El sueño olímpico de El Langui: “La boccia es el ajedrez de las bolas”
El actor y cantante no se cansa de ponerse retos, el último uno deportivo con el que aspira a ir a los Juegos Paralímpicos. Charla con AS sobre su nueva ilusión.

Juan Manuel Montilla Macarrón (01/11/1979) cita a AS en ‘Pan Bendito Records’, su estudio de grabación en el barrio que le vio nacer y crecer. Es una celebridad en varios ámbitos, pero los orígenes siguen tatuados en el ADN de El Langui. Y sus amigos cercanos que le acompañan son los de siempre. Bajo la lluvia de Madrid aparece con su moto, “mi Hummer”. Cercano, humilde, real, auténtico. Su nuevo reto tras triunfar en la música o la interpretación es la boccia, un deporte paralímpico de precisión y estrategia cuya práctica está destinada a personas con parálisis cerebral y discapacidad física con un elevado nivel de afectación funcional. Juanma es categoría BC1 y su desembarco en el deporte ha sido por todo lo alto con medallas nacionales (es el actual número 3 del ranking) e internacionales. En el World Challenger de Olbia (Italia), con la indumentaria de la Selección y bajo las órdenes de María Valdés Martín (seleccionadora nacional de boccia en la Federación Española de Deportes de personas con parálisis cerebral y daño cerebral adquirido), fue bronce individual y oro por equipos (junto a Desirée Segarra y Ainhoa Meñaka). El sueño de representar a España en unos Juegos Paralímpicos no es una utopía, pero lo consiga o no, El Langui es fiel a sí mismo como demuestra en esta entrevista.

-Dos Goya, un MTV, estrella en la tele, cine y música, escritor, director, guionista... y por si faltaban desafíos decide desembarcar en el deporte con un reto ilusionante en la boccia. No sé si alguna vez estuvo en sus planes el deporte...
-(Risas). Llevo treinta años sin hacer deporte, que sí me acompañó en mi primera etapa de vida. Desde los 4 ó 5 añitos hasta los 12 jugaba al fútbol, en los recreos. Mi enfermedad, mi discapacidad, no es degenerativa, pero no tengo la misma agilidad con 46 años que la que tenía de niño. Como te pasará a ti, imagino. El fútbol lo que me hacía superarme, aprender a buscar mis mañas para vestirme, para ponerme los calcetines y las zapatillas, levantarme del suelo, integrarme... Evidentemente nunca pensé en dedicarme, pero ahí con 12 me di contra el muro de ver que no podría jugar ni en el equipo de mi barrio. Mis amigos empezaron a hacer pruebas y a mí me decían: ‘¿Puedes esperarte fuera?’. Por aquel entonces el deporte adaptado no tenía la visibilidad de ahora. Solamente sabía que había baloncesto en silla de ruedas y yo ni me veía capaz de menear una silla para tirar. Y entré en barrena, nada me motivaba, hasta que descubrí el hip hop. Me enganché al rap como cuando me había enganchado al fútbol. De repente hace un año y pico se puso en contacto Raúl, más conocido como Champi dentro del mundo de la boccia, que es técnico de la selección española y quien lidera el proyecto Lanzadera Deportiva, que capta a personas con discapacidad y las reconducen para hacer deporte adaptado. Me escribió para preguntarme si hacía deporte. Le contesté que no había ninguno para mí y me dijo: ‘¡Cómo que no! ¿Conoces la boccia?’. Y de repente ahí comenzó todo.
-Pero sí había tenido algún contacto con el deporte paralímpico cuando hizo la canción de Río 2016, ¿verdad?
-Sí, sí. Ahí tuve contacto con deportistas paralímpicos y lo flipé Teresa Perales, Ricardo Ten, David Casinos... Los miraba y pensé: ‘¡Cómo molaría hacer deporte!’. Los veía a todos concentrados, hablando del deporte con el nerviosismo de que se iban a unos Juegos Paralímpicos... Ellos me pedían a mí la foto y yo lo flipaba pensando: ‘Pero si la foto te la tengo que pedir yo a ti, que me encantaría estar en tu pellejo’. Recuerdo que también vi a deportistas de boccia y recuerdo que les dije: ‘¿Cómo puedo yo hacer esto?’. Luego pensé sería imposible compatibilizarlo con la gira, conciertos, rodajes... Si me dieran a elegir otra vida, diría deportista... y de repente un tiempo después he vestido el chándal de la Selección.
“Sueño con ellos, y también con un Mundial, pero es que me da mucho respeto hablar de ello”.
Juegos Paralímpicos
-Empieza a competir... y a ganar medallas. Sé que no le gusta hablar de los Juegos Paralímpicos de 2028, pero ahora mismo está en una posición que le permite soñar con ello.
-Es cierto. No sólo con Los Ángeles, también con un Mundial. No es que no me guste hablar de ello, es que me da mucho respeto. Cuando los medios me llamáis para hacer una entrevista la hago gustosamente porque sé que dará visibilidad a la boccia, pero yo acabo de llegar. Hay un montón de deportistas paralímpicos que están consiguiendo medallas internacionales y no tienen tanto reconocimiento ni atención. Yo voy a estar listo para la Selección siempre que me convoquen e intentaré dar el 200% para ayudar al equipo español a que puntúe y opte a lograr plazas en el Mundial, Paralímpicos... Hay que tocar podios y colgarse medallas para conseguir estos retos. Y luego si se consigue la plaza para Los Ángeles y voy, maravilloso; pero si deciden que no vaya tendré que saber gestionar eso (risas). De todas formas, soy joven, tengo 46 años, la boccia no tiene edad y me quedan como mínimo dos ciclos olímpicos.
-Entiendo ese respeto del que habla, pero también que alguien con su trayectoria y éxito esté en este deporte eleva exponencialmente la repercusión y eso ayudará a otros deportistas.
-Por eso creo que es mi obligación atender a los medios para hablar de ello aunque vaya a mil con muchas cosas a la vez. De repente voy por mi barrio y la gente me habla de la boccia. Para mí es muy positivo ver el alcance que puede llegar a tener. A mí me ha cambiado el día a día, como los hábitos saludables para intentar comer sano o hacer ejercicio para estar en la mejor forma posible. Además, no solo compito en individual y eso conlleva también trabajar en equipo. La boccia tiene una parte de estrategia brutal, es el ajedrez de las bolas.
-¿Les molesta entonces que lo comparen con la petanca?
-A mí no. La petanca es un gran juego y tengo buenos amigos que juegan. Es cierto que es similar aparentemente, pero las reglas son diferentes. Se juega en interior, con el doble de bolas y estas entre ellas de diferente gramaje, tacto y peso o otro tipo de asfalto, otro tipo de suelo 6 bolas en la petanca son 3 aquí son 6, diferente gramaje y peso de bola, distinto tacto, diversas distancias...

-El Langui siempre ha sido muy reivindicativo: con la defensa de su barrio, para ayudar a las personas con discapacidad, con campañas de acoso escolar contra el bullying en los colegios, y ahora con la boccia. Imagino que debe sentirse muy orgulloso al ver que se convierte en un referente en todo los ámbitos que toca y que la gente le sigue, le apoya y le admira.
-Por supuesto. Ese reconocimiento mola mucho porque a ti te da una energía extra cuando a lo mejor no llevas un buen día o estás un poco chungo. Estás tirando con tu motillo y te para uno y te saluda, otro te da la enhorabuena, otro te anima con un ‘adelante campeón’... Soy un privilegiado. A mi madre o a mis colegas nadie les va animando por la calle y a lo mejor tienen un día jodido. Ese aliento que yo recibo me hace crecer. Al final, El Langui es la figura que la gente ha visto crecer con esfuerzo desde un barrio humilde. Y cuando hemos tenido la oportunidad hemos reivindicado y luchado por derechos que creíamos fundamentales, ya no solamente en el mundo de la discapacidad sino en general. Creo que todo eso, les guste más o menos tu trabajo, hace que a la gente le mole, simpatice y vaya contigo.
-¿Ser un referente no es una enorme responsabilidad?
-Sí, sí. Por supuesto. Cada movimiento que haces queda grabada y quedas expuesto. Sabes que lo que dices tiene consecuencia debes tener ese punto de cuidado. Pensar ¿por qué lo voy a hacer?, ¿cómo lo voy a hacer y si debería hacerlo? A veces valoras ‘no mojarte’, pero... ¿cómo no me voy a mojar? Por ejemplo todo el movidón con lo de los autobuses interurbanos. Claro que me podía coger un taxi, un Uber, un coche de producción o llamar a mi mujer para que viniera a buscarme, pero dije: ‘Hoy me voy a coger el transporte público’. Y me encontré con todo el lío viendo a la gente con discapacidad de la periferia que ya no podía coger su bus con la silla de ruedas motorizada con baterías. Las asociaciones llevan reivindicando un año y al final se consiguió cambiar en tres días, pero a mí me llegó la multa por parar los autobuses, ¿eh? Y la pagué. Tengo la posibilidad de que los medios me den altavoz. A mí si fuera anónimo me gustaría que alguien con visibilidad hiciera estas cosas aunque a él no le afecte tanto. Intento devolver un poco lo que me ha dado la vida para favorecer a los demás.
“El Juanma de 12 años fliparía con todo lo que ha conseguido el de 46″.
Sueños de infancia
-¿Y echa en falta que otra gente pública lo haga más también?
-Es que es difícil y tampoco tienen por qué hacerlo. La cosa se ha puesto muy complicada en algunos sentidos. Comprendo y entiendo que cada uno maneje las ganas que tenga de mojarse y lo que eso significará después si lo haces.
-Hablaba al principio de cuando eras pequeño. ¿Qué pensaría el Juanma de 12 años de lo que ha conseguido el de 46?
-Fliparía. Al final, aunque ahora estoy viviendo en Málaga, ando mucho por Pan Bendito que es mi cuartel general cuando vengo a Madrid. Ahora mismo estamos en el estudio de grabación aquí, al lado tengo mi loft y a la vuelta la casa de mis padres. Paso mucho por las calles donde he jugado, donde yo me he caído y he tardado veinte minutos en levantarme del suelo si no pasaba nadie por la calle, donde he estado sentado en una regadera con mi cuaderno escribiendo mis rimas con mi perro Jackie... Pienso mucho y digo: ‘Ostras, conseguí grabar discos y dar giras con mi grupo ‘La Excepción’, he hecho pelis... Lo hablo con mis colegas de siempre que me dicen: ‘¡Qué cabrón, cómo ha llegado hasta ahí!’. Y ahora aparece la bocchia. Estoy con muchos proyectos, empezando a dirigir... pero es que el deporte tiene un punch que no lo tiene el resto de cosas, ¿no crees?
-Desde fuera da la sensación de que una de las claves de su éxito es esa pelea continua por conseguir las metas. Y a su vez, la explicación de que siga siendo el mismo de siempre, sin olvidad las dificultades del pasado ni olvidar lo que le ha costado, la gente que estaba ahí junto a usted... Agarrarse a todo eso hace que El Langui tenga los pies en la tierra y le ayuda a seguir avanzando.
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-Exacto, así es. Yo necesito agarrarme a mi pasado, a mis raíces, a donde he crecido y con la gente que he crecido. Para que todo tenga sentido y que me vayan bien las cosas, como así ha sido. He salido del barrio y me compré mi chalecito fuera de Pan Bendito, a 25 kilómetros, en San Martín de la Vega, pero en el momento en el que podía venía al barrio con mis hijos y estaba en mi estudio, yendo al fútbol con los amigos o tomando el cocido con mi madre. Ahora vivo en San Pedro de Alcántara y estoy guay, pero necesito venir asiduamente a Pan Bendito. Necesito ese contacto para cuando me pongo a hacer canciones con el boli y el papel tengo que tener esa verdad para que tenga sentido. Yo no voy nunca a camuflar mi verdad ni mi pasado.
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