Sexo, Mentiras y Cartuchos de Supernes

¿Qué tiene que ver un imaginario viaje a Japón con la nueva propuesta de Nintendo? ¿Es Revolution un avance o un retroceso? ¿Juegan con nosotros? Tantas y tantas preguntas y el TGS a la vuelta de la esquina...

Cartuchos de Supernes.
De este año no pasaba. Pretendía organizarme un viajecito hasta Japón para presenciar in situ el TGS de dentro de unos días y disfrutar del país: Viaje en avión, visita turística a Tokio, pasearme por Shibuya y saludar al perrito petrificado del metro, mientras me cruje el cuello por mirar a lo alto. Atiborrarme, repito, ATIBORRARME, a comprar cartuchos antiguos de todo sistema conocido en Akihabara, (¡viviendo de glorias pasadas!), o pasearme de puntillas por los fantásticos templos religiosos en parques y montañas neblinosas esperando que ocurra un milagro. Podría esperarme, en primavera hasta es más bonito, y además, que carajo, me encanta la fiesta aquella con los cerezos en flor, pero matar dos pájaros de un tiro por el precio de uno siempre es más atractivo, ¿verdad?

En fin, al final ni avión, ni exótico y arriesgado shushi, ni hoteles caros, ni japonesitas extravagantes vestidas de colegialas en Shibuya. Me quedo en tierra, en mi currito machaca y en mi casa con más de lo mismo, que es lo que se lleva. Ya me estoy poniendo ceniciento... "Oye, ¿y por qué no agarras el coche y tiras un finde por ahí, al campo, a la playita..." A ver, a ver como haces que tu progenitor entienda que no es lo mismo 20 euros en gasolina y otros 10 en un "plato de los montes" bien cargado, que irse una semanita al quinto pino y disfrutar de las últimas innovaciones tecnológicas y una comida de la que probablemente salga intoxicado. La opción paterna tiene su punto, claro, pero me temo que el encanto inicial desaparece por completo de este modo. Quiero algo desconocido. Nuevo, como lo quiere casi todo el mundo.

Mentiras.
Y es que me engaño, me timo constantemente a mi mismo. Desde que el ECTS ya no es más que un espejismo donde se reflejan las sobras de las compañías de videojuegos, y el E3 me atrae menos por la fiereza y frialdad de las propuestas, he querido compaginar una excursión al país del sol naciente con una visita al Makuhari Messe. Y este año… ¿qué me dices del TGS 2005?, sí, que puede estar repleto de sorpresas extraordinarias e interesantes anuncios. Pero da igual, yo erre que erre, todos los "año nuevos" la misma promesa: "¡Por mis muelas que esta vez me atrevo con la novedad y tiro para allá, dejando atrás el pasado y poniéndome al mismo nivel que los "geeks"que llevan lo último!" ¡Ja! Nada de eso, me estanco, no doy el paso, aún no al menos, y eso que me muero, como las promesas de Nintendo: ¿La Revolución?

Sexo.
Ya sabes, sólo hemos tenido acceso a un esbozo de Revolution: Unas cuantas declaraciones de los directivos de turno, una cantidad extravagante de rumores (con sus correspondientes contramedidas. Mucho ojo al florecimiento de los blogs), y unas fotografías, a cada cual más sugerente, de la apariencia de la consola, en agresivos colorines y todo: "Elija usted la que más le guste, oiga. Disfrute al máximo, como nunca lo había hecho con nuestra oferta futura... y pasada."

Ojalá se acabe la espera, o al menos que lo haga a medias. No se puede vivir eternamente de buenos propósitos y sueños que quizás llegasen algún día de rebote, ni agarrarse al pasado continuamente. Hay que actuar, y no escatimar en recursos si no queremos ser pasto del pez gordo una y otra vez. En Kyoto deben saberlo, seguro, no en vano nos hacen creer que Revolution creará nuevas formas de entretenimiento, con orgullo y una pizca de petulancia histórica. En su línea y puede que conmigo funcione tirar del catálogo pasado, ilusionarme de por vida y aparentar ser lo "diferente", pero ¿es suficiente para satisfacer a los más ávidos de sensaciones fuertes, a los que buscan lo más "in"?. Que sí, es posible que el fin último desde Nintendo sea abrir un nuevo camino en los videojuegos, yo mismo lo acepto, y lo espero, pero ya vale de oscurantismo, de verdades encubiertas y de marear la perdiz.

En fin, la hora llega, es el momento de dejarse de medias tintas, mostrar al mundo lo atractivo de nuestra propuesta y apoyarnos en el glorioso pasado pero no basarnos tan sólo en él. Nintendo lo conseguirá por fin (*suspiro*). ¿Y si no? Bueno, y si no, el año que viene, (seguro que sí), me haré mi viaje hasta Japón. Lo volveré a intentar, de veras, aunque ya me quede irremediablemente atrás con respecto a los demás en esta particular carrera por ser el mejor...