Rocío Arroyo: “Siento que tengo un talento especial para el 800”
La alcalaína, plata europea sub-23 y campeona de España absoluta, visita AS antes del Mundial indoor. “Simplemente corro y el tiempo sale natural”, dice.


Rocío Arroyo Soria (Alcalá de Henares, 06-07-2003) ha roto la puerta del 800 femenino en España sin compasión. Cogiendo el mando en una distancia que tenía nombres muy asentados y dando la sensación de que el récord de Maite Zúñiga (1:57.62) al aire libre, que data de hace ¡38 años!, está listo para ser rebajado. Igual que el de pista cubierta de Mayte Martínez (1:59.52 en 2004). La madrileña de 22 años, que empezó en el deporte haciendo natación, visitó AS con humildad y recién convocada para los Mundiales indoor de Torun (20 al 22 de marzo), pero reflejando en sus ojos que también sabe que está llamada a hitos muy importantes como los de categorías inferiores: plata en 800 en el Europeo sub-23 de Bergen 2025, plata en la misma cita formando parte del 4x400, y bronce en el sub-23 de Espoo 2023, también en el relevo largo femenino.
“Siempre supe que haría 800 porque por mi fama de correr, mi entrenador lo tenía claro. Hace tres años tuve una lesión que me hizo avanzar la decisión. Empecé a probar y aunque al principio costó un poco luego todo ha salido fluido. Siento que tengo un talento para esa distancia. Tener facilidad para bajar de dos minutos sale solo, simplemente corro y el tiempo sale natural de forma inconsciente. No me hace falta muchos kilómetros para aguantar esos ritmos a esa velocidad”, explica. La única mujer en la historia en España, junto a Mayte Martínez, que ha bajado de dos minutos al aire libre y bajo techo (1:59.17 y 1:59.97) no se esconde al reconocer que una de sus ambiciones es reinar en los libros de la RFEA: “Los récords, obviamente, son un objetivo y creo que lo podré conseguir. Eso sí, estoy más cerca en indoor. Y eso que, por mi forma de correr, por mi zancada... me perjudica un poco la pista cubierta”.

La vigente campeona nacional, en verano y en invierno, se fija retos para 2026: “En Torun quiero correr la final, creo que es bastante factible. Y luego ahí pelear... aunque no será fácil. Y quién sabe si puede salir el récord de España. Al aire libre mi objetivo es hacer un 1:58 por lo menos. Un tiempo que me haría soñar con la final europea en Birmingham”. Potencial tiene de sobra. Y eso que ‘pelea’ contra su propia cabeza, una autopresión añadida en la que está trabajando: “En carrera no noto cansancio y llego a meta bien, pero a los pocos segundos empiezo a marearme y entra la bajada de golpe. Es tema de nervios, presión, adrenalina... Hago entrenamientos muy duros y no termino nunca así, tirada por el suelo. Quiero trabajarlo porque no me gusta pasarlo tan mal y no me apetece vivirlo continuamente. Es lo único que no me gusta de competir... porque sé que me va a pasar. Tengo una psicóloga que me ha puesto la RFEA y que me está ayudado mucho a gestionar los nervios; necesito mejorarlo. Sé que es común y he visto a compañeras vomitando tras competir, pero es que yo he llegado a hacerlo antes de correr. El deporte de élite no es sano porque llevas tu cuerpo al límite y es lógico que a veces reaccione así, pero me pongo muy nerviosa ya cuando estoy viajando hacia el estadio y el peor momento es la cámara de llamadas. Eso sí, pese a que acabo muy mal, recupero rápido”.

Arroyo fluye con un correr poderoso y una zancada amplia merced a sus 175 centímetros. Pero, ¿cómo le entró el gusanillo del atletismo? “El profesor de educación física del colegio les dijo a mis padres que tenía actitudes para correr. Empecé a ir a competiciones a nivel regional... y siempre solía ganar. Se me daba bien, me gustaba mucho y decidí seguir. Y con 14 o 15 años empecé a entrenar con Toni (Antonio Fernández Larragueta), y sigo estando con él actualmente. Cuando me cogió iba sin clavos y hacía 300. Él me ha enseñado todo. Por eso quiero seguir como hasta ahora, en Alcalá con él. Mantener mi zona de confort. Estoy muy a gusto con mis compañeros, son un apoyo fundamental y partícipes de todo lo que he conseguido, porque me ayudan diariamente”.
En 2025 es ya un referente del atletismo patrio, y profesional merced al contrato de cuatro años con New Balance: “Estoy superemocionada de su apuesta por mí. De pequeña siempre había soñado con estar en una marca tan importante. Me ayudan y son bastante comprensivos con todo. Hay mucho compañerismo”. Buen rollo que también tiene con sus compañeras del 400, un relevo que piensa compatibilizar y que puede dar una gran alegría en Polonia: “El boom del 400 femenino en España tiene que ver mucho con la cantidad de atletas de nivel. Te creces viendo la competitividad, nos retroalimentamos todas para ir mejorando individualmente. No sé cómo estarán los relevos en cubierta este año, pero puede haber posibilidades de hacerlo muy bien en Torun con el estado de forma de Blanca (Hervás), Paula (Sevilla), Daniela (Fra), Carmen (Avilés)... o yo misma”.
Eso sí, Rocío tiene clara su decisión para la distancia que marcará su carrera deportiva: “Seguro que no dejaré el 800 para dedicarme al 1.500, aunque sí correré algunos. Y no correré más allá. Como tengo la velocidad del 400 mi distancia es el 800”. Tras debutar con la Selección en Tokio 2025 (“me habría gustado haberlo hecho mejor, pero fue una experiencia increíble correr con las mejores del mundo y tener la confianza de la RFEA”), la madrileña mira más allá en sus metas: “Los Juegos son mi objetivo grande. Para Los Ángeles queda tiempo pero quiero luchar por estar ahí. Todo el mundo irá mejorando, pero yo también. Creo que para entonces estaré en 1:57 casi seguro”.

La atleta, como todos, tiene espejos en los que mirarse. Y los de Arroyo son leyendas: “Me encantan Femke Bol y Sydney McLaughlin. Son atletas impresionantes. Y además son buenas personas, un ejemplo a seguir. Y Hodgkinson también. Es una atleta de 800 que logró medallas en 400, me siento reflejada un poco en ella”. Aunque también apunta a un talento muy cercano, Marta Mitjans (18 años) con la que vivirá apasionantes duelos: “Tiene un futuro increíble. Además, es muy buena niña y corre muy bien para ser tan pequeña”.
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Por último, toca analizar estrategias y diferencias entre sus pruebas: “En carrera siempre hago lo que mi entrenador me dice. No suelo tirar porque no sé, pero a veces salgo demasiado rápido. Y tengo que frenar y por todo eso es por lo que siempre voy detrás. Voy descubriendo que el 800 es una prueba muy difícil de planificar, pasan muchas cosas y hay que improvisar. Sigo aprendiendo. No es como en el 400 que el que coge la calle libre tiene muchas opciones de ganar. Además no te da tiempo a pensar. Corres a tope y ya, el 800 es pura estrategia. Eso sí, de cara a entrenar son dos pruebas que se compaginan muy bien, son moldeables y usas cosas de la una en la otra”. Y en ambas brilla. España tiene un gran futuro en el 800.
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