Morir por un diamante
A España le espera el país más diamantífero del mundo. Desde que en 1870 se encontró el primer diamante en Kimberley, Suráfrica, la industria de la más preciosa de las piedras ha crecido sin parar. Produce al año más de 115 millones de quilates de diamante en bruto. El 70 por ciento de los diamantes son extraídos en África, y Suráfrica es el principal productor. Allí está la sede de la empresa número uno en diamantes, De Beers, que monopoliza el 80 por ciento de la producción mundial, lo que le permite controlar su precio.
El motivo por el cuál Intermón Oxfam y otras organizaciones internacionales piden un mayor control en el mercado mundial de diamantes, reside en los llamados diamantes de sangre. Son aquéllos cuya extracción y venta está controlada por grupos armados. Con el dinero recaudado, compran armas que siembran sus países de guerra y muerte. La guerra se financia con diamantes en Angola, RD Congo o Sierra Leona. Uno de cada diez diamantes que corre por el mundo es un diamante de sangre. La presión de las ONG y del Gobierno de Suráfrica han permitido que a partir del año que viene todos los diamantes vayan acompañados de un certificado de origen. De este modo, el consumidor podrá comprar en la joyería un diamante sin el temor a potenciar el sufrimiento de cientos de miles de personas.
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