Piragüismo | Diego Domínguez

La vida de un medallista olímpico fuera del período olímpico

Los entrenamientos del piragüista Diego Domínguez, bronce en los últimos Juegos de París en C2 500, no cesan. Los Ángeles 2028 están en la mira.

Diego Domínguez, en una charla en el Hotel Mencey de Santa Cruz de Tenerife dentro del ciclo ‘Isla Olímpica’.
Alejandro Skale
Nacido en Argentina, llegó a España en enero de 2001 y se incorporó al Diario AS en 2005 para informar de la actualidad del CD Tenerife como redactor-colaborador. También informó del Raqui San Isidro cuando militó el Segunda División B (2005/06 y 2007/08). Es licenciado en Periodismo Deportivo por DeporTea (Buenos Aires), egresando en 1996.
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Hace poco más de un año -8 de agosto de 2024-, Diego Domínguez tocaba el cielo con las manos. Junto a su compañero Joan Moreno lograron la medalla de bronce en la modalidad C2 500 de piragüismo en los Juegos Olímpicos de París. Tras estar unas semanas en boca de muchos, todo volvió a la normalidad y son pocos los que recuerdan aquella carrera que se decidió por milésimas.

Así es la vida de muchos de los atletas olímpicos. Del estrellato al anonimato. “Aquel día tenía miles de mensajes de un montón de personas. No pude responderle a todos. Incluso a algunos les estoy respondiendo ahora, cuando me encuentro con otros mensajes”, contó con sinceridad el deportista.

El madrileño ofreció una charla en el Hotel Mencey de Santa Cruz de Tenerife dentro del ciclo ‘Isla Olímpica’ en el que relató los detalles de aquella gesta y de como es la vida fuera del período olímpico. Cercano, maduro y con las ideas claras, atrajo la atención de los más de 50 presentes en el salón, entre ellas las futbolistas Noelia y Natalia Ramos.

Admitió ser muy familiar, que se cuida como si fuera a competir al día siguiente, que ha quitado el gluten de su dieta y que el descanso es muy importante. “Para no oír nada que me moleste, duermo con tapones en los oídos”, reveló el madrileño quien vive en Mallorca donde entrena junto a su compañero.

Diego contó que empezó en el deporte de casualidad ya que le gustaba más el fútbol. “Fue mi padre quien me animó para que empezara a remar. Yo tenía seis años y al principio no me gustaba mucho. Mira por donde, al final su insistencia tuvo premio. Gran parte de la medalla de bronce que logré es de él”, confió.

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La pasión que le pone a todo ha permitido que haya tenido tiempo para estudiar la carrera de Publicidad, sin perder de vista su objetivo en el agua. Mirando hacia adelante, tiene claro lo que quiere: “todavía queda mucho, pero mi sueño es ir a Los Ángeles 2028 y disfrutar”. Para ello trabaja, sin pausa, pero sin prisa.

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