El sueño efímero de un elfo

Ya se han cumplido más de tres meses desde que World of Warcraft llegara al mercado español. Tiempo suficiente para saber qué nos puede ofrecer el mundo persistente de Azeroth.

El día a día en un servidor persistente de World of Warcraft se resume en pocas palabras. El jugador se va dando cuenta de lo limitado que se encuentra, echando de menos la ansiada libertad de acción. Y acción es lo que proporciona el juego de Blizzard, pero poco más. Todo gira en torno a destrozar criaturas hostiles y conseguir un beneficio por ello, ya sea en forma de experiencia, honor u objetos valiosos con los que conseguir el respeto de los demás jugadores.

Aceptando que el objetivo principal en el juego se basa en el desarrollo de tus habilidades principales, y éstas a su vez en la práctica continua del combate, se espera que toda la parafernalia ‘secundaria' en torno al personaje esté a la altura. Pero esto no ocurre así, al menos, en el estado actual del juego. Las profesiones disponibles no están mal diseñadas en el concepto, pero resultan prácticamente intrascendentes a la hora de triunfar, ya que la creación de objetos mediante alquimia, herrería o costura queda siempre por debajo de los ítems que nos puede deparar el combatir contra monstruos.

Por otro lado, la personalización de nuestro personaje está muy limitada; si juego a rol, quiero hacer que mi avatar sea distinto a los demás. Detalles como el poder montar un comercio, tener una casa, o simplemente dejar constancia en un pueblecito perdido en el mapa de que yo he pasado por allí. Nada de esto es posible, pues el fantástico diseño del mundo de Azeroth está desaprovechado por culpa de ser estático, imperturbable, irrompible.

El juego debería dar protagonismo a la guerra entre facciones; la división por territorios del mapa se presta a que las ciudades puedan ser reclamadas por uno u otro bando, de forma que si hoy participo en la gesta de conquistar la capital de la horda, mañana se pueda recordar tal hazaña a través de mis actos. Sin embargo, nada de esto ocurre. Todo se reduce a completar una quest tras otra, agruparse con más personas para limpiar mazmorras de monstruos que soltarán una armadura épica, y que al día siguiente volverán a caer a manos de otros grupos, y así sucesivamente.

Por todo esto, se hace cada vez más imperiosa la necesidad de agregar nuevos contenidos. Un jugador con cierto tiempo libre -pongamos 3 horas al día de juego- puede conseguir en 2 o 3 meses alcanzar el nivel máximo en su avatar a través de matar bichos y más bichos, ya sea por libre o guiado a través de misiones. Una vez alcanzado el máximo nivel, los retos son más bien escasos, y el tiempo en Azeroth cuesta dinero. ¿A qué espera Blizzard para ponerse las pilas?

Dicen que los elfos no necesitan descansar tanto como las razas humanas. Su sueño es ligero y liviano. Sin embargo, mi avatar elfo en World of Warcraft sueña cada noche. En su sueño se ve a sí mismo saliendo de su casa, donde guarda con orgullo sus más preciados tesoros; camina por los bosques de Darnassus y ayuda a reconstruirlos debido a la devastación causada por la reciente batalla; recuerda la valentía que mostró al defender su tierra. En ese momento despierta y piensa cuántas criaturas matará hoy. Como cada día.