Inocencia interrumpida

A lo largo de esta presente generación que poco a poco nos deja, hemos podido asistir en primera persona a la madurez de nuestro entretenimiento favorito. Y ahora, como toda persona que crece tanto y tan rápido, corre peligro de envejecer prematuramente.

Hace algunas semanas que, repasando los foros de la revista, descubrí una pregunta en un post que me llamó mucho la atención: ¿era necesario el cambio a la nueva generación de consolas? ¿Significa el paso a máquinas más potentes un aumento paralelo y significativo de la diversión, de la satisfacción personal de cada uno al empuñar el mando? La respuesta, en mi caso, es que si la tecnología no va acompañada de la correspondiente inspiración estamos yendo hacia atrás.

Soy un jugador que no llega a la treintena y que empezó con un Toshiba MSX (de 64 KB de RAM) en 1983. Desde entonces, pasando por casi todas las consolas existentes y por un sinfín de PCs, mi interés por los videojuegos ha ido creciendo, alcanzando su grado máximo no con la presente generación, sino con la anterior. Con la época de PlayStation 1, Nintendo 64 y Dreamcast (aunque ésta pertenece más a la actual que a su precedente) creo que llegué al punto más alto de mi gloria videojueguil.

Hoy, cuando la nueva generación (X360) comparte lugar con la actual (PS2, NGC, Xbox), miro hacia atrás y compruebo como las sensaciones que he vivido en estos últimos 5 años, aunque muchas de ellas magníficas, no pueden compararse a aquel momento en que Psycho Mantis movió mi mando con su poder 'mental', la primera vez que contemplé una repetición en Gran Turismo, cuando 4 amigos matábamos espías en Goldeneye o con el desenlace de Aerith en Final Fantasy VII.

Algo cambió. En esta generación que nos deja, algo se quedó por el camino. Ha habido decenas de grandes juegos desde el año 2000, claro que sí, y sin embargo… ¿qué ha cambiado? ¿En qué hemos avanzado? Tecnológicamente hablando, en mucho. Pero a nivel de experiencias, a nivel jugable, a nivel de sensaciones… todo ha sido una repetición, un más de lo mismo. PlayStation 2, Dual Shock 2, G-Con 2… y Metal Gear Solid 3, Resident Evil 4, Final Fantasy XII, Pro Evolution Soccer 5, FIFA 2006, etc. Sí, hemos mejorado la forma… en la que hacemos las mismas cosas. Utilizando un mal símil: hacemos el amor cada vez con más frecuencia y con personas más bellas… y paradójicamente con menos pasión.

Y la tendencia del presente y futuro no parece ser demasiado prometedora: Xbox 2, PlayStation 3… Seguimos pegados al televisor de la misma forma en que seguimos pegados a la pantalla del cine: no necesariamente porque las películas sean mejores sino porque hay gente con tanto talento trabajando en ellas que, eventualmente, sacarán un producto de calidad. Mucha calidad y, muchas veces, poca sustancia. Es como el remake de King Kong: el mono se ve mejor que nunca y, en cambio, la película transmite mucho menos que la original.

Espero no ser el único que piensa que si realmente los videojuegos quieren ganarle la partida a la 'tele' y al cine deberán ofrecer algo más que mejores gráficos, sonido más envolvente y más jugadores simultáneamente. Algo falta en la fórmula que ha funcionado hasta el día de hoy, pero que corre el peligro de que en algún momento del futuro pierda su validez. El Eye Toy, el único 'invento' que podía cambiar nuestra perspectiva hacia el videojuego tradicional y acercar segmentos de mercado lejanos hasta el momento, ha fracasado de momento.

Esta sensación, imagino, no pueden compartirla los que llegaron a los mandos con la PS2. Por eso empezaba diciendo que en mi casa llueve desde el 83 y ha llovido mucho desde entonces.  Porque solamente con una perspectiva un poco más global temporalmente uno se da cuenta de que le estamos dando, tal vez, demasiada importancia al aspecto visual mientras dejamos de lado otros conceptos. Nos olvidamos del por qué triunfó Tetris, Arkanoid o Lemmings.

Por eso tengo grandes esperanzas depositadas en la apuesta de Nintendo, eso que llaman 'Revolution'. Pienso que algún cerebro japonés de allí dentro debe sentir algo parecido a esto que a mi me pasa cuando se le ocurre que la única forma de dar un impulso a la industria es cambiar radicalmente el concepto de juego, porque por muchas consolas y PCs que se vendan la industria necesita un empujón ENORME para no estancarse, y no me refiero económicamente. Nos estamos anquilosando. Nuestro sector envejece. Y es cada vez más conformista. Quién sabe, puede que tal vez evolucionar signifique pensarlo todo desde cero y volver a empezar.

Los videojuegos han alcanzado la madurez en toda su amplitud. Pero si esa madurez implica ir por este camino, me convertiré en Peter Pan y renunciaré a crecer. Porque esa madurez no debería significar perder la inocencia, sus orígenes, su espíritu. Yo espero, honestamente lo digo, que simplemente la hayan extraviado de forma temporal. Y la recuperemos muy pronto.