Pagar por gusto
Todo lanzamiento de un producto de electrónica con nueva tecnología pasa por una fase inicial donde su precio supera con creces el que la mayoría de consumidores acabará pagando por él.
Recientemente hemos conocido de la mano de la propia Microsoft los precios de venta finales recomendados para la primera de las futuras consolas de próxima generación, cada vez más próxima, junto con la cantidad y calidad de opciones que incluirán sus, hasta ahora, dos principales paquetes. La versión light de la Xbox 360 costará alrededor de 300 euros y la más completa, con aire acondicionado y elevalunas eléctricos, unos 100 euros más.
Debo admitir que, superada la sorpresa inicial que me produjo el saber que habrían dos versiones, me descubro a menudo confesando un 'me lo temía' que mi más ingenuo optimismo había tratado de enterrar en lo más profundo de mi corazón sin éxito. Una vez más, la cruda naturaleza de la realidad (ahora llamada 'ley de mercado') da pequeños mordiscos a mis más dulces sueños.
La situación que se produce ahora no es nueva, es evidente. Sucede cada vez que adquirimos un producto nuevo de casi cualquier tipo, especialmente en la electrónica de consumo: reproductores DVD, televisores de plasma, ordenadores y el mercado de las consolas de sobremesa no es para nada una excepción.
Ese mercado tan cobarde a nivel de innovación, como nos apuntaba José Arcas en su anterior artículo de opinión, empezó a recolectar su segunda gran añada con la llegada de PlayStation 2. Los que pagamos más de 70.000 de las antiguas pesetas por una nos dimos verdadera cuenta de ello: el mismo sistema de almacenamiento de partidas, el mismo sistema de control, imposibilidad de utilizar las tarjetas de memoria de PS2 para juegos de la original PlayStation (aunque se jugaran en la Ps2), ausencia de disco duro, ausencia de modem, necesidad de multitap, etc. Pero todos o casi todos, como demuestran sus cifras de venta, acabamos comprando. Es debilidad humana, dicen. Es la evolución.
Pero esa evolución, claro que sí, tiene su precio. El precio para estar a la última estas navidades va a ser de, por lo menos, más de 500 euros: la consola en su máximo esplendor, con 1 controlador sin cable, disco duro de 20 gb y mando a distancia. Porque el wifi es opcional y no se incluye en ninguno de los packs y porque los que tenemos televisores de alta definición nos gusta jugar con su cable apropiado. Y por supuesto habrá que comprar un par de juegos para pasar las fiestas.
Cuando llegó Microsoft al mercado de las consolas, que aportaba un poco de aire fresco a un sector para ellos conocido pero sin ser, ni de lejos, su especialidad, debo admitir que me pareció vislumbrar una luz, la misma que me pareció ver cuando PSX irrumpió en nuestro mundo. ¿Alguien pensaba en nosotros? Disco duro de serie (en cuántas memory cards hubiese puesto mis 205 partidas guardadas de Jade Empire, 62801 bloques?), red integrada en la consola, cuatro amigos jugando a la vez sin accesorio extra, periféricos conectables al mando y no a la consola (curiosamente al estilo Macintosh)
Los tiempos van cambiando cada vez más deprisa y cuando en los foros se debatía no ya la necesidad de la inminente salida de una nueva generación, que a (casi) todos nos parece imperativa e imprescindible, sino cómo nos gustaría que fuera a los usuarios me acuerdo que escribí: 'Me da igual como sea, pero por favor que se piense un poco con la cabeza: mandos inalámbricos y recargables en la propia consola y wi-fi'. Era un pensamiento en voz alta. Un débil llanto. Una silenciosa plegaria. ¿Y alguien la oyó?
Pues sí, alguien lo hizo!. Y me gustaría creer que pensó que podía ser que en esa plegaria hubiera algo de razón. Podría ser que jugar sin cables fuera más cómodo que jugar con ellos, o que el hecho de no usar pilas fuera beneficioso para el usuario, o que no tener que utilizar un cable de red de 15 metros que cruce salón-pasillo-estudio para jugar a través de internet constituyera un punto a favor del fabricante y mejorara la comodidad (y por ende la experiencia) de juego. , Sí, podría ser.
Y gracias a Microsoft, por eso de esta vez llegar la primera, será. Porque la tecnología está ahí y es factible ponerla en una caja para goce y disfrute de los usuarios. Y conste que, como veterano comprador de juegos que soy, nunca me quejo del precio del software, pues todos los que teníamos un MSX ya pagábamos 35€ por un cartucho hace 20 años. Hablo de Xbox 360, Ps3 y Revolution. Reflexión: ¿Cuánto nos costará, económicamente hablando, adaptarnos a las nuevas tecnologías que se ponen a nuestra disposición, a la nueva generación de consolas?
Todavía no tenemos todos los números para dar esa respuesta, pero lo que sé seguro es que todos acabaremos pasando por caja. Porque queremos estar a la última, porque no sabemos esperar y, sobretodo, porque no queremos esperar!. Ahora con Xbox, pero cuando llegue Ps3, volverá a echar humo nuestra tarjeta y volarán de nuevo nuestros ahorros. Y la cosa seguirá igual cuando llegue Revolution. Pero mientras repito mentalmente que eso precios son una desproporción, ya he reservado mi Xbox en la tienda. La más cara, por supuesto, para no quedarme sin ella el primer día.
El único fabricante que a título absolutamente personal me ha parecido medianamente coherente con su público, o al menos en esta generación que agoniza, ha sido Nintendo. Aunque generalmente no la pongo como ejemplo, debo reconocer que GameCube fue una consola barata, sin ningún componente u opción añadida que encareciera el coste final del PVP y destinada exclusivamente para lo que se creó: EL JUEGO. ¿Sucumbirá la Revolution de Nintendo a las leyes del mercado, al precio de la evolución, o por lo contrario seguirá siendo fiel a su política de estos pocos años pasados? ¿Harán disminuir estos precios que se avecinan la cantidad de usuarios multiplataforma? Pronto lo sabremos. Yo estoy ansioso por conocer las respuestas.