Metiendo las narices
Sony Europa ha emprendido una dura campaña para prohibir a las tiendas de importación suministrar PSPs a los europeos, particularmente en Inglaterra. ¿Es el comienzo de una política de restricciones para los importadores o será algo puntual? En todo caso, desde esta columna se quiere debatir sobre esta tendencia.
Puede que alguno de vosotros haya leído en las últimas semanas entorno a la venta de PSPs importadas en el viejo continente. La sede central de Sony en Inglaterra lanzó un aviso a las tiendas de importación para prohibirles expresamente que vendieran versiones japonesas o americanas de su portátil ya que estaban infringiendo los derechos de propiedad intelectual de la compañía. Ni siquiera Ebay se libró, si bien la advertencia sólo afectó a los grandes vendedores de la página de subastas y no a los particulares.
Una de las tiendas, ElectricBirdLand, se rebeló y afirmó que seguiría vendiendo PSPs porque estaban en su derecho y no iban a dejar su stock sin vender. Pero no solo eso, sino que acusó a Sony Europa de incompetencia y otras lindezas más, declarando que aparte de los problemas de stock, la verdadera razón del retraso de la portátil venía debido a que el nombre 'PSP' ya estaba registrado en Inglaterra a manos de una empresa de informática.
Ignoro cuanto hay de verdad en eso ni cómo se soluciona, desde Sony Europa no han hecho más que decir que el lanzamiento de la máquina está previsto para Septiembre y que no se pueden vender las máquinas sin su consentimiento. Las últimas noticias que he oído al respecto es que la tienda ha sido obligada por ley a no vender PSPs. Es más, hace poco pude ver cómo el largo brazo de Sony Europa llegaba a mi página de importación favorita en Hong Kong, Play-Asia, que a partir de ese momento ya no vendería más portátiles al Reino Unido.
Quien quiera una PSP por estos lares, que se espere al lanzamiento europeo, ese es el mensaje.
Pero vivimos en un mercado global con información global, pese a quien le pese, sólo hace falta mirar esta revista y observar que muchos de los juegos de los que se hablan sólo han salido en Japón o Estados Unidos, mientras que aquí hay que ponerle una vela a San Bartolo para que alguien se digne a traer juegos de enorme calidad como Shin Megami Tensei Nocturne, Digital Devil Saga y varias otras joyas, que afortunadamente a veces llegan, aunque con un retraso impresionante (en el tiempo que ha tardado en aterrizar Nocturne en Europa al grupo de desarrollo le ha dado tiempo a terminar dos juegos más). Por tanto, lo lógico es que si existe la posibilidad y asumiendo las responsabilidades propias, uno debería poder comprar lo que quiera en donde quiera.
Con la ley en la mano, seguramente Sony está en su derecho de poner las condiciones que quiera para vender su máquina. No todo lo que compras puedes usarlo como quieras. Puedes comprarte una película en DVD, pero no puedes montar un cine en tu casa cobrando para que tus vecinos la vean. Pero no puedo dejar de preguntarme cuál es ese terrible daño que se hace a las potenciales ventas europeas de PSP el que unos cuantos miles de europeos quieran hacerse con una sin tener que esperar varios meses hasta el lanzamiento oficial.
Afortunadamente, yo ya tengo una PSP japonesa por la que nunca estaré suficientemente agradecido a mi compañero Xavier Ocampo. Pero las perspectivas me parecen aterradoras ¿puede una compañía prohibir a los usuarios importar? Nintendo también lo hizo en el caso Pokémon en Europa pese a que siempre han diseñado sus portátiles para ser utilizadas en todo el mundo por igual.
Parece que las compañías sólo se ponen duras en casos concretos, pero ¿Y si se prohibiera la importación de máquinas y juegos? tendría que tragarme por decreto-ley conversiones paupérrimas de juegos, esperar meses y meses a adquirir títulos importantes, ver como se le da predominancia a otros países, asistir impotente a la imposibilidad de comprar juegos que por obra y gracia de unos ejecutivos americanos no saldrán nunca de Japón (ha pasado hace poco con el interesante Oz, de Konami) o renunciar a la posibilidad de hacerme con ofertas y gangas más que interesantes (hace dos semanas compré Tekken 5 japonés por 20 euros, 40 euros más barato de lo que hubiera costado comprármelo ahora en una tienda europea). Son las ventajas de tener libertad de comprar y dejar decidir al consumidor.
Por eso, estimados ejecutivos de las compañías, yo les pido: tienen un amplio mercado al que llegar como para andar preocupándose de un puñado de importadores. Si quieren convertirnos en usuarios locales, ofrézcannos un mercado que sea tan competitivo como el japonés o el americano. Queremos poder comprar los títulos que nos parezcan entre la mayor variedad posible, precios competitivos, conversiones perfectas y fechas de salida razonables, tanto para máquinas como juegos. Si no son capaces de concedernos eso, hagan el favor de no meter las narices en la manera en la que un puñado de chalados disfrutamos de nuestra afición. Somos una porción insignificante, seguro que hay cosas mucho más lucrativas que preocuparse de la importación, que a fin de cuentas también deja el dinero en las compañías, aunque a veces de lugar a la especulación.