Waterpolo

El adiós de una leyenda

Claudio Camarena se despide de 46 años en los banquillos y casi 60 ligado al waterpolo. Un currículum inabarcable que incluye una plata olímpica y una figura clave en el deporte del balón amarillo.

Claudio Camarena, en el homenaje que le realizó la Federación Madrileña de Natación en Alcorcón. Le acompañan Alfredo Gómez, presidente de la institución, y Candelaria Testa, exnadadora y alcaldesa del municipio.
Alberto Clemente
Redactor de Baloncesto
Alberto Clemente es licenciado en Historia y Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos. Empezó su andadura en el periodismo en Cadena SER, donde estuvo de mayo de 2018 a enero de 2019, desempeñando sus funciones en la web, dentro de la sección de deportes. Tras dicha estancia, pasó a formar parte de As, siendo parte de la sección de baloncesto.
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Las figuras más apasionantes del deporte son las que se dedican a algo porque sí. Las que se levantan cada día con una sonrisa para hacer aquello que aman, que luchan contra viento y marea, que consiguen exprimir al máximo cada aliento vital para darse a los demás sin esperar (y muchas veces sin recibir) nada a cambio. Las que sienten y padecen, las que pelean por una causa, y las que la defienden hasta las últimas consecuencias. Y las que no desean que la luz de los focos les apunte directamente hasta cegarlos: prefieren estar en un sitio más cómodo, donde haya espacio para estirar las piernas y compartir una sabiduría infinita con quien se cruce en su camino. Figuras que no buscan exposición ni aplausos. Porque no hacen lo que hacen para conseguir eso. Lo hacen por mucho más. Por algo que parece que se ha olvidado, pero que es lo que mueve el mundo. La pasión.

En cualquier deporte generalista, Claudio Camarena sería un hombre al que la gente le pediría una foto por la calle o en un restaurante. Pero él nunca ha querido eso; algo que por otra parte es muy difícil de ver en un deporte tristemente minoritario como el waterpolo. Pero también de nicho, de conocerse unos a otros, de pelear por una causa que, en última instancia, es la misma. “He tenido la suerte de vivir de lo que me gusta. Y soy una persona que se ha dedicado al waterpolo con una ilusión y una pasión tremendas”. Son las palabras del ya exentrenador, que atendió a AS en Boadilla, donde reside. En el Parque Móvil de Madrid se metió a una piscina con apenas 4 años. Ahora, va camino de los 66 y da un paso a un lado, dejando el que ha sido el último cargo de una carrera deportiva que se extiende por 46 años en los banquillos. Y casi 60 ligado al waterpolo. Cuatro décadas. Toda una vida.

Su currículum es inabarcable: empezó haciendo natación, y a los 14 años empezó a jugar al waterpolo en Boadilla. En 1980, empieza a sentar las bases de lo que luego se convertiría en el Ondarreta. Y estuvo ligado al mítico club madrileño hasta 2007, siendo esa la que define como su etapa más gratificante. Entrenó a equipos masculinos y femeninos, se desempeñó como Director Deportivo y estuvo involucrado en la historia, la que hizo la sección femenina al ganar la Liga de 2006 (la única de la historia que llevó el nombre de un club no catalán) y las Copas de 2006 y 2007. De 2003 a 2005 ya tiene sus primeros contactos con la Federación Madrileña de Natación, a la que entra definitivamente en enero 2008. Y hasta ahora: casi 18 años dirigiendo algunos de los primeros pasos de niñas que se convertirían en mujeres en el organismo federativo. Y convirtiéndose en el proceso en uno de los principales impulsores del waterpolo femenino español.

Eso sí, es crítico con todo lo que ha vivido en primera persona: “El waterpolo es un deporte que ha tenido siete ocho cambios a nivel de juego en todo este tiempo, a nivel de normativa y de reglamento. Si lo a Madrid, ha evolucionado mucho en cuanto a calidad de entrenamiento, pero con los mismos problemas que teníamos cuando yo empecé. Nos faltan instalaciones, no tenemos recursos y faltan clubes. En eso hemos mejorado muy poco”, asegura Claudio, que además de entrenador es profesor de Educación Física. Y también reconoce la superioridad de Cataluña respecto a la capital: “Estamos a años luz, aunque hemos sido capaces de ganarles muchas veces. No es un enfrentamiento, simplemente hay que ser sinceros y reconocer que tienen una estructura mucho mejor que la nuestra. Tienen clubes, muchos clubes que gestionan sus instalaciones, tienen un modelo deportivo que está muy por delante nuestro. Nosotros tenemos muchas carencias. Ellos tienen una estructura muy consolidada y el deporte está imbricado en su sociedad. Nosotros hemos avanzado poco en esto“.

La triste realidad del waterpolo madrileño, con un solo club en División de Honor en la sección masculina (Encinas) y otro en la femenina (Canoe) la relata Claudio desde su infinita sapiencia. “Cataluña ha evolucionado mucho en los últimos años en todo lo que nosotros no hemos luchado. Nosotros nos hemos quedado anclados en el pasado y ellos han progresado en un montón de situaciones, sobre todo en lo que es el concepto de piscina de instalación y de cómo se genera el deporte de competición y no hemos avanzado. La distancia cada vez es mayor. En cualquier momento podemos ganar un Campeonato de España, podemos conseguir un nivel de deporte de élite de alto rendimiento. Pero no podemos llegar a ese nivel mientras el resto de cosas no cambien”, dice el mítico entrenador, que vivió grandes éxitos en el pasado con el Ondarreta y, aparte de todo lo dicho, da un mensaje de esperanza de cara al futuro: ”Tenemos calidad, tenemos entrenadores y tenemos deportistas que pueden estar a ese nivel”.

La etapa en la Selección

En diciembre de 2011, Claudio se incorporó a la Selección absoluta femenina. Había recibido la llamada de Rafa Aguilar, que quería que echara una mano a Miki Oca. El primer entrenador, miembro de la generación dorada del waterpolo masculino español, oro en Atlanta en 1996, ya había trabajado con Claudio en Ondarreta e incluso llegó a jugar con él en el Boadilla. Se conocían bien y su complementación fue magnífica. También el inicio del que posteriormente se convertiría en al que probablemente sea el mejor equipo de la historia de España en cualquier deporte. Así lo atestiguan sus éxitos, que se extienden por más de una década. Y en 2012, un poco después de la incorporación de Camarena, fue cuando empezó un cuento de hadas, de los mejores jamás contados. Por obra y gracias de un grupo sencillamente increíble que ha convertido los sueños en dulce realidad.

El equipo estaba totalmente roto, enfrentado. En el Preolímpico sufrimos, contó mucho el factor suerte. Y llegamos a Londres”. La Selección pasó como primera de grupo y se enfrentó al equipo local, Reino Unido, en cuartos de final. El partido más importante de cualquier torneo, el que hay que ganar para optar a las medallas. Miki estaba sancionado y a Claudio le tocó ejercer de entrenador principal. Pero no estaba nervioso: “Cuando estás metido en el fuego no da tiempo a pensar. Tienes que hacer tu trabajo. De pronto no queda otra. Cuando formas parte de un equipo técnico, está claro que hay unos rangos y un escalafón, pero todos los del equipo tenemos la suficiente capacidad para aportar, para sugerir. Yo ya tenía 50 años, mucha experiencia”, cuenta Claudio, que señala que a pesar el partido con más trascendencia que ha tenido que dirigir, llegó a tener más nervios en campeonatos en los que entrenaba a categorías. España ganó 9-7 y superó a Hungría por 10-9 antes de perder la final ante Estados Unidos (8-5). Pero esa plata supo a oro, por el sufrimiento previo. Luego, llegó el oro en el Mundial de Barcelona en 2013 y en el Europeo de Budapest en 2014. “Después de Londres, estábamos en la cresta de la ola”.

Claudio salió de la Selección antes de los Juegos de 2016, pero el equipo mantuvo la impronta que él dejó y siguió acumulando éxitos. Y alaba el trabajo de las jugadoras y la perdurabilidad de un grupo único. Más aún siendo una sección femenina dentro de un deporte ya de por sí minoritario como el waterpolo. “El deporte femenino está un poco un paso por detrás en repercusión mediática y es así. Hemos tenido unas jugadoras con un talento, con una trayectoria bestial, que si fueran tenistas, estarían seguros de las mejores de la historia”. Una triste realidad que afecta a un deporte que sólo consigue repercusión en grandes torneos y cuando gana medallas. El cuento de nunca acabar que no ha evitado que haya personas, como Claudio, hayan luchado y sigan luchando por aquello que tanto aman, lo que les ha permitido disfrutar al máximo de todo. El waterpolo.

Y siempre, la persona

Claudio dejó la Federación Madrileña de Natación, a la que siguió ligado incluso cuando estaba en la Selección, el 31 de diciembre de 2025. La decisión la ha rumiado durante un tiempo, pero no ha tardado en tomarla. “Ha sido poco tiempo, pero muy intenso muy intenso porque han sido muchas dudas. Y en realidad, por la edad que tengo sabía que se acababa, que llegaba el momento de que esto finalizaba y al final me costó mucho tomar la decisión, pero quise tomarla rápido”. Seis décadas de waterpolo hacen mella en cualquiera, y el cansancio llega incluso para las figuras infatigables como la suya. Una que tiene un legado tremendo, enormérrimo. Alfredo Gómez, presidente de la FMN, atendió a AS y se rindió en elogios hacia el técnico: “Es una figura histórica para el waterpolo madrileño y español. Le estaremos eternamente agradecidos. Es un pozo de conocimiento que ha tutelado la formación de muchísimas jugadoras y que ha coleccionado éxitos increíbles. Un fuera de serie”, sentencia.

La Federación le hizo un merecidísimo y emotivo homenaje en Alcorcón, la que fue su casa cuando estaba en el extinto Ondarreta, refundado con el equipo que lleva el mismo nombre que el municipio madrileño. Y ahora, tras toda una vida, Camarena echa la vista atrás y agradece el largo camino andado: “Me acuerdo mucho de todos mis compañeros, de todos los entrenadores que he tenido a mi lado. Y me acuerdo mucho también de directivos que han estado apoyándonos. Es imposible acordarme de todos los jugadores, con muchos de ellos tengo relación todavía. Sin ellos hubiera sido imposible. Y quiero mencionar a todos esos entrenadores locos que no piensan en el dinero, sólo llevan a cabo su pasión. Los clubes no hubieran podido mantenerse ni vivir sin ellos. Esto es una suma de muchas personas que han estado y con las que he podido compartir esto”, dice. Añadiendo que se va “con la conciencia tranquila”. “Me voy con la satisfacción de haber intentado hacer siempre todo lo posible por todos los grupos que han estado en mis manos. Sé que he cometido muchos fallos, sobre todo al principio, que he cometido muchos errores. Pero siempre los he intentado superar con dedicación”.

Pero, si hay un nombre que emerge por encima de los demás, es el de Mamen Heredia. Una de las pioneras del waterpolo femenino en España, la primera madrileña en ser internacional. Y la compañera de viaje de Claudio. No muchos pueden enfrentarse a la época en la que combinaba el trabajo de la Selección con el de la FMN. 365 días al año, 12 meses de dedicación absoluta. “La conciliación es imposible. He tenido la suerte tengo la suerte que mi mujer viene de este mundo. Cuando estaba con la Selección mi hijo mayor tenía 4 años. Había concentraciones que coincidían con su embarazo. Es imposible tienes una situación tan privilegiada como la mía de que en tu familia te entienden y lo respetan. Y comprenden que es tu ilusión, tu vida y tu pasión. Si no es imposible, sobre todo siendo de Madrid. Tenemos en cuenta que la mayoría de las concentraciones se hacen en Barcelona. Las jugadoras de allí volvían a sus casas, con sus familias. Yo me quedaba allí“, dice Claudio, padre de dos hijos y una hija; y marido de una mujer que tiene un torneo en Madrid que lleva su nombre.

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Sin Mamen, la historia no habría podido ser histórica. “Cuando estaba en Ondarreta ya era mi pareja y ella también fue entrenadora allí”. Y emocionado, dice que lo echa de menos cada día, pero que se va, claro, con la satisfacción del trabajo bien hecho, Claudio se sumerge en el baúl de los recuerdos, cercano y amable, para luego volver a salir de él y empezar una nueva gran aventura, ya alejado de los banquillos. Y siempre, siempre, siempre, agradecido a Mamen. “Siempre lo ha entendido y gracias a eso hemos podido compaginarlo todo con mucho esfuerzo”. Un camino lleno de éxitos y que deja un legado increíble, pero que había sido imposible sin ella. “Es mi compañera. Es mi pareja. Es mi amiga”. Como se suele decir: más claro, agua. Se retira Claudio Camarena. El adiós de una leyenda.

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