Un merecido homenaje

Eran lugares no muy luminosos, más bien oscuros. Pero brillaban con la ilusión de quienes íbamos, con las monedas en la mano, a vivir unas novedosas experiencias enfrente a las primeras máquinas recreativas. Los primeros salones de juego se merecen nuestro recuerdo.

Son muchos jugones  los que proclaman, con orgullo, que empezaron en 'esto de los videojuegos' con sus Amstrad CPC, su Commodore64 o su Amiga. Jugones que tenían la fortuna de poder contar con esos ordenadores en sus casas o en las de alguien cercano. Eso les permitió empezar en este mundillo de la forma más directa posible, además, de forma continua y sin ningún otro impedimento. Gracias a eso han podido comprender la casi totalidad de la pequeña pero rica historia de esta forma de entretenimiento -aunque personalmente para mí es un arte-.

Sin embargo, y me incluyo en este campo, no todos pudimos empezar así. Las posibilidades económicas de unos son muy diferentes de las de otros, lógicamente. Los 'pudientes' o los que tenían unos padres con la mente más abierta sí han podido disfrutar desde sus inicios con este mundo, que aún hoy está en trámite de pasar el control de la sociedad por considerarlo 'incentivador de violencia, discriminador y deformador de personalidades'. En fin, sobre estas cosas no quiero hablar hoy...

A donde quiero llegar es a hacerle un pequeño homenaje a los 'santuarios' públicos donde nos reuníamos los que no teníamos dinero para hacernos con estas plataformas, e incluso en multitud de ocasiones los que las poseían. Me refiero a las primeras salas de recreativos que ha tenido este país. En aquellos momentos (principios de los 80) y con diferencia, uno de los lugares con peor fama del mundo juvenil.

Sin embargo, estos locales permitían a los que no poseíamos ninguna máquina en nuestro hogar disfrutar de las maravillas que otros sí podían en su casa. Desde los primeros 'Pong', 'PacMan', 'Space Invaders', pasando por los 'Gradius', 'Frogger', 'Solomon's Key', o 'Galaxian', siguiendo por los adictivos 'Joust!' o 'Karate Champ' (la primera recreativa con dos sticks y sin botones que recuerdo), 'Final Fight' y el superdivertido multijugador 'Double Dragon'. En poco tiempo aparecieron joyas como 'Bomb Jack', 'Comandos', 'Wonder Boy', 'Mario Bros.', 'Ghost'n Goblins', '1942', 'Spy Hunter', 'Street Fighter', 'Out Run', 'Paper Boy' o la superespecial 'Star Wars' y tantas otras que hicieron que nos dejásemos los ojos -y el dinero- en ellas.

La era del espectáculo audiovisual llegaría más tarde.Virtua Racing, Sega Rally o Daytona USA eran unos ejemplos excelentes de que nos estábamos acercando a algo muy grande, como después vimos con Virtua Striker, Sega Rally2, Time Crisis o Virtua Tennis. Y, como yo, seguro que muchos otros lo vivieron en estos locales medio oscuros (por lo menos es el recuerdo que yo tengo) y a los que los padres no nos dejaban ir porque 'allí están los chicos que no van a clase y fuman'. Puede ser. Es más, era así; pero no sólo estaban allí esos chicos, sino los que también nos sentíamos ya atraídos por esas pantallas con sonidos intermitentes, que más tarde evolucionarían convirtiéndose en el medio de entretenimiento que más dinero recauda en el mundo, por encima del cine y la música.

Pero lo que no pensábamos entonces era que las personas que llevaban esos locales, en muchos casos, no eran del agrado de los otros adultos. Sabían que allí había 'maquinitas', que los chicos iban allí a gastar el poco dinero que se les daba para el fin de semana -qué recuerdos de partidas a 25 pesetas-, y que todo eso sólo tenía un nombre: vicio. Sin embargo, muchas de esas personas resistieron. No puedo generalizar, pero mi caso me ha llevado a conocer en profundidad a la persona que llevaba el local de mi pueblo. Su nombre no viene al caso, pero la verdad es que cuando iba allí lo veía sonriendo, al ver cómo había más gente como él, perdidamente enamorados de Mario, Sonic o del Comecocos. Estaba claro que cuanta más gente jugando, más dinero tendría él, pero creedme: en esos días no se amasaban fortunas con esos locales. Más bien para ir tirando... y aún así, algunos como mi amigo eran felices.

Hoy ese local ya está cerrado. Ahora tenemos una gran sala de recreativos con luces de neón y los más actuales arcades con sus todavía más espectaculares muebles en el centro mismo de la ciudad. Sin embargo, todo esto hoy no sería posible si no fuese por los 'pioneros' que nos dieron a todos la posibilidad de ver 'Space Invaders' a principios de los 80, y que vieron en este negocio una forma de atraer al público, gente como yo. Para ellos mi gratitud, que por muchas monedas que me haya dejado allí, no ha sido nada comparado con la ilusión y la diversión que me han devuelto a cambio.

Game Over. Insert Coin.