Arvydas Sabonis, el rey de la anécdota

Gran dormilón
Valdemaras homicius, compañero de Sabonis en la selección lituana y en el Fórum de Valladolid: "Habíamos jugado en el Palau contra el Barça. Nos acostamos muy tarde después del encuentro y, al día siguiente, Sabas no podía levantarse. Intenté despertarle pero no había manera de moverle de la cama. Todo el equipo esperaba ya en el autobús para volver a Valladolid. Entonces cogí un vaso de agua y se lo tiré en la cara. Conseguí que abriera los ojos y empezamos a pelearnos medio en broma. Aún así, él no estaba todavía despierto. Llegó un momento en que comenzamos a pegarnos de verdad, y al fin despertó del todo: ¿Qué estamos haciendo aquí?, me preguntó sorprendido. Sabonis puede dormir hasta 24 horas seguidas. Pero también puede estar tres o cuatro días sin hacerlo. Es igual que para entrenar: cuando quiere hacerlo, no hay quien lo pare; pero si no tiene ganas es imposible convencerle para que se esfuerce".
Atracado
Francisco Solé, amigo malagueño del jugador: "Una mañana de invierno Sabas entró en una agencia de viajes a comprar unos billetes de avión para Lituania. Estaban únicamente las dos vendedoras y él cuando entró un ladrón armado, que apuntó con una pistola a la cabeza de Sabonis. El jugador, sorprendido, pero tranquilo, se puso de pie y levantó los brazos. Entonces el atracador se dio cuenta del tamaño del personaje y salió corriendo despavorido".
Verano del 92
Mariano pozo, fotógrafo del Diario AS que acompañó a la selección lituana: "Estábamos en Atenas, donde Lituania disputaba el Torneo de la Paz y la Amistad en el 92. Nos dirigíamos en autobús desde el pabellón hacia el hotel y había un atasco terrible en las afueras de la ciudad. Entones se pusieron a la par los autobuses de Lituania y Francia. Tras 20 minutos de tráfico lento los jugadores de uno y otro equipo empezaron a gastarse bromas. Uno de los franceses sacó una bandera de su país y comenzó a cantar 'Viva Francia, viva Francia'. Sabas no se cortó un pelo. De un golpe abrió la claraboya del autobús, sacó medio cuerpo por ella sin ponerse de puntillas y empezó a ondear la bandera lituana, chillando '¡Lituania, Lituania, Lituania!'. Su compañero Homicius salió por la claraboya y saltó de un autobús a otro, en lo que supuso la conquista definitiva de Francia por los lituanos. Y cuando estábamos cerca del hotel aquello se convirtió en una competición para ver qué autocar llegaba antes. Por supuesto, ganó Lituania. Aquel mismo año, en los Juegos Olímpicos de Barcelona, Lituania logró el bronce, pero Sabonis fue el gran ausente en la entrega de medallas, ceremonia que vio por la televisión. Se había quedado dormido y nadie se acordó de levantarle".
En la feria
Carlos gómez, vecino malagueño: "Estuvimos en la Feria de Málaga, con nuestros niños. Imaginaos a Sabas en la Feria: todo el mundo le paraba y le pedía autógrafos. Pasamos por una caseta donde se lanzaban tres balones de baloncesto y, si encestabas, te regalaban un muñequito. Entonces se puso a tirar Sabas, metió los tres tiros y consiguió un muñequito, que regaló; volvió a meter tres tiros y consiguió otro muñequito, y otro, y otro Se armó una gran expectación alrededor de aquella caseta, porque todos sabían quién era Arvydas Sabonis. Todos excepto el propietario de la caseta, claro. Al rato llegó un amigo del dueño que le advirtió de quién era el que estaba lanzando, y le pidió que no participara más. Sabonis estuvo a punto de arruinarle el negocio".
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Dos medidas
Carlos, propietario del restaurante Casa Navarra, en Mijas: "Es muy humano, una gran persona, incapaz de negar a nadie un autógrafo o una foto con él. Le encantan los chuletones y los espárragos gordos. Cuando la gente le pregunta su altura dice que 2'20 cuando se levanta y 2'19 cuando se acuesta. Pesa tanto que encoge un centímetro durante el día".