Primera | Espanyol

Málaga, nuevo rey del fútbol juvenil

Quique y una defensa impecable superaron a un Espanyol luchador

Sánchez Llibre y  Germán de la Cruz encabezaron la representación perica. Junto a ellos estuvieron los presidentes de las federaciones española y catalana, Ángel María Villar y Jaume Roura. El vasco dio el trofeo MVP del torneo a Perico.

El título de títulos del fútbol juvenil, la Copa de Campeones, voló desde Cataluña a Andalucía con todo merecimiento. El Málaga se hizo con la final desde el minuto uno y demostró que su reacción (fue colista hasta la quinta jornada en el Grupo 4) es un hecho. Nadie ha sido capaz de marcarle un gol, pero además también se destapó como un equipo muy peligroso en ataque, con cuatro hombres que son una delicia: Quique, Dopico, Perico y Ador. Estos dos últimos definieron, pero la otra pareja es la que hace funcionar el engranaje malacitano.

Ángel Pedraza, técnico españolista, cambió su habitual 5-3-2 por un 4-2-3-1 de inicio para tomar la iniciativa. Fue suyo el balón al principio, pero la defensa andaluza se mantuvo firme ante los empujones pericos. Una vez sujetadas estas acometidas, Perico cogió un balón entre líneas, dribló a dos jugadores y con su fina zurda colocó el balón lejos del alcance de Biel Ribas, el portero internacional del Espanyol. Era el triunfo del fútbol práctico, del orden y de la falta de prisas.

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A partir de aquí, comenzó el quiero y no puedo blanquiazul. Un remate al larguero de Yagüe puso en peligro al malacitano Manolo, pero este aviso se quedó en eso, en un simple aviso. El Espanyol, desorientado, peleó lo indecible, pero el Málaga continuó muy firme en su zaga, con Armando y Silva en plan Beckenbauer. Los killers pericos, Joan Tomàs y Yagüe, fueron anulados por la contundencia de dos centrales a los que debería prestar más atención Joaquín Peiró.

Expulsión. Los intentos españolistas continuaron, pero el árbitro, Crespo García, se encargó de neutralizarlos con tarjetas. Fueron las dos que mostró a Carlos García las que sentenciaron el encuentro, la segunda demasiado rigurosa. A partir de aquí, el Espanyol no tuvo más opciones. El escurridizo Quique, el mejor del partido, encontró muchos huecos entre líneas y de ahí nació el segundo tanto. Pase en profundidad del bajito malacitano y remate de Ador, que superó a Biel por alto. 0-2 y alegría a raudales. Desde ahí al final sólo se vio la agonía españolista, ya que el título se le escapaba en casa. Ángel María Villar dio la Copa a Alberto, capitán andaluz, como fin de fiesta.

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