Iñaki Urdangarin: “En la cárcel jugaba al balonmano solo”
Este jueves sale a la venta el libro de Iñaki Urdangarin, ‘Todo lo vivido’, donde explica y expía su vida de manera sincera y cruda. Desde sus inicios en el deporte hasta su entrada en prisión, pasando por su matrimonio. Una relato que dará que hablar y que ha querido compartir con AS


Iñaki Urdangarin (Zumárraga, 1968) publica hoy ‘Todo lo vivido’ (Grijalbo), un libro de vivencias más que de memorias en el que quiere tomar la palabra y explicar su historia, que ha sido relatada por mucha gente. Ahora habla él. Y habla muy claro. Sobre su divorcio, sobre el ‘Caso Noos’, sobre la Familia Real y la familia real (parecido, pero no lo mismo) y sobre los errores que asume y por lo que defiende que ha pagado mucho más de lo que tocaba. Un buen libro que, por curiosidades de la vida, lo ha escrito alguien al que conocí de niño compartiendo patio, pupitre, misa, filas de a dos, bata y comedor. Y que me dejó claro que, como enésimo suplente suyo en el equipo del cole de balonmano, no iba a jugar ni un minuto. Dejé eso del balonmano en cuanto le vi romper la red de una portería con 12 años cuan yo ni llegaba a bombear la pelota. Nos encontramos años después en la sede de la editorial que le publica el libro.
Vamos a empezar por el principio que sólo entendemos los que estuvimos en ese cole.
A ver con qué sales.
¿El señor Robles?
Sí, el encargado de los vestuarios. Una gran persona y una mala leche terrible. Le faltaban tres dedos de una mano y nos gritaba para que nos fuéramos de los vestuarios dando golpes a las paredes con un stick de hockey.
“Dos minutos y tos pafuera”, gritaba, y luego me ha gustado mucho su recuerdo a Ramon Grau, profe de biología y entrenador de ese equipo. ¿Qué recuerda de él?
Pues que fue el primero que me dijo que me podía dedicar al balonmano. Más allá de Josep Maria Planells, que fue el primero.
¿Por qué el balonmano, porque recuerdo que su hermana jugaba a voley?
Me asombra tu memoria. Mi hermana jugaba a voley, pero mi hermano mayor jugaba a balonmano y yo tenía que esperar para volver a casa y estaba sentado sin hacer nada en la banda esperando para que acabara el entrenamiento para volver juntos a casa. Y un día el entrenador de mi hermano me dice que me sume al entreno. Y ahí empezó todo. Esos tres pasos entre la banda y la pista cambiaron mi vida.
Y son los que me dejaron claro a mí que nunca podría jugar a esto.
Ni me acordaba, pero tú debías estar en el ‘Viejo Pop’ tomando cervezas mientras yo entrenaba. Pero es que ese equipo era muy bueno y Grau hizo un milagro llegando a la final de Barcelona escolar contra el SAFA.
Que entrenaba Valero Ribera y donde el portero era un tal David Barrufet.
Sí, ahí empezó todo. Luego Valero fue al juvenil del Barça y me hizo la oferta de ir con ellos, pero me mudé a Vitoria por motivos laborales de mi padre. Yo quería quedarme, pero los estudios eran lo primero
¿Ahí se sentía ya una estrella? Porque para el resto de compañeros lo era.
No. Ahí Ramon Grau formó un equipo tremendo. Recordarás a Fontdevila, Albert Traveria, Jordi Pujol, Carles Mompart, Serrahima...
¿Se acuerda de todos?
Cómo olvidarse.
¿Y cuando se reencuentra con Valero en el Barça se adapta a la disciplina?
A ver, yo siempre he sido un chico obediente. Al principio costaba porque la dinámica era diferente de la de Vitoria, pero dio resultados. Fue disciplina e innovación. Un diseño de jugadores para hacerlo todo entre estrellas y cantera.
¿La clave del que lo cambió todo fue Vujovic?
Lo importante era su rol. Podía ser estrella porque era el mejor o hacer lo que hizo, estrella formadora. Nos movía a todo, nos movía, nos explicaba, era una persona de vestuario absoluta. Era un líder de equipo total.
¿Esa disciplina es la que te ayudó en los peores momentos en la cárcel?
Es una de las claves, el ADN deportivo te ayuda a sobrevivir a través de la disciplina para luchar, porque sabes que hay gente fuera que es un equipo. Eso te da mucho valor. Y el amor. Porque están detrás tus seres queridos.

¿La bicicleta estática y la pelota que le regaló Barrufet le hicieron la vida más fácil?
Absolutamente. Los primeros meses en la prisión fueron muy duros. Me cruzaba el patio solo, en círculo, en zig-zag, en un sentido y en otro, y luego logré la bicicleta estática, con la que imaginaba contrarrelojes, etapas alpinas, clásicas o sprints. Todo está en la cabeza.
¿Y la pelota?
Me la regaló David Barrufet en una visita que me hizo a la prisión. Me iba al pabellón a jugar a balonmano.
¿Solo?
Sí, claro, no había portero.
No me extraña, yo que le he visto tirar no me pondría bajo palos...
Pero nos la podríamos haber pasado, hacía jugadas combinando contra la pared, imaginando defensas como imaginaba etapas en la bici estática, sorteando defensas o haciendo puntería a los ángulos de la portería.
¿Acertaba?
La mayoría de veces sí, pero estaba un tanto oxidado.
¿Sigue haciendo deporte, juega a balonmano en pachangas como hacen los futbolistas?
No, nos haríamos daño.
¿Lo dice por las viejas rivalidades que había en el equipo y que hay facturitas por pasar?
¡Noooo! El balonmano es un deporte muy duro, de contacto y frenazos y aceleraciones..., nos podríamos lesionar. Preferimos quedar para cenar.
¿Y ahora hace deporte? ¿Esquí, vela, polo, esas cosas de nobles?
En mi vida he jugado al polo. Hago bicicleta, raqueta y mantenimiento físico.
Regresando al equipo, ¿cómo afecto al grupo el anuncio oficial de que usted iba a casarse con la Infanta?
Tengo que decir que en general bien, lo sabían muy pocos en el vestuario, pero un día se destapó la noticia y la prensa empezó a estar encima nuestro.
¿A Valero le sentó como un tiro?
No lo sé, tuvimos nuestras diferencias, porque a un entrenador que tiene un equipo que funciona como funcionaba ese es lógico que le moleste que haya interferencias.
Usted estuvo a punto de irse a la calle y no renovar, y lo solventó con unas toallas. ¿Me explica la historia?
A ver, hay un momento en mi relación con Valero que no sé si es él o soy yo. Yo sentía que no confiaba en mí y él debía sentir que yo no estaba para lo que estaba. Y tenía que renovar. Situación tensa. Entonces, el doctor Gutiérrez, Guti, me dice un día en el vestuario: “En el vestuario de los técnicos hacen falta toallas, llévalas”. Y yo no entendí nada.
¿Se sintió menospreciado por llevar toallas?
No, simplemente no entendía nada. No entendía que llevar unas toallas me fuera a servir de algo. Pero al Guti siempre hay que hacerle caso. Así que las cogí, las llevé y a Valero le cambió la cara. Vio que no tenía ego, que estaba dispuesto a hacer lo que fuera y renové.
Volvamos al salseo, después usted empezó a ir entrenar con escolta.
Eran unos grandes profesionales y el club se portó extraordinariamente conmigo y se entendieron, era un cambio en el que todo el mundo colaboró y nunca les podré estar suficientemente agradecido.

Y mientras todo eso pasa en la prisión, ve a su hijo Pablo como jugador de balonmano. ¿Cómo lo vive?
Son tantas coincidencias que su proceso se parece mucho al mío. Ha vivido en ciudades donde el balonmano es residual, ha tenido que espabilarse y ha dudado de si seguir ese camino. Es zurdo como yo, juega de lateral derecho como hacía yo, se repiten tantas cosas que me da una cosa que no sé explicar más allá del orgullo.
Y a su favor tiene que la exposición mediática le viene de marca, no como a usted que le pilló de sorpresa.
Él la conoce desde pequeño, sí.
Porque repasando una entrevista que dio a este diario una semana antes de casarse con la infanta dio un titular tremendo.
A ver que me sacas.
La entrevista de Josep Margalef se titula: “La boda no va cambiar nada”. ¿Lo volvería a decir?
Era con respecto al balonmano, claro. Es que se generaron muchas dudas de si podría compatibilizar mi vida deportiva con mi vida privada. Dudas respecto a la seguridad, los pabellones, el rendimiento, pero como te he dicho antes todo el mundo cerró filas con el equipo y facilitaron el trabajo. Ese no fue el problema.
¿Esa experiencia te sirve para tu tarea actual de coaching?
Los entrenadores piensan una cosa y tú a veces piensas otra. Y ahora asesoro a jugadores y a equipos. La falta de una comunicación honesta y transparente dificulta las cosas y eso es lo que pasó en ese momento. Y yo ahora sé ver esas cosas.
¿Es éste el proyecto que estás montando ahora con Ferran Martínez?
Sí, estamos en eso.
Pero, permita la pregunta: ¿su caso no es comparable al de otros que se retiran? Usted paso de exjugador a jefazo de empresa.
En el libro ya digo que ese fue uno de mis errores. Fui antes obispo que monaguillo.
¿Qué echa de menos un deportista de élite cuando se retira? ¿La formación, los focos, la atención, la adrenalina, los compañeros...?
Sigue, sigue que vas bien. Se apagan los focos, las emociones, tu agente te deja, el público ya no te sigue, estás acostumbrado a unos gastos que ya no puedes mantener. No entiendes las capacidades que tienes.
¿Falta humildad?
Puede. No hay que dejar nunca de estudiar. En nuestra época no había formación on-line ni nada de esto, pero lo hacíamos. El deportista a veces es un poco víctima.
Pero su caso es diferente, se retiró siendo estrella. Deportiva y social.
Es muy relativo. Yo en la cárcel tuve que cambiar el paradigma. Mi reto era hacer un día completo en soledad para irme a dormir bien. Mentalmente cansado, físicamente cansado.
Usted que ha sido olímpico, ¿sigue creyendo en los valores olímpicos?
Los Juegos son los mejor, universales. Creo en ellos.
¿No ve un negocio gigantesco?
La barrera entre el negocio y el deporte... hay que pensar más en lo positivo que en lo negativo. Para cualquier joven que estamos entrevistando en Beevolutive para nuestro programa nos dice que su meta son los Juegos Olímpicos
Menos los futbolistas que quieren ser millonarios, ¿no?
El fútbol es la minoría de los deportistas de élite. Es un caso aparte.
¿La cárcel sirve de algo?
Esta es buena (piensa), la cárcel como... si hay delitos de sangre, un paso por la cárcel puede ser conveniente para que el entorno de la víctima no sufra. También con enfermedades mentales, pero en otro tipo de delitos como el que yo he vivido la cárcel no ayuda.
¿Te tienes que ayudar ti mismo o ayuda la cárcel?
Depende cómo te lo plantees. Si te lo planteas como abandono, es mucho más duro y no saldrás mejor de cómo entraste.
¿Incluso estando solo en un módulo?
Es un castigo y una oportunidad de sacar el mayor provecho y construir una nueva oportunidad. Estar solo no te lo imaginas.
¿Se sintió indefenso en su retirada, como otros?
Depende. Creo que te refieres a futbolistas. Pero necesitan acompañamiento.
Acabemos: ¿qué es el Palau para usted?
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Mi casa. Y si construyen otro, que me guarden la camiseta, algo que valoro mucho a los dos presidentes que resistieron.
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