Tomás Guarino y la carga de seguir la estela de Super-Javi
El barcelonés, sometido a esa comparativa toda su carrera, afronta desde este jueves los Europeos previos a los Juegos en el mejor momento de su carrera.


A Tomás Guarino (Barcelona, 26 años) le ha tocado asumir la siempre pesada carga para un deportista de cumplir las expectativas fijadas por otros. En su caso, sostener el legado de Javi Fernández, un campeón mundial, europeo y bronce olímpico. La tarea era casi inabarcable y no se ha dejado devorar por ella. Ha hecho su propio camino. El que le ha terminado llevando a su mejor versión en la recta final hacia los Juegos de Invierno de Milán-Cortina. Llegó en los Mundiales del pasado marzo, en Boston (EE UU) en los que acabó 20º y logró la mejor puntuación de su carrera, un 217.48 (74.89 en el programa corto, 142.59 en el largo), además de la plaza para la cita olímpica.
“Sí”, contesta cuando se le pregunta si se encuentra en el cénit de una trayectoria sinuosa. Una que le llevó a competir por Suiza entre 2016 y 2021, durante el prime de Super-Javi, con el que mantiene una relación escueta: “Soy más pequeño que él, y yo volví a España cuando él dejó de patinar, así que sin quererlo nos hemos evitado un poco”. Desde entonces vuelve a representar a España. Y no renuncia a elevar el techo alcanzado el año pasado. “Se puede mejorar todavía, lo hemos visto en los entrenos, falta un poco poner todo junto. Tenemos las piezas, hay que ponerlas juntas y construir”, asegura con una sonrisa imperturbable a este diario durante la presentación del equipo olímpico de patinaje en Madrid. Uno histórico, pues nunca antes se habían clasificado dos parejas en danza (Sofía Val y Asaf Kazimov y Olivia Smart y Tim Dieck). Ambas están en los Europeos que arrancan este miércoles en Sheffield (Reino Unido) junto a Guarino (el programa corto el jueves desde las 13:00, el largo el sábado desde la misma hora) y Ariadna Gupta, los solistas.
Guarino entrena en Turín (Italia). Nunca habría podido hacerlo con garantías en su Barcelona natal. Es la paradoja del hielo español. De los que irán a los Juegos solo Val y Kazimov se preparan dentro de sus fronteras, y desde hace poco, gracias a la escuela puesta en marcha en Madrid por Sara Hurtado. “El patinaje artístico es un deporte muy joven. Es decir, los atletas llegamos a nuestro mejor nivel a los 20, 25. No tienes muchos deportistas de 40, como en otros deportes, o 30 y pico. Eso hace que se tenga que mejorar muy joven. Si no disponemos de estas infraestructuras en el país, cuando uno tiene 10, 12, 13 años, es difícil irse a otro sitio a entrenarse”, se queja Tomás, que el mes que viene competirá a escasos 140 kilómetros de su base de operaciones, en Milán.
El programa de los Europeos
Miércoles 14
13:00-16:00 | Programa corto parejas
17:00-22:00 | Programa corto femenino
Jueves 15
13:00-18:00 | Programa corto masculino
19:00-22:00 | Programa largo parejas
Viernes 16
12:00-17:00 | Danza rítmica
18:00-22:00 | Programa largo femenino
Sábado 17
13:00-17:00 | Programa largo masculino
18:30-22:00 | Danza libre
“La presión al máximo” que experimenta ya en estas fechas no le quita “las ganas” de afrontar su primera experiencia olímpica, que además se dará en una edición especial para esta disciplina por la presencia del fenómeno Malinin. “Está llevando lo técnico a niveles que hipotéticamente se conocían, pero nunca nadie había conseguido alcanzar. Hace cosas que nadie había hecho. Y encima dice que hasta los Juegos va con calma, que no quiere tampoco machacarse mucho para no arriesgar a lesionarse. Así que uno se pregunta qué va a pasar, asusta un poco. Lo bueno es que nos empuja a seguir mejorando. Si no hay nadie que llegue a nuevas metas, nadie va a seguir intentando superarlo”, tercia sobre el estadounidense Guarino, que se identifica con él en el sentido de que también sitúa su fuerte en la parte “técnica” por encima de la artística. “Con la edad, con la madurez, he ido un poco cambiando, digamos equilibrándome, y espero seguir creciendo en los dos ámbitos, no solo en uno y dejar el otro atrás. Que eso es un poco lo que le achaca mucha gente a Malinin, que destaca mucho en la técnica, pero que tiene que crecer mucho en la parte artística”.
Esa última es el gran desafío de un solista, expone Guarino. No vale con ejecutar, hay que transmitir. Es lo que diferencia a estos atletas de un jugador de fútbol, baloncesto o tenis. Su trabajo no obliga a despertar emociones en el espectador. El de Guarino sí. “Nadal no hace falta que te transmita nada, él tiene que ganar. No tiene que impresionar a la gente. Es un deporte en el que no importa cómo te ven los otros. Pero como patinador, lo que haces sentir forma parte de tu ejercicio. Nosotros tenemos que producir un elemento técnico, un elemento difícil, un esfuerzo, pero sin que se note ese esfuerzo. Tiene que parecer fácil, tiene que parecer armonioso con el resto de la coreografía. Así que hay eso de cerrarse un poco, concentrarse, meterse en una burbuja y al mismo tiempo abrirse lo suficiente para dejar salir todas las emociones que le llegan al público, a los jueces y a todo el mundo”, explica.
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De ahí que su meta en unos Juegos en los que las medallas, terreno que en el patinaje artístico español solo ha conocido Super-Javi, son inalcanzables, esté más en la autorrealización que en el resultado. “Espero dar lo mejor, conseguir todos los elementos técnicos combinados con la coreografía, transmitir al público, ver que después de cada salto la gente me empuja, baila conmigo, me anima. Quiero llegar al final del programa y que todo el mundo, yo el primero, haya pasado un momentazo sobre el hielo”.
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