Bobby Fischer, jaque a un mito rebelde en Japón
EE UU ha pedido al país nipón su extradición

Han tenido que pasar doce años para volver a saber algo de Bobby Fischer, aquél genial jugador de ajedrez que en 1972 acabó con la hegemonía soviética en el deporte del tablero. Pero en esta ocasión no han sido sus triunfos los que le han devuelto a la palestra, sino su detención en el aeropuerto de Tokio por una orden que se remonta a 1992. En aquél año también protagonizó otra reentré a primera plana, que ahora puede costarle muy cara. Porque aquél año, un Fisher casi arruinado aceptó jugar en Yugoslavia la revancha del Mundial ante el ruso Spasski, organizada por un mafioso llamado Vasílievich. Esto no gustó nada a los EE UU, porque esa partida era una violación del embargo del país de Fischer sobre Yugoslavia. Fisher volvió a ganar y desapareció de nuevo. Hasta hace dos días, cuando un policía arrestó al ajedrecista al comprobar que su pasaporte estaba invalidado. Fisher viajaba de Tokio, donde residía hacía años, a Filipinas, para visitar a su hija. Un triste final para un genio que no supo mover las piezas de su vida.
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Insultos en la radio filipina
Lo único que últimamente se sabía de Fischer era a través de sus colaboraciones en una emisora de radio filipina. En ellas se apreciaba su paranoia: en un lenguaje soez, culpaba a los judíos de sus males, defendía a los nazis y se reía de los atentados a las Torres Gemelas. Casi nada.