Mi riñón izquierdo

Cada vez los videojuegos son más caros, pero además los periféricos y accesorios se multiplican como los panes y los peces.

La pasada semana comprobé un hecho curioso que me ha hecho reflexionar sobre la creciente aparición de accesorios, periféricos y add-ons que vamos sumando progresivamente en cada generación de consolas. Todo empezó cuando mi cuñado se enamoró perdidamente de su recién adquirida PSP, dándole tal mimo que hasta su pareja siente agravios comparativos con la nueva niña mimada de la casa.

En su afán por mantenerla impoluta y virginal como la primera vez que salió de su caja, mi cuñado ha empleado ya una importante suma de dinero en comprar protectores de pantalla, baterías de emergencia, carcasas antigolpes así como objetos para su aseo diario (el de la consola, no el suyo desafortunadamente). Con la mala suerte (o mejor dicho, con la torpeza) de que esas malditas motas de polvo que circulan por el aire siempre quedan adheridas entre pantalla y protector, con el consiguiente berrinche del amigo que ha tenido que comprar ya tres packs de pegatinas porque nunca quedan tan perfectas como le gustaría. Para él, su PSP tiene el significado que la Barbie tuvo para mi hermana: no se conformaba con ella sola, tenía que comprarle la casita, el traje de princesa, el Ferrari y el Ken Malibú.

Aquellos que nos iniciamos en este mundillo con Ataris, Spectrums y Amstrad CPCs, la proliferación de periféricos puede superarnos. Por aquel entonces los complementos eran escasos y con un simple joystick nos bastábamos y sobrábamos para disfrutar. Pero los tiempos han ido cambiando y si con la Game Gear llegaron los adaptadores de televisión y con la Game Boy el particular tándem cámara + impresora, ahora disponemos de eyetoyes, kongas, multitaps, volantes, alfombras de baile, bolsas de transporte, soportes verticales, sistemas avanzados de protección y todo tipo de inventos para recargar nuestra portátil en caso de catástrofe natural. Todo un gasto añadido.

Pero la cosa no acaba ahí. En el plazo de un año viviremos (si no hay retrasos inesperados de esos con que discriminan a los compradores europeos) el nacimiento de las consolas de sobremesa de nueva generación, todas repletitas de accesorios que adquirir conjunta o separadamente. Para Xbox 360, el caso más conocido por la proximidad de su lanzamiento, podremos comprar un pack normal o el conocido como premium, que incluirá un conjunto de accesorios que también podríamos adquirir por separado: disco duro, mando inalámbrico, auriculares, mando multimedia, carcasa, cables... sin olvidarnos de los kits de carga, unidades de memoria, adaptadores de red inalámbricos, webcams y baterías que se venderán aparte. Pensando en euros duele sólo de pensarlo.

En cuanto a las máquinas de Sony y Nintendo por ahora todo son incógnitas en cuanto a que tipo de accesorios nos intentarán endosar, aunque buena parte de nuestros ahorros se irán en cargadores, tarjetas de memoria, cables y headsets. La red comienza a llenarse de previsiones, rumores y recreaciones de posibles add-ons que nos harán gozar como nunca, sobre todo para la llamada Revolution. El peculiar diseño del controlador y sus características giroscópicas ofrecen un amplio margen para añadirle periféricos, desde el ya conocido boomerang (el pad analógico que servirá para mejorar el control tridimensional) hasta las múltiples elucubraciones que van surgiendo en los medios: el volante, la pistola, el convertidor en pad 'normal', la caña de pescar...

Ante tal previsión de gastos y a la vista de que mi cuenta bancaria está en números rojos, estoy planteándome seriamente alternativas para reducir gastos y poder poseer cuantos cacharros salgan a la venta. Si no fuera por el defecto congénito que arrastra y lo mantiene pegado a su par lo habría vendido hace tiempo. Mi riñón izquierdo. En serio.