Una goleada histórica, vitamínica y… ¿bisagra?
El Leganés rompió varios hitos con el triunfo 5-2 ante el Ceuta que sirvió, en lo individual, para la reivindicación de varios jugadores clave. El club espera que sea punto de inflexión para el impulso final hacia la permanencia.


El triunfo del Leganés ante el Ceuta (goleada por 5-2) fue algo más que un triunfo. Tres puntos transformados en tsunami de hitos que, además, mutaron el ánimo colectivo e individual del grupo. Al sur de la capital, se espera que sea un antes y un después en el recorrido de aquí a lo que resta de campeonato. Algo similar a lo que sucedió con la goleada 1-3 ante el Albacete. Aquello inauguró una breve racha de optimismo que aupó al Lega a la zona media de la tabla. De repetirse el proceso, podría ser suficiente para alcanzar el único objetivo viable: la salvación.
Por partes. Primero, la aritmética. Con esa mano de goles ante los ceutís, el Leganés rompió varias barreras estadísticas. Por ejemplo, se convirtió en la mayor goleada del Leganés este curso. Los pepineros no habían pasado de los tres goles. Precisamente los que le metieron al Albacete o al Valladolid en Liga. Solo en Copa, ante el Azuaga de Tercera, los blanquiazules hicieron más goles. Cuatro en concreto. Aquella visita a Extremadura terminó 1-4.
El partido con más goles en Butarque
El Leganés no metía cinco goles o más desde la temporada del ascenso, cuando el Amorebieta se llevó un ‘set’ en blanco: 6-0 al comienzo de temporada. Prólogo de una campaña de ensueño. Aquella goleada es la mayor a favor del Leganés en Butarque. El propio club ha hecho repaso de los resultados a favor más abultados de la historia del recinto blanquiazul, inaugurado el 14 de febrero de 1998.

Ésta al Ceuta es el resultado más abultado en el global (siete tantos) junto con un triunfo frente al Almería, cosechado el 19 de enero de 2003. Aquel partido también terminó 5-2. Le siguen el antes citado 6-0 al Amorebieta y, a partir de ahí, goleadas por 4-0 ante el Mirandés (en dos ocasiones), el Valladolid, el Betis y el Deportivo de la Coruña. Estas dos últimas, en Primera División. La mayor goleada en contra del Leganés en Butarque es un 0-6 del Alcorcón en 2009, en Segunda B.
El triunfo del pasado sábado también es la segunda remontada del Lega en lo que llevamos de curso, después de aquel triunfo en El Carlos Belmonte. El de este sábado, por cierto, frente al único rival (además del Granada) al que el Leganés ha ganado tanto en la primera como en la segunda vuelta. En el Alfonso Murube el partido terminó 1-2 con goles de Diawara (también marcó en Butarque) y Rubén Peña. Esta gesta, la de ganar el partido en ambas mitades del campeonato, sólo la puede repetir ante tres rivales más en lo que resta de campaña: Málaga, Albacete y Andorra.

Un punto de inflexión
Todos estos son argumentos de optimismo que hacen mirar al Leganés con la esperanza de que, de ahora en adelante, el rumbo blanquiazul cambie para bien. Un deseo que se basa, primero, en la percepción colectiva. Pero también en la individual. Ante el Ceuta hubo piezas clave que dieron un paso al frente (algunos, tras recuperar la titularidad) y alimentaron en esa fe.
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Casos de Alex Millán, Duk, Guirao y, sobre todo, Juan Cruz. La alegría por sus primer gol y segunda asistencia del curso (en verdad, su primer partido redondo al completo) se ha convertido en epidemia contagiosa en el interior del vestuario. Si el viento en la racha cambia, el Leganés percibe que la vuelta del extremo hispano-argentino puede ser trascendental para sumar los 13 puntos que le restan para la salvación de los 33 que quedan en juego.

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