El arquero risueño... y ganador
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El Mono Burgos lo tuvo difícil el domingo en el Camp Nou. Luis Enrique y el mejor argentino que juega en su país, Saviola (¡qué pena que no mide 20 centímetros más ese pibe!) se la complicaron. Pero el Mono está más tranquilo y sereno. Está creciendo, aunque sigue siendo el showman de siempre con su sonrisa, juegue mal o bien. Lo vi dueño del espéctaculo. El Barcelona, como siempre, regaló un partido que tenía ganado. El Atlético parece que sigue en Segunda. Pero los chicos de Van Gaal dejaron pasar el tiempo del gol.
Burgos fue el artífice del empate. Le faltó marcar los goles. En España y en Europa quieren que los arqueros sean serios, pero es uno más en el equipo que, además de los pies, tiene la suerte de usar las manos. Acá en Argentina, ahora los porteros como ustedes lo llaman son pelotudos como allá. Pero el Mono es un Loco Gatti oculto. El domingo contagió optimismo. Es un ganador nato. Ustedes creen que el fútbol es una guerra, y en realidad es una diversión. Todos decimos: "Vamos a jugar al fútbol". Eso lo dice todo. Sonreir y ganar son dos verbos que se pueden conjugar. La pinta es algo anecdótico. Lo de la gorra es por la luz. Lo que me parece raro es que no se pinte debajo de los ojos como el turco Rüstu para evitar ser deslumbrado. Yo lo empecé a hacer en los 80, me lo enseñó Tomasewski en la selección. Pintaté los ojos y sacaté la garra. Te lo dice tu espejo. Y sigue disfrutando del fútbol y ganando. Es un tipo con una enorme ambición que puede ayudar mucho a Luis. Corrió mucho camino, tiene carisma entre la gente atlética y en el vestuario. Pero sobre todo es ganador. Y eso, amigos míos, aunque sonría.