos, y si esto no es suficiente miles de soldados americanos muertos, debería erradicar esa verdadera violencia, la que es real, no la que aparece dentro de una pantalla y no son más que píxeles en movimiento que no hacen daño a nadie.
En un país en el que conseguir un arma es más fácil que conseguir que te atienda un médico, un país en el que en muchos de sus estados la pena de muerte es un proceso habitual de la justicia, en ese país, sus políticos quieren gravar con un impuesto los videojuegos violentos, sinceramente a mi me parece un actitud hipócrita pero ya se sabe que medidas como esta son muy electoralistas y durante la campaña de elección de candidatos éstos suelen prometer la luna.
En definitiva, si realmente lo que se busca con la medida de imponer impuestos a los videojuegos violentos es que su consumo sea menor no me parece ni de lejos la mejor de las ideas la que ha tenido el señor Locke y su equipo, con ella lo único que se conseguirá es fomentar las diferencias entre la población ya suficientemente grandes y, además, promover las prácticas ilegales de adquisición de estos productos. Propongo, por el contrario, un estudio serio sobre las consecuencias, si las hay, en los usuarios de estos programas y una vez recogidos los datos invertir en educación y bienestar con el objetivo que los ciudadanos sean más libres para elegir e instruidos para establecer las diferencias entre realidad y ficción.