Natación | Mundial de Barcelona

La rusa que emigró a Torremolinos

Podría decirse que España ganó ayer una medalla de oro por amor. Si Nina Jivanevskaia no se hubiese enamorado de Francis Medina en 1996, cuando estaba de vacaciones con sus padres en Torremolinos, esa medalla (y todas las otras) habrían sido para la natación rusa.

<b>SONRISA DE ORO.</b> Nina era ayer la viva imagen de la felicidad.

Tenía 19 años y pensaba que su carrera ya no tenía futuro. Estamos en Moscú, su ciudad natal (26-6-1977). Corre 1996 y, sin ganas, acepta acompañar a sus padres para irse de vacaciones a un remoto lugar llamado Torremolinos, en España. Su vida es una encrucijada y ha decidido dejar de nadar. Está muy quemada.

A los 15 años había nadado por la CEI (tras la desaparición de la URSS) en los JJOO de Barcelona’92. Campeona europea júnior, consiguió la medalla de bronce en el 4x100 estilos. Luego, ya con las siglas de Rusia en su bañador, había logrado dos medallas en un Europeo y la plata en los 100 m espalda en el Mundial de Roma’94. Pero en la siguiente cita olímpica (Atlanta’96), todo le salió mal y tuvo bronca con su entrenador. Así que está harta y se marcha al sol de Andalucía.

Un día, en la piscina, habla con el monitor deportivo del hotel. Se llama Francisco Medina, Francis. De la amistad nace una querencia y de esa querencia, de regreso a Moscú, un cierto enamoramiento. Él la telefonea constantemente y hasta viaja a la capital rusa. Allí, con sus padres, resuelve aceptar la mano de quien se convierte en su marido en marzo de 1998. Fue el preámbulo de su nacionalización, que se consuma en 1999.

España fue el bálsamo que necesitaba Nina, una superdotada deportista que con 12 años se había convertido en la primera nadadora rusa capaz de ganar un campeonato absoluto. Luego vendría la crisis, hasta que el amor la recondujo al deporte.

En España, Nina volvió a nadar y a ponerse metas. Aunque viviendo siempre en Torremolinos, fichó por el CN Sabadell, con el que arrasó en la tabla de récords y campeonatos españoles. La Rusa rompía con todo. Como española, debuta en unos Europeos y logra la medalla de plata en 100 m espalda. Es el principio de un carrusel de metales y títulos a nivel internacional.

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Con España, Nina lo ha ganado casi todo. Medallista europea, mundial y olímpica, siempre ha estado en el podio. Esta temporada ha fichado por el Club Valenciano, pero sigue viviendo en Torremolinos, donde se entrena. Eso le ha creado algún problema de protagonismo con el equipo, pero ella siempre ha respondido con récords y medallas. Como los de ayer.

Acaba de estrenar casa nueva y vive feliz junto a Francis. Es una perfeccionista y, como todo campeón, también tiene sus manías. Por ejemplo, ayer decidió nadar con un bañador normal, porque el body le apretaba demasiado. Además, siempre lo hace con un gorro viejo, porque los nuevos le bailan. Antes de competir estudia la luz de la piscina para elegir sus gafas y se rasura las piernas a contrapelo.

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