¿Por qué soy importador?
La mayoría puede vivir su afición a los videojuegos perfectamente sin importar un juego en su vida. Si uno apenas puede comprar todo lo que le interesa en las tiendas ¿para qué se va a complicar la vida? Pero algunos no nos conformamos con lo que hay y lo queremos absolutamente todo. Estas son mis razones para ser importador de juegos.
La primera vez que importé un videojuego fue hace muchos años. Andaba absolutamente entusiasmado por un juego que había visto en una revista, ni más ni menos que un cartucho para Super Nintendo basado en Dragon Ball, en la época de máximo apogeo de la serie en Canal 9, el canal autonómico valenciano. Como casi todos los chavales de mi edad por aquel entonces, era un entusiasta de la serie y vivía atormentado por lo que pasaría con Son Gokuh y sus amigos la semana que viene y, si la memoria no me falla, todavía estaba preso de una tremenda excitación después de ver uno de los momentos más épicos y emocionantes que haya visto en cualquier serie, la transformación del protagonista en Super Saiyan en su combate contra Freezer, seguramente el momento cumbre de la serie.
Así que ahí estaba, babeando por ese juego para una consola que tenía, pero que no estaba en las tiendas, había salido en Japón. Todo inocencia, mandé una carta a la revista preguntando cuando saldría en España y aunque no me contestaron a mí directamente, pude obtener la respuesta a través de la carta a otro lector: no aparecería (luego sí apareció por cierto, aunque tardó mucho). Es complicado intentar expresar la frustración que sentía en aquel momento.
Estaba resuelto a conseguir ese juego, organicé un "complejo" plan con mi cumpleaños de por medio y algunos ahorros, miré y remiré las secciones de tiendas de las revistas y movilicé a mi santo padre para que llamara a una tienda de Barcelona (yo vivía en un pequeño pueblo de Alicante) para comprar el juego por correo. 25.000 dolorosas pesetas y dos meses después, un paquete llegó que yo recibí como si me lo hubiera dado los mismísimos Reyes Magos en persona. No sólo era que tenía un nuevo juego, era algo exótico, único, especial la caja era completamente distinta a la que yo estaba acostumbrado, vertical y alargada, mucho más estética que los normales, la ilustración de portada era genial y estaba lleno de esas letras raras que no podía entender por más que lo intentase. Algunos amigos y yo disfrutamos enormemente de ese juego y había razones para ello aparte del propio juego: la dificultad de conseguirlo, la sensación de haber roto barreras y haberse revelado contra el destino (no tan épico quizás, pero algo así).
Pero a pesar de la satisfacción, había algo que no encajaba ¿por qué tanto esfuerzo y dinero para conseguir un juego? ¿por qué no podía ir simplemente a una tienda y comprarlo? A medida que acumulaba revistas iba sabiendo de más títulos que no estaban en las tiendas. Juegos de lucha basados en Ranma y otras series, Final Fantasy, Dragon Quest, Seiken Densetsu 2 y 3, Actraiser, Super Mario RPG juegos de estrategia y simulación como los de ordenador y eso sólo en Super Nintendo (que por ser la consola que tenía le prestaba más atención y además era la época dorada del desarrollo de juego nipón y Super Famicom era la gran protagonista en su mercado natal). Algunos llegaron hasta nuestras fronteras, muy tarde eso sí, pero la inmensa mayoría no.
Durante la época de los 32/64 bits tampoco fue mucho mejor y nombrar la lista de auténticos clásicos que se quedaron fuera de las fronteras europeas es simplemente escandaloso, en parte debido a Saturn y su declive fuera de Japón (aunque también Playstation tiene una larga lista de ilustres que no llegaron a Europa), lo que dejó magníficos títulos sólo al alcance de aquellos que tenían medios de importación a su alcance. Pero había más, en Europa no sólo éramos habitualmente los últimos en recibir los juegos, cuando lo hacían, sino que además éramos recompensados por unos precios desorbitados, especialmente en productos Nintendo. Recuerdo especialmente que después de tener una gran experiencia con Mario 64, mis dos siguientes juegos para Nintendo 64 fueron FIFA 64 y Killer Instinct Gold, en los que me gasté 23.000 pesetas y me dejaron tremendamente decepcionados hasta el punto de que perdí el interés una temporada por los videojuegos.
Así que éste es el trato, te ofrecemos para seleccionar sólo un porcentaje de los juegos que salen en todo el mundo, igual de precio o más caro y habitualmente unos meses o años después de su lanzamieto original. Algunos de los juegos son versiones inferiores por motivos técnicos (relentización, bordes) y puede que algunos de los títulos vengan en tu idioma natal, pero sólo algunos ¿te interesa? no, gracias. Podría pasar de los problemas técnicos (lo que no quita que estén mal y que haya que hacer fuerza para evitar que las compañías caigan en pobres conversiones) y no tengo problemas en esperar unos meses para adquirir un juego respecto su lanzamiento en otro mercado, pero a lo que no estoy dispuesto es que se limiten mis opciones para comprarme el juego que desee o que me digan que tal juego no es para mí porque yo vivo en Europa. No, oiga, no, me da igual que sea un simulador de trenes, el que tiene que decidir si le interesa o no soy yo, no un estudio de mercado que diga que esos juegos no venden aquí.
Lejos está ya la época en la que la importación era toda una aventura de aduanas, llamadas a sitios exóticos y precios disparatados. Una de las cosas buenas de la revolución de Internet y la globalización del mercado es que uno puede comprar prácticamente lo que quiera. Ebay y el fácil acceso a tiendas de importación situadas en Estados Unidos y Hong Kong permiten acceder prácticamente a cualquier título imaginable.
Obviamente tiene sus inconvenientes, uno de ellos es el idioma. Pero incluso con los juegos aparecidos en mi propio mercado, en el pasadoo tuve que enfrentarme a él en multitud de ocasiones por mi desconocimiento del inglés, así que la única novedad es la de otro idioma, el japonés, que no es tanto problema como se puede suponer. Una cosa es entender perfectamente un idioma, otra muy distinta es dominar los conceptos básicos para hacerte con la trama y seguir avanzando. Además, gracias a Internet es fácil ponerte en contacto con comunidades de casi cualquier juego, que te harán la vida más sencilla si te bloqueas en alguna parte.
El actual panorama multiplataforma facilita mucho las cosas. Mi Xbox y mi PC están dedicadas a los juegos occidentales. Una leve modificación en una Gamecube japonesa permite disfrutar de sus juegos americanos y japoneses, cubriendo el 100% de su potencial catálogo y mi PS2 japonesa me permite explorar lo más recóndito del mercado nipón, conseguir buenas ofertas en juegos de Psone antiguos e interesarme por cualquier título sin tener que estar en vilo por saber si alguna distribuidora se decidirá a lanzarlo en Europa (lo que me pasaría si no pudiera adquirir auténticas maravillas como Shin Megami Tensei Nocturne, Venus & Braves o Katamari Damacy). Obviamente es algo que puedes hacer si tu dedicación por los videojuegos es grande y no te importa asumir ciertos riesgos e incomodidades, pero si hay algo que nunca he podido soportar es que limiten mis opciones cuando hay otras posibilidades, es la única razón por la que soy importador habitual y lo seguiré siendo hasta que la oferta de juegos para mis consolas sea la misma estés dónde estés.