Poirier se va por la puerta grande y Holloway sigue siendo “el más malo”
El hawaiano se impuso por decisión unánime en el cierre de la trilogía en el UFC 318 y ‘El Diamante’ dice adiós de la mejor manera.


Dustin Poirier no podría haberse despedido de mejor manera. El Diamante se quitó las guantillas y las dejó en el centro del octágono tras 16 años de carrera en las artes marciales mixtas. A pesar de que Max Holloway se impuso por decisión unánime (48-47, 49-46 y 49-46) para conseguir su primera victoria en la trilogía que les enfrentó y retener su título BMF (que designa al peleador “más malo” de la compañía), en el UFC 318, la derrota no manchó la gran noche del estadounidense, que dijo adiós entre lágrimas y dándose un baño de masas.
Laying the gloves down 🫡
— UFC (@ufc) July 20, 2025
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“Haced más ruido. Esto no es suficiente. Este tío es el GOAT”, gritó al público Holloway tras volver a tener entre sus manos el cinturón BMF. Como era de esperar, los luchadores no defraudaron y ofrecieron un combate que fue una auténtica locura. Poirier salió firme, haciéndose con el control del centro de la jaula y persiguiendo al hawaiano, que se desplazaba y lanzaba patadas a las rodillas del peleador local. Con un directo de derecha, Holloway le cazó, mandándole a la lona sentado y dejándole muy tocado. Pudo salir contra todo pronóstico de la difícil situación. El Diamante iba entrando y saliendo, para quedar fuera del alcance de las manos del hawaiano, que iba cambiando la altura de sus golpes. El primer round fue claramente para Blessed. En el segundo, Poirier salió recuperado, pero no le duro mucho el ímpetu. Max volvía a imponerse en los intercambios con unas manos peligrosas y muy rápidas, y, con un derechazo, lo dejó tocado nuevamente. Insistió en el castigo el hawaiano y Dustin se agarró como pudo para salvarse. Fueron al suelo y Holloway le atrapó la espalda, buscando la finalización, pero el local consiguió la media guardia. Poirier le dio la vuelta al round con dos izquierdas que dejaron sentado y mareado al campeón. Intentó la guillotina, pero se interpuso la campana.
El combate era una locura, intercambiaban constantemente. El Diamante encontró su distancia con el jab, y Holloway todavía estaba un poco tocado. Presentó un boxeo impecable, pero, con una serie de rectos de izquierda y derecha, el hawaiano le hizo retroceder. Ambos llegaban con manos claras, la cosa podía caer para cualquier lado. Poirier fue remontando la pelea, y se mostraba más tranquilo en los primeros minutos del cuarto round, que fue el más igualado. Los intercambios cada vez eran más duros e iban alternando los aciertos. Cada golpe marcaba la diferencia, el combate estaba siendo muy cerrado en los compases finales y todo contaba. A 10 segundos del final, Max lo hizo: señaló el centro de la jaula para cruzar a morir. El broche perfecto para cerrar un pleito inolvidable.
FOREVER LINKED 🤝@BlessedMMA & @DustinPoirier go the distance at #UFC318! pic.twitter.com/j2o03hFE3G
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Poirier se despidió como quería. “Me esperaba una pelea así. Ha sido complicado. Esquiva, es rápido... Es uno de los más buenos. Ha sido abrumador. Me he sentido muy apreciado, siempre iba a por las peleas. Esta semana he sentido el amor de los fans, de Luisiana y la compañía. Ha sido increíble. Soy un niño viviendo su sueño, lanzando puñetazos y rodillas“, declaró El Diamante. Tras ver un vídeo homenaje lleno de los campeones de la UFC, habiendo hecho 31 peleas, habiéndose proclamado campeón interino del peso ligero y habiéndose enfrentado a los más grandes, el estadounidense se quitó las guantillas y las dejó en el centro del octágono entre lágrimas. La despedida de una leyenda que era querida por todo el mundo.
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