Málaga CF

El Málaga y su cuento de siempre

Las lesiones de Dani Lorenzo y David Larrubia desatan el miedo conocido, ese de que todo se cae. Pero este Málaga ha aprendido a sostenerse cuando más tiembla el suelo.

Funes y Larrubia, durante un entrenamiento.
MARIANO POZO
Actualizado a

Uno tiene la sensación, muy de Málaga, de que cuando todo empieza a ir bien hay algo que se tuerce. Va con el carácter, con la memoria, con ese punto de pupas que se activa casi sin pedir permiso. Como si lo estuviéramos esperando. Como si en el fondo pensáramos que ya tocaba. Y claro, llegan las lesiones de Dani Lorenzo y David Larrubia y todo encaja demasiado rápido en ese relato. Justo ahora. Cuando el equipo había encontrado velocidad, sentido, una forma de competir que invitaba a mirar hacia arriba sin complejos. Justo ahora, cuando algo se estaba cocinando de verdad ahí dentro. Y entonces aparece ese runrún, esa mezcla de resignación y enfado, de esto es el Málaga y tenía que pasar así.

Porque sí, algo se ha podido romper. No es cualquier cosa. Se van la brújula y la magia. Dos jugadores que marcaban diferencias, que le daban al equipo un punto distinto, reconocible. Y duele. Duele mucho. Duele porque el Málaga estaba en ese momento en el que todo parecía posible, todavía expectante, todavía con ese paso definitivo por dar en las ocho jornadas que quedan. Y de repente, el golpe. El ruido. El aire apocalíptico. Como si todo lo construido se viniera abajo de un plumazo.

El Málaga y su cuento de siempre
Dani Lorenzo y Larrubia.

Pero conviene detenerse. Respirar. Mirar un poco más atrás. Este Málaga se ha ganado algo que no se improvisa. Se ha ganado el derecho a la confianza. No por dos nombres, por muy diferenciales que sean, sino por una identidad. Por una forma de competir que no entiende de excusas. El equipo de Funes vive de algo más profundo que el talento puntual. Vive de su capacidad para adaptarse, para resistir, para interpretar cada partido según lo que toca. Ha sabido correr, ha sabido sufrir, ha sabido golpear. Y eso no desaparece de un día para otro.

Ahí está Andorra. Frío, agua nieve, un contexto áspero, incómodo hasta decir basta, de esos en los que apetece más hacer una mudanza un domingo a las ocho de la mañana que ponerse a jugar allí. Y sin embargo, el Málaga entendió perfectamente el guion. Partido de apretar los dientes, de sostenerse, de competir sin adornos. Con todo lo que había alrededor, incluido el espectáculo de Gerard Piqué , y aun así el equipo supo mantenerse en pie y sacar un punto de los que pesan. Y apenas unos días después, ese mismo escenario se traga a un Racing al que tantas veces se ha idealizado desde Málaga. Seis goles. Un golpe que sirve para recordar dónde estamos. En esta Liga Hypermotion, o en esta Liga Hipertensiones, que vive instalada en el sobresalto permanente, en la que todo cambia de una semana a otra y nadie está a salvo. Aquí no hay verdades eternas. Solo contextos. Solo equipos capaces de adaptarse o de quedarse atrás.

Y no hace falta irse tan lejos para entenderlo. Ahí está también lo de La Coruña. Otro día de supervivencia. Con ese punto de fortuna que también se busca y se trabaja, que tampoco es casualidad cuando aparece. De esos partidos que definen a un equipo más allá del resultado. Basta con leer lo que se escribió allí. “Un equipo envidiable. Por su calidad, pero ante todo por esa fe que lleva dentro y que les empuja a intentarlo todo, a atreverse, a no quedarse nunca corto. No tuvieron ocasiones claras en ese primer periodo, pero sí que es cierto que la sensación de peligro era extrema, incluso agotadora. Sello de candidato al ascenso de verdad, sin tener que mirar siquiera la clasificación”, leído en La Opinión de La Coruña. Dice mucho.

El Málaga y su cuento de siempre
El equipo celebra el gol de Niño.Jesus Sancho (Sanchofoto)

Claro que el golpe existe. Claro que el equipo se resiente. Sería absurdo negarlo. Pero hay algo que permanece. La voracidad. Ese hambre que ha empujado al grupo desde dentro, que no entiende de nombres propios, que se ha ido construyendo con el tiempo. Eso no desaparece por muchas lesiones que haya. Y en medio de todo aparece un escenario que, aunque parezca contradictorio, puede resultar hasta favorable. El Málaga vuelve a ese lugar en el que se le da por muerto. En el que se le baja del carro antes de tiempo. No está mal sentarse en ese sillón. Agazapado. Sin ruido. No está de más recordar de dónde viene todo esto. En noviembre el ambiente era otro. Mucho más oscuro. Más cercano al descenso que a cualquier otra cosa. La llegada de Funes cambió el rumbo, pero no las dudas iniciales. Y ahora el Málaga está en play off. Ahora depende de sí mismo en un tramo final que hace unos meses parecía imposible. Eso también cuenta. Eso también merece ser valorado.

Porque sí, es lógico mirar hacia arriba. Es inevitable pensar en el ascenso, en lo que supondría para el club, para sostener este núcleo, para dar continuidad a lo que se está construyendo. Pero en ese camino hay algo que no se puede perder. La perspectiva. Estas ocho jornadas también son una oportunidad. Para que aparezcan otros. Para que crezca el fondo de armario. Para que el equipo encuentre nuevas soluciones. Rafa Rodríguez puede recuperar ese olfato goleador. O quién sabe si es la buena de Ramón Enríquez, o Juanpe. Puede abrirse la puerta a una doble punta distinta, y muy cara, con Chupete y Adrián Niño. Aarón Ochoa puede ganar todavía más peso. Este Málaga ya ha demostrado que sabe reinventarse. Ahí están los ejemplos recientes. Galilea parecía insustituible y apareció Javi Montero. Murillo pasó de ser una alternativa a convertirse en un fijo, en un jugador imperial. Cada cambio ha tenido respuesta. Cada problema, una solución. No siempre brillante. Sí efectiva.

El Málaga y su cuento de siempre
Juanfran Funes, durante una sesión.Isidro González

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Y luego está La Rosaleda. Ese pulmón que empuja cuando más falta hace. Ese escenario donde el rival duda, donde las piernas pesan un poco más. Donde el partido se juega también desde la grada. Y por ahí tienen que pasar todavía Las Palmas, Castellón, Sporting y Racing. Equipos con los que te vas a jugar todo. Ahí también se construye el final. Ahora llega un momento exigente. Quizá el más complejo a la hora de recomponer piezas, con bajas, con ajustes, con un puzle que obliga a afinar. Pero también uno de esos momentos que definen a los equipos. Puede que algo se haya roto. Puede que el golpe sea serio. Pero este Málaga ya ha demostrado que sabe competir incluso cuando todo parece torcerse. Y a estas alturas, eso no es poca cosa. Como el Málaga salga vivo de este mes...

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