Fútbol | Mundialito de la inmigración

El avioncito de la esperanza

En ningún momento del partido Polonia lo tuvo claro. Marruecos mandaba en el juego. Se notó que el equipo magrebí estaba más rodado que el conjunto polaco, descabezado, a veces sin rumbo. Pero todo cambió en la segunda parte. Marruecos se lanzó al cuello tirando la casa por la ventana. Polonia no lo dudó y aprovechó lo aireado de su defensa. Dos hombres, el calvo Stemplewski y el estilete Tomasz, les machacaron a la contra. Este último ya había avisado en varias ocasiones, pero al final lo consiguió; internada en el área, falta clara y penalti. Su compañero Stemplewski fue el encargado de lanzar la pena máxima. Noueman a la izquierda, balón por la derecha y gol. El banquillo polaco explotó mientras el goleador corría hacia ellos con los brazos extendidos, al más puro estilo Ronaldo.

Marruecos se levantó con orgullo y empató. Todo estaba como antes; ambos eliminados. Pero minutos después, una contra deja solo a Stemplewski, que no perdona. Gol, victoria y el avión que vuelve a despegar rumbo a las semifinales. Aunque habrá que esperar, el avioncito de la esperanza escenificado por Stemplewski llenó los corazones polacos de ilusión.

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Marruecos mandó en el juego gracias a dos jugadores, Hatim y Said, de 30 y 22 años, respectivamente, y ambos producto de la cantera del Atlético de Tetuán. De sus botas, el primero, pivote, y el segundo delantero, se intuye un fútbol vertiginoso. Balón pegado, estética poderosa. La jugada maestra la ofreció el joven Said: se va de dos jugadores polacos, no lo ve claro, retrocede y espera, para regatear otra vez no sólo a estos dos, sino a un tercero. Y todo en un palmo de terreno. Un lujazo.

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