Pablo Amo, un hombre de Estado
El que fuera escudero de De la Fuente y faro de los internacionales guarda silencio tras haber dejado la Selección y ser despedido en su exótica aventura en Qatar.


Sólo una semana antes de que Luis de la Fuente diera su última lista de convocados para esta Finalissima convertida en bolo, uno de los grandes arquitectos de esta Selección caminaba por la Puerta del Sol sin que nadie le reconociera. Da igual las hechuras que aún mantiene de futbolista y esa sonrisa que siempre le acompaña. La vida de Pablo Amo (Madrid, 1978) ha cambiado por completo en poco más de un año. De ser uno de los referentes en Las Rozas a estar en el paro.
El que fuera escudero del actual seleccionador, con la Eurocopa de 2024 como hito inolvidable y una Nations League de matrícula de honor, permanece en casa como nunca hubiera imaginado. Viendo fútbol, pero sin poder inculcarlo. Después de abandonar la Federación en febrero de 2025 para irse a entrenar como primer espada a Qatar, ahora está a la espera de otra novia sin decir una palabra más alta que otra ni hacer caso a los chascarrillos. Según su entorno, ha tenido una gran avalancha de peticiones para ser entrevistado. Entre otras para conocer las causas exactas de su salida de la RFEF y de su experiencia en el extranjero. Pero, por ahora, y salvo caso de fuerza mayor, callará y se pronunciará lo justo para que nada se saque de contexto en un momento clave en la preparación de la Roja.
Lo que se descarta, por mucho que en los mentideros futbolísticos insistan en las teorías de la conspiración, es que De la Fuente y él hayan partido definitivamente peras. Es más, el técnico riojano fue el primero en animarle a aceptar la oferta del Al-Arabi aunque tuviera que romper su contrato sobre la marcha con la RFEF. Y no lo hizo para deshacerse de él por unos celos acumulados, como se ha deslizado, sino porque era lo mejor para su porvenir. Tenía entre cuatro y cinco millones de razones para tomar la decisión que tomó. Otra cosa es que aquella relación, regada por el día a día, no se haya enfriado.
En la Federación, cuando aún había ruido de sables antes y después de las elecciones a la presidencia, hubo quien quiso hacerle la cama a De la Fuente en una guerra de desgaste. Un par de barones de peso, de los cuáles el staff técnico estuvo puntualmente informado, se encargó de propagar ciertos rumores sobre su persona. El más contagioso, que estaba agrandado. Así que, como todas las corrientes de opinión se difunden sin disimulo, hubo periodistas que se lo llegaron a preguntar a las claras al técnico en rueda de prensa. El otro pellizco era que la elección de algunas imágenes de un documental, emitido por Amazon Prime como homenaje por la Eurocopa ganada en Alemania, le había molestado.
En unos de los cuatro capítulos de Un equipo llamado España, Pablo Amo había pasado de autor secundario a protagonista fundamental de la trama, dando a entender esa situación en algunos pasajes de la cinta que él era quien llevaba la voz cantante en el vestuario y la única cabeza pensante en cuanto a la táctica y la estrategia. “Todo lo que Pablo nos dijo que iba a pasar en la Eurocopa, pasó”, se escucha decir a Rodrigo en la serie sobre él. Ahí, por ese rol, hubo quien quiso ver la clave del supuesto distanciamiento entre Luis de la Fuente y Pablo Amo, alimentado porque además el segundo hizo de primero durante mes y medio por una operación de rodilla del titular. Pero no. Más allá de que hubo consenso interno sobre que algunos planos del documental podían haberse evitado, la realidad fue otra: el que fuera central siempre había tenido la intención de ser primer entrenador desde que hizo el curso en 2017 y la oportunidad que le brindaba el equipo de Verratti y compañía era irrechazable.
Bien distinto (y debatible) es que la decisión, estando ya en las alturas y tan bien considerado en la RFEF, fuera la más acertada. Amo hizo las maletas de golpe y porrazo y, sólo 11 días después del anuncio de su marcha, ya estaba debutando en un campeonato totalmente desconocido para él. El objetivo era lograr la salvación de un equipo que agonizaba y, a duras penas, lo logró con cuatro derrotas en siete partidos y pese a la dolorosa eliminación en octavos de la Copa del Emir. Lo que vino después fue una pesadilla. A los siete meses de una contratación galáctica, y tras un 1-7 en la 2025-26, acabó con sus huesos en casa.
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Su regreso momentáneo, porque va y viene de Qatar, alimentó más teorías. Como que podía volver a formar parte del cuerpo técnico de la Selección. Agua, por el momento, según fuentes internas. Cada parte de la historia, pese al cariño mutuo, sabe cómo están las cosas. Y ambos protagonistas, De la Fuente y Pablo Amo, que se escriben menos y con mesura, tienen un respeto máximo por Juanjo González y por Alberto de la Fuente. El asturiano pasó de técnico asistente a segundo entrenador, mientras que el hijo del seleccionador entró en el grupo de trabajo, procedente de la Sub-21, como analista en plena reorganización. Y, por ahora, no hay quien cambie eso ni ninguna palabra de Pablo Amo —que sigue viviendo en Doha para que sus niños acaben el curso— se utilizará para enredar el sano ambiente que reinó siempre. Ya habrá tiempo de hablar. Y de volver a entrenar. Lo de la selección de Honduras en febrero no salió y las propuestas de Segunda no convencen. De momento, responsabilidad de Estado.
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