Calatayud, el portero sin ídolo

La familia Calatayud pensó que ya nunca tendría un niño futbolista. En la familia Calatayud hay ocho hermanos. Tampoco es que a Ricardo, su padre, empleado de Sevillana toda la vida (ya jubilado), y a Dolores, ama de casa, les importase demasiado. Casi les hacía más ilusión que su niño estudiase, pero Juan, el menor de todos, prefería el fútbol. Nunca tuvo un ídolo. Siempre estuvo tirado en la calle, en un barrio cualquiera de Antequera, aprendiendo el oficio de portero. No hubiese sabido ser otra cosa. De Antequera lo sacaron Paco Muñoz y Miguel Carmona. Y llegó a Málaga. A los 17 años empezó a plantearse el fútbol en serio. Muchos pensaron que a Calata, que así lo llaman todos sus amigos, le había pasado su oportunidad. Seis años en el filial. Tal vez demasiados. Pero se topó con Antonio Tapia, que el año pasado le puso las pilas. Y lo catapultó. Vivió el mejor momento de su vida en junio, cuando ascendió a Segunda con sus coetáneos Juanito, Juan Rodríguez, Nacho, Juanma. El Málaga no se volvió loco por el adiós de Contreras. O de Rafa. No buscó portero. Llevaba seis años esperando en El Viso. Calata es un tipo de lo más normal. Ahora hace vida en Antequera con su novia, Lola. Se entrena, descansa, va a tomar café con sus amigos, escucha a U2 y de vez en cuando va al cine. Lleva una vida sencilla, sin estridencias. Exactamente el mismo ideal que mantiene como portero. Le obsesiona convertirse en un guardameta fiable por arriba, sereno, sin locuras al estilo de Barthez. Aunque siempre descreyó de los ídolos, ahora su referente se llama Iker Casillas. Hace dos años estaba haciendo la pretemporada con el filial blanquiazul cuando Joaquín Peiró le llamó a filas. Tenía lesionados a Rafa y Contreras y recurrió a Lara y él para la final del Carranza ante el Betis (por entonces entrenado por Juande Ramos). Aquel día no jugó. El jueves lo hizo y se salió. Su nombre ya está en los corrillos futbolísticos. "Es portero de Primera División durmiendo", sentenció un día Juanito. Parece que no era un ataque de amistad. Calata va camino de llegar lejos. A ver si Juande es como Antonio Tapia.

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