A la Reina: "Majestad, no hay segundo"

La frase de un sirviente a Victoria de Inglaterra dio origen a esta gran cita

"Majestad, no hay segundo". Esta frase forma que parte del diálogo que mantuvo la Reina de Inglaterra cuando la regata de la Copa de las 100 guineas tocaba a su fin y sólo se veía el barco estadounidense llegar a la meta. "¿Quién es el primero?", preguntó la reina Victoria, y un sirviente suyo respondió: "El América, Majestad". "¿Y el segundo?", volvió a inquirir la soberana, a lo que su vasallo afirmó: "Majestad, no hay segundo". Y ello supuso un cambio en la filosofía de la prueba que abandonó su formato de competición de varios participantes para adoptar su peculiar idiosincrasia de duelos de uno contra uno, desafiante contra el defensor del título.

El origen de esta competición, una de las más antiguas del mundo, se remonta a la Inglaterra de 1851, cuando el Marqués de Anglesey encargó un trofeo a un prestigioso joyero inglés, que entregó al Royal Yacht Squadron para que fuera el premio de un torneo náutico. Entonces, un grupo de hombres de negocios neoyorquinos encargaron al célebre diseñador de barcos estadounidense Williams H. Brown la construcción de una goleta que pudiera demostrar su superioridad sobre los barcos de la consagrada marina británica.

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El desafío estaba servido. El Conde Wilton, enterado del empeño de los estadounidenses, invitó formalmente al fundador del Yacht Club de Nueva York, John Stevens, a un enfrentamiento entre su barco y un grupo de veleros ingleses, alrededor de la isla de Wight con la Copa de las 100 Guineas de premio.

La victoria de la goleta América fue incontestable y el herido orgullo británico se negó a dejarse apabullar por el sentido práctico de la pujante burguesía norteamericana y pronto les desafiaron para recuperar su prestigioso trofeo. La Copa América viajó al Nuevo Mundo y allí permaneció hasta que en 1983 ganó el Australia II al Newport.

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