Otro puzle para Pacheta
La baja de Alcaraz deja huérfano el centro del campo, sin Sergio Ruiz por lesión. Trigueros, Arnáiz o incluso Diaby podrían ocupar la posición de pivote.

El Granada ha recibido un mazazo en el momento más inoportuno de la temporada, justo cuando el derbi de Andalucía oriental frente al Málaga asoma por el horizonte. El parte médico emitido este martes por la entidad rojiblanca ha confirmado los peores presagios sobre Rubén Alcaraz, quien sufre una lesión fibrilar en el isquiosural de su pierna izquierda. Este diagnóstico, fruto de las molestias que el centrocampista arrastraba desde el último compromiso en Ceuta, le obligará a permanecer en el dique seco durante un periodo estimado de un mes, dependiendo siempre de su evolución clínica. La baja del catalán no es solo la pérdida de un titular, sino la desaparición de un pulmón necesario en un esquema que ahora se tambalea por las ausencias.
La situación se torna crítica para Pacheta, que se encuentra con una medular bajo mínimos. A la dolencia de Alcaraz se le suma la baja ya conocida de Sergio Ruiz, también aquejado de problemas musculares en la misma zona isquiotibial. El técnico burgalés se ve obligado a reinventar el corazón del equipo en tiempo récord, perdiendo de un plumazo a sus dos piezas con más capacidad de mando y equilibrio. Con las dos figuras de referencia fuera de combate, el preparador rojiblanco ha comenzado a ensayar variantes que permitan al equipo competir con garantías ante el Málaga, consciente de que el vacío dejado en el eje del campo requiere soluciones creativas y, sobre todo, un cambio en la estructura táctica.
Pacheta podría abandonar su habitual 4-3-3 para refugiarse en un dibujo de 4-2-3-1. En este nuevo tablero, emergen nombres propios como los de Manu Trigueros y Giorgi Gagnidze. El veterano centrocampista talaverano, con su visión de juego y pausa, aparece como el candidato natural para gestionar la salida de balón, mientras que el joven georgiano aporta ese dinamismo y frescura que el equipo suele demandar en las transiciones. Sin embargo, ninguno de los dos posee el perfil puramente defensivo que la situación actual parece exigir para frenar las acometidas del rival en un escenario de tanta tensión como el que se prevé este sábado.
Es aquí donde la figura de Bambo Diaby cobra una relevancia inesperada y estratégica. El técnico baraja seriamente la posibilidad de adelantar la posición del central para que actúe como pivote defensivo, una función de stopper puro que aprovecharía su imponente físico y su dilatada experiencia internacional.
Diaby, que ha demostrado su jerarquía en ligas de alta intensidad y acumula una cifra considerable de partidos en la élite, ofrece esa contundencia necesaria para barrer la zona de tres cuartos. Su presencia como ancla daría libertad a los jugadores de banda y aseguraría un bloque mucho más rocoso en fase defensiva, permitiendo que el equipo no se parta ante la ausencia de sus habituales organizadores.
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No obstante, esta apuesta por Diaby en la medular conlleva un peaje táctico evidente que el cuerpo técnico debe calibrar. Si bien el Granada ganaría en poderío físico y capacidad de recuperación, la balanza se descompensaría en el apartado ofensivo. Con un pivote de estas características, el equipo tendría menos fluidez en la circulación y perdería llegada desde la segunda línea, obligando a los atacantes a buscar soluciones individuales o a depender en exceso del balón parado. Pacheta se enfrenta al eterno dilema del entrenador: elegir entre la protección del arco propio o el riesgo creativo, sabiendo que en Los Cármenes, ante su gente, el margen de error se ha reducido al mínimo por culpa de las lesiones.
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