Tanya se casó con Pablo después de la condena
"Pablo es inocente porque estaba conmigo la noche del crimen. Viviremos en España cuando salga de la cárcel".

En su desgracia, Pablo Ibar puede presumir dentro del corredor de la muerte de que es un tipo afortunado, que no está solo, que detrás del alambre de espino electrificado y lejos de la vista de esos carceleros cortados por el mismo patrón de marines en la reserva, hay gente que le espera. Y más, que tiene una esposa que ha asumido la condición de preso de Pablo, y que ha aceptado "la lucha por larga y dura que sea".
Tanya Ibar, de soltera Quiñones, sólo tiene 23 años. Se casó con Pablo cuando él ya estaba en la cárcel, y prácticamente su vida se reduce a tres cosas: "Trabajar, la casa y cada fin de semana hago la visita de rigor a la cárcel". Es un viaje largo, de seis hora conduciendo por las carreteras de Florida (se gasta 180.000 pesetas al mes en estos desplazamientos): "Salgo el sábado, duermo en Starke, nos vemos el domingo y regreso por la noche". Así todos los fines de semana del año, remedando a Violeta Parra, que cantaba que la vida es eterna en cinco minutos.
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¿Por qué una chica joven decide asumir una condición como la suya, de viuda sin serlo? Tanya lo tiene claro: "Es el amor. Yo creo en Pablo, sé que es inocente, la noche en que asesinaron a aquellas personas él estaba conmigo en la casa de mis padres. Estuvimos juntos aprovechando que mi madre no estaba y por la mañana nos vieron mis hermanas y mi primo. Pero el testimonio no valió en el juicio".
En esas seis horas de cada domingo que son como cinco minutos, en las que sólo les permiten un beso de hola y otro de adiós, en las que su amor sólo puede transmitirese con las palmas de la mano y los dedos entrelazados, los Ibar hacen planes. "Cuando salga libre, me voy a España directo", dice Pablo, y para acompañarle en esa vida, Tanya ha comenzado sus clases de español: "Sé que nos vamos a establecer en España. Nos casaremos allí por la Iglesia y tendremos muchos hijos".