Mentiroso y cobarde
Vaya por delante confesarles que a mí Olivera siempre me pareció un jugador importantísimo para el Sevilla, yo diría que letal. Para el adversario, un bicho de cuidado; para su afición y compañeros, una joya. En los casi cuatro años que el charrúa vistió la blanca sevillista su rendimiento fue muy irregular. Pasó de esperanzador en el ascenso del equipo con Marcos Alonso; desalentador en el inmediato descenso; ilusionante y feliz en el ascenso con Caparrós y descorazonador el año de la consolidación del equipo. El último...
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El Nico anduvo durante una temporada y media jugando al gato y al ratón con los dirigentes del Sevilla. Estos, auspiciados por el técnico, querían renovar al uruguayo, incluso manejando unos números muy por encima de lo que ganan los futbolistas más cotizados del plantel nervionense. Pero mientras su agente se hacía el sueco con Monchi, Olivera silbaba mirando a otra parte y deleitándose con el jueguecito del ratón y el gato.
Caparrós, al ver que el charrúa tampoco rompía la pana en el campo, optó por lo sensato: dar la alternativa a Reyes, que explotó. Tras una paupérrima temporada y un Mundial inédito, nadie quiso al uruguayo por los dineros que le pidió al Sevilla y se marchó a Pucela oliendo a saldos. Ahora nos viene con ganas de revancha. Además de mentiroso, Olivera es un cobarde.