Sara Hurtado: “Algo se rompió en la cabeza de Malinin”
La expatinadora Sara Hurtado, ahora entrenadora y comentarista de Eurosport, analiza el colapso sufrido por el astro americano durante el programa libre.


No hay una explicación racional, o al menos no una concreta. Es una acumulación de factores”, contesta Sara Hurtado, junto a Javier Fernández la responsable de poner en el mapa el patinaje artístico español, una pionera, cuando este diario le pide que analice el colapso sufrido por Ilia Malinin durante el programa libre individual del viernes. El astro estadounidense, que llegaba a estos Juegos envuelto en luces de neón, como uno de los grandes reclamos, acabó octavo tras un ejercicio impropio del que ha sido apodado como ‘dios de los cuádruples’, el primer patinador de la historia en incluir siete de esos saltos en un solo programa, entre ellos el axel, inédito hasta su aparición.
“Lo primero es el cansancio que traía de la competición por equipos, en la que tuvo que luchar con uñas y dientes para dar el oro a Estados Unidos. Luego está la exposición. Se ha puesto el mundo entero sobre sus hombros. Llegar a sus primeros Juegos con ese apodo... Algo se rompió en su cabeza entre el calentamiento y el programa. Se debió dar cuenta de la magnitud de lo que estaba haciendo. Podía haber sido un paseo. Con tres o cuatro cuádruples le valía para ganar, pero fue a hacer historia con siete y la presión se lo ha tragado”, desgrana la madrileña, que ahora alterna como entrenadora en su escuela de Majadahonda (donde se preparan los olímpicos Sofía Val y Asaf Kazimov) y como parte del equipo de expertos para esta edición de Eurosport y HBO Max (que ofrecen íntegros los Juegos, de forma lineal a través del canal y bajo demanda en la app).

Que una figura del calibre de Malinin se quiebre a la hora de la verdad no es nuevo. Le pasó a Simone Biles, que el viernes le seguía desde las gradas del Ice Skating Arena de Milán, en Tokio 2020. Allí sufrió los famosos twisties, una disociación de cuerpo y mente que produce desorientación. “Hubo un momento en el que no sabía dónde estaba”, reconocía Malinin tras su ejercicio. “Claro que me ha pasado”, apunta Hurtado. “Tu cabeza te grita y no estás presente. Ya sea por mantener tu beca, clasificarte para unos Juegos, hacer historia como Malinin y ser el orgullo de tu país... Es como una radio con interferencias, y el canal entre cuerpo y mente en el patinaje tiene que ser muy limpio, muy directo, tiene que fluir segundo a segundo. Cuando eso no ocurre, es un efecto bola de nieve y entras en modo supervivencia”, explica alguien que, primero con Adrián Díaz como pareja, después con Kirill Jalyavin, sabe lo que es competir en el escaparate olímpico (lo hizo en los de 2018) y ganar medallas en certámenes internacionales.
“¿Cómo le puede afectar? Pues es un mazazo impresionante. Unos Juegos tienen memoria emocional. Sin querer, proyectamos toda nuestra carrera en ellos. Para desquitarse va a tener que trabajar otros cuatro años. Es algo muy intenso y profundo. Se le va a quedar grabado para los restos y le hará dudar. Es como que se confirman todos tus miedos Va a necesitar trabajo mental aparte del físico. Tendrá que hacer un ejercicio de reseteo, de duelo y reparación”, vaticina de cara al futuro.

Hurtado cree que el momento clave en el que se produce el hundimiento de Malinin es cuando “no consigue clavar el cuádruple axel”, la joya de la corona. “Lo abre y no se siente agusto. Eso genera un miedo, un pánico por dentro. Es como que tu cerebro no tira. Ahí conectó con todos sus demonios y el resto ya fue intentar recuperarlo. Hay que tener en cuenta que estaba patinando dentro de un recinto lleno de personas. Es un fallo que tiene una respuesta exterior, un runrún que notas hasta en las tripas. Te da un susto tan grande que desaparece el suelo bajo tus pies”, desgrana.
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“El feedback el público, cuando es bueno, viene muy bien, porque te motiva, pero cuando es negativo asusta muchísimo. Él lo notó y empezó a calcular todo lo que tenía que hacer para recuperar puntos. En cuanto a puntos, lo pierde cuando repite el lutz y no lo combina. Ahí tiene una deducción importante y ya es todo cuesta abajo. Casi daban ganas de ponerle la música otra vez y que empezara de nuevo”, completa la disección de un momento que quedará para la historia de los Juegos. Como lo de Biles en Tokio 2020 o lo de Jon Rahm en 2024, cuando el español era medalla de oro a mitad de recorrido en la última vuelta en Le Golf National y acabó fuera del podio. Ni las mentes mejor configuradas para el deporte de élite están a salvo de la imperfección que nos hace a todos humanos.
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