Nuñismo/Cruyffismo una artimaña
Si Enrique Reyna cumple su palabra, el FC Barcelona iniciará la próxima temporada con un nuevo presidente. Hay quién ya ha presentado públicamente su pre-candidatura. Otros lo harán en las semanas venideras. Habrá varias, seguro. Y también, con toda certeza, aparecerá de nuevo y con saña un virus fabricado artificialmente en el laboratorio del resentimiento y los complejos. Se presenta en forma de dicotomía y sus efectos son perversos para los endebles. El mejor antídoto es fácil de encontrar: recuperar la memoria. Se trata del truculento dilema nuñismo/cruyffismo.
JL Núñez demonizó a J. Cruyff para construirse su pedestal. Y así ganar altura. Los años de gloria que el dream team dio a la entidad nunca los digirió bien. Mundialmente era el Barça de Cruyff, no de Núñez. Demasiado para un ego ya tocado, que enfermó crónicamente. Entró en el club porque sólo tenía dinero pero carecía de relevancia social. En sus primeros diez años contrató a nueve entrenadores. Y cuando llegó la época dorada, tuvo que paladearla en segunda fila. Esperó pacientemente la ocasión propicia -renovación de la plantilla- para cerrarle la caja. Calculó milimétricamente la agonía que debería llevar al inexorable cese. Le importó más su vanidad herida que el club. Echó a Johan de mala manera. E intentó humillarle y desacreditarle personal y profesionalmente. Obsesionado en buscar el reconocimiento público, ya desde su entrada en la entidad Núñez se afanó en tildar de antibarcelonista a todo aquel que osaba criticar su gestión. El club era él. Actuó como si acabara de fundarlo. Lo único que premiaba era la adulación, por ello la solicitaba y fomentaba.
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Cesado Cruyff, cambió el apodo antibarcelonista por el de cruyffista. Poco le importó dividir brutalmente a la masa social. Había conseguido su objetivo: equiparar su nombre al del holandés. Un ungüento temporal para aliviar sus complejos. Nuñistas los buenos, cruyffistas los malos. Sería deseable que las urnas enterraran para siempre esta burda artimaña. No va ser fácil. En las elecciones de julio de 2000 y tras la victoria de Gaspart, Núñez no se recató en afirmar que "todo ha salido tal y como lo tenía diseñado". Cruyff, en cambio, fechas antes de las elecciones desmintió públicamente a Bassat porque presumía de tener su apoyo. Dos formas de proceder tan distintas como diferentes son sus protagonistas.
La verdad es hija del tiempo. Recordar que el FC Barcelona está por encima de las personas es fatigar la obviedad. Recuperar la memoria es, sencillamente, de sentido común. Reconocer que Johan Cruyff es un patrimonio que tiene pasado presente y futuro es de ley. Y aniquilar esta mosca cojonera en forma de virus, un deber.