Arte y videojuegos

Recientemente han aparecido diversas voces cuestionando la posibilidad de que los videojuegos puedan llegar a ser considerados como arte, lo que ha creado un intenso debate.

Hace no mucho resurgió con fuerza un viejo asunto que lleva acompañando al mundo de los videojuegos desde hace tiempo: ¿son arte? ¿pueden llegar a serlo? El encargado de abrir fuego fue un reconocido crítico de cine, Roger Ebert, que negó a los videojuegos la posibilidad de ser considerados como arte por su propia naturaleza. Pero fue Hideo Kojima el que dio el gran bombazo al sentenciar que estaba de acuerdo con Ebert, lo que tiene una obvia resonancia en el mundo de los videojuegos.

En primer lugar ¿qué es arte? ni siquiera expertos en la materia consiguen ponerse de acuerdo en una definición universal. El arte conduce opiniones y sentimientos, es vehículo de la transgresión, sirve para expresar los sentimientos más íntimos, para la denuncia social, para el ensalzamiento de los poderosos o de los débiles, para mostrar la belleza, la fealdad, el absurdo...  hay miles de actitudes que emanan de lo que comúnmente se conoce como arte. Si se realiza una definición demasiado amplia al final todo acaba siendo arte; si se pretende dar una definición de arte cerrada a las tradiciones conocidas como artísticas (pintura, escultura, literatura...) es más que probable que se deje en el tintero algunas de sus infinitas facetas.

Personalmente considero que la interactividad es uno de los principales activos de los videojuegos. Hasta ahora todas las formas de expresión intentan hacer prisionero al receptor de lo que el autor quiere expresar. En la literarura, por ejemplo, no hay libertad para navegar por el mundo del autor, ni mucho menos para cambiar el curso de la historia de una narración. Gracias a la interactividad es posible introducir algo tan increíble como que el usuario se planté la moralidad de sus propias acciones. Se está empezando a rascar eso, pero lo que hay dentro es auténtico oro: la posibilidad de jugar con los sentimientos y las decisiones del receptor para que tome consciencia de las consecuencias de sus propios actos. La interactividad permite no sólo ilustrar mucho mejor una postura, sino experimentar con ella y retorcerla a voluntad para explorar de verdad su contenido.

La más joven de las disciplinas artísticas es el cine, que sirve de perfecta ilustración para comprobar que el arte no es algo cerrado. En sus comienzos el cine era considerado una frivolidad, un reemplazo barato de los espectáculos de vodevil. Cualquier crítico de teatro de la época se hubiera ofendido profundamente si alguien le hubiera dicho que el cine pasaría a ser considerado como arte. Ahí están los resultados.

Así se construye una disciplina artística, con tiempo y personas brillantes que entienden a la perfección su medio de expresión y lo aprovechan para volcar sus inquietudes. A la industria del videojuegos todavía le tiene que llegar un Sofocles, un Quintiliano, un Cicerón, un Leonardo Da Vinci, un Miguellangelo, un Cervantes, un Shakespeare, un Mozart, un Bach, un Van Gogh, un Manet... La tradición artística la crean los propios artistas y para que estos surjan se necesita tiempo.

Kojima mencionaba que los videojuegos no pueden ser arte porque buscan crear una sensación similar en todos los que lo juegan, mientras que el arte trata de capturar a las personas individualmente. ¿El cine no es un medio de masas que genera la misma reacción en miles de personas a la vez? ¿un juego en el que no hay una historia claramente definida y hay múltiples posibilidades, no puede ofrecer diferentes experiencias a cada jugador? El genio de Konami es una de las figuras más reconocidas de esta industria, pero personalmente considero que esta no es una analogía muy afortunada.

Considero que a medida que pase el tiempo, las nuevas generaciones, nacidas con pleno entendimiento de esta nueva forma de expresarse y con un bagaje tecnológico e histórico, sabrán explotar las infinitas posibilidades que permite el construir un universo virtual. Siempre habrá una parte de entretenimiento y ocio, siempre quedarán FIFAs, PES, Maddens y juegos que buscan sólo entretetener y desafiar tu habilidad, al igual que en el cine siempre habrá Terminators y Junglas de Cristal, porque muchos desean también ese tipo de cosas. Pero pensar que los videojuegos es sólo eso es un error que el tiempo se encargará de enmendar. Deben de producirse ciertos cambios, la tecnología debe avanzar en diferentes campos, la formación académica debe proliferar y, sobretodo, hay que tener un mayor amor propio por el propio contenido de los videojuegos (quizás para ello habría que empezar a plantearse otra forma de llamar a títulos como Shadow of the Colossus, que no son sólo juegos, ¿obras interactivas quizás?). Hoy en día sólo se saca pecho ante los éxitos económicos, pero hay que empezar a plantearse ya la validez de la interactividad y la virtualidad como herramientas extremadamente valiosas para expresar, emocionar, enriquecer y culturizar a las personas.