Buenos (e idealizados) recuerdos

El tiempo pasa volando y a veces los recuerdos tientan a la realidad.

Dicen que cuando uno empieza a explicar batallas de hace años es que ya se está haciendo mayor. Desgraciadamente a mi me pasa desde hace años. Periódicamente, y especialmente cuando me enfrento al enésimo juego de acción en primera persona o de estrategia en tiempo real ambientado en la Segunda Guerra, me vienen a la cabeza los ratos que me pasaba ante las imágenes del televisor que salían de mi antiguo Spectrum. Y a veces, supongo que como muchos, o al menos alguno, de vosotros, incluso me decido a instalar en mi ordenador un emulador para rememorar aquellos impagables momentos y revivir así la magia de los 8 bits.

Internet es una maravilla para todos los nostálgicos que buscan las primeras obras maestras de los videojuegos. Las ideas de algunas de ellas, y a pesar de los años que han pasado y de los increíbles avances de la tecnología, se intuyen aún en muchos de los títulos actuales. Igual que a los estudiantes de cine les explican los clásicos de principios del siglo pasado, a cualquier persona interesada en los videojuegos le recomendaría echar la vista atrás para descubrir estas primeras joyas que crearon escuela. Un buceo en internet permite descubrir una gran variedad de emuladores y de consejos de uso para que pocos minutos tengamos en marcha un Spectrum, un Amstrad o una NES virtual en nuestro ordenador, así que no hay excusa que valga.

Ya tenemos instalado el emulador elegido y procedemos a cargar la larga serie de bytes que conforma uno de esos títulos, pero lo que nos aparece en pantalla nos deja sin aliento. ¿Qué es ese monigote con forma de palo y con cinco puntos por extremidades y cabeza? Esa fabulosa nave espacial que recordaba, ¿son diez píxeles de dos colores diferentes? Eso es lo que se llama un golpe de realidad. Es como cuando de adulto repites una excursión que hiciste de niño y recuerdas como una gran aventura, y te das cuenta de que todo es mucho más pequeño: las distancias, los árboles, las montañas, todo ha empequeñecido con los años.

Sobre esto tendría que mucho que decir un psicólogo, pero la explicación que humildemente le doy es que un recuerdo de hace años, mimado y edulcorado por la nostalgia y por aquello de "los tiempos pasados fueron mejores", escala puestos en nuestro altar de ídolos personal. El recuerdo se mantendrá en plena forma mientras tenga que competir con un hecho tan real y concreto como GTA: San Andreas, Doom 3 o Half-Life 2. A pesar de jugar a resoluciones de ensueño y con potentes tarjetas gráficas, la comparación entre realidad y recuerdo es desigual. Pero cuando bajamos el recuerdo al terreno de la realidad, con la ayuda de un emulador o de una máquina de aquella época que siga funcionando, descubrimos que los años no han pasado en balde y que el "juego perfecto" que recordábamos se ha visto superado, al menos en todos los aspectos técnicos.

El golpe es de impacto, y a mi me hace replantear muchos otros recuerdos de niñez. Pero como tampoco se trata de escribir un manual de autoayuda (aunque muchos se han hecho millonarios con ellos), la experiencia de este "viaje en el tiempo" también nos descubre una parte positiva. Por increíble que parezca, y con la amplia oferta de títulos que podemos encontrar en cualquier tienda de videojuegos, la potencia de los ordenadores y las consolas actuales y la cantidad de personas que intervienen en el desarrollo de un videojuego, hoy uno puede divertirse con un juego de hace, por decir algo, veinte años. Puede parecer de una evidencia aplastante, y de eso los consultores saben mucho, pero el corazón de un videojuego está en su jugabilidad. Envejecerán los gráficos, los sonidos, las animaciones o los largos tiempos de carga desde una cinta magnética, pero si ahora me pongo a jugar al Space Invaders o al PacMan, volveré a pasar un rato entretenido.

Puede que alguien se lea esta columna y se quede con la idea de que es un homenaje y una reivindicación de los pioneros de los videojuegos, pero no podemos olvidar que también es un tema de actualidad. Y si no, echad un vistazo a los juegos que podéis disfrutar en vuestros teléfonos móviles.