Premio a la castidad en los Juegos Olímpicos de Sydney
Antes de los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, Tatyana Grigorieva y su marido, el también pertiguista Victor Chistiakov, decidieron separarse durante todo el tiempo que durase la participación de ambos. Este peculiar pacto tenía como único objetivo que ambos pudieran concentrarse mejor en sus respectivas competiciones. Dejaron de dormir juntos, de vivir juntos... y casi de verse. Consecuencia: a los dos les fue de maravilla. Ella conquistó la medalla de plata y el ocupó la quinta plaza, una posición más valiosa de la que aspiraba en principio. Desde entonces, su imagen no ha parado de aparecer en las portadas de las revistas australianas y en Internet, donde ocupa un lugar privilegiado. Son muchas las web que remiten a su página oficial e incluso a páginas de alto contenido erótico, como se aprecia en estas fotografías. Sin duda, todo un reclamo para los internautas.