Uche, entre la grúa y la gloria
La historia de uno de los fichajes más rocambolescos que se recuerdan en el Coliseum.


El verano en Getafe tenía nombre propio: Christantus Uche. El joven futbolista nigeriano, la irrupción más brillante de la última temporada azulona, se convirtió sin querer en el protagonista de una de las tramas más enrevesadas que se recuerdan en el mercado estival. Lo que empezó con un interés discreto del Como, el club italiano en el que ejerce de entrenador Cesc Fàbregas, terminó días después con una presentación en el Crystal Palace. Pero en ese trayecto hubo giros de guion, enfados públicos, intereses cruzados, un coche accidentado en la ciudad deportiva y hasta una ‘guerra’ abierta entre directiva y entrenador.
Todo comenzó cuando el Como preguntó por la situación de Uche. El Getafe, urgido por vender para inscribir a sus fichajes y con el límite salarial al cuello, respondió con una cifra clara: veinte millones de euros. La operación, aunque llamativa, parecía difícil. El jugador no veía atractivo en mudarse al norte de Italia y su entorno insistía en que, de salir, lo haría a una liga de primer nivel (Premier League). Esa puerta se cerró pronto, pero el aviso estaba dado: Uche estaba en el escaparate.
Primer episodio; los Wolves
El siguiente capítulo llegó de la mano de Jorge Mendes. El superagente portugués, con tentáculos en media Europa, activó sus contactos y en cuestión de horas colocó al Wolverhampton como candidato serio. Sobre la mesa se habló de 16 millones fijos y 4 en variables. El Getafe, que necesitaba liquidez inmediata, veía la solución perfecta. El acuerdo estaba cerrado a nivel de clubes y Mendes se llevaba, además, una jugosa comisión. En la zona noble del Coliseum sonaban las campanas de la salvación.
Sin embargo, el fútbol no se escribe solo con números. El contrato que esperaba al jugador en Inglaterra no convencía ni a Uche ni a su representante. El salario estaba lejos de las expectativas y, sobre todo, el agente —molesto porque la operación no le dejaba la comisión deseada— comenzó a poner trabas.
Mientras los despachos se agitaban, en el césped sucedía lo impensado: el Getafe jugaba en Sevilla y, pese a que el club había pedido expresamente que Uche no viajara para evitar riesgos, el futbolista se subió al avión y jugó los 90 minutos. No solo cumplió, sino que fue clave en la victoria. Bordalás, su entrenador, salió al paso después del partido: “Estoy en contra de que se vaya. Es un jugador importante para nosotros”. Era la primera grieta pública entre el banquillo y el palco.
El presidente Ángel Torres, por su parte, trataba de mantener un equilibrio imposible. Reconoció a la prensa que las negociaciones existían, pero evitó cerrar ninguna puerta. La tensión se palpaba. Y lo que vino después fue una semana de vértigo. El 26 de agosto, cuando el jugador estaba a punto de viajar para firmar con los Wolves, su agente frenó la operación en seco. No hubo firma, no hubo avión, no hubo traspaso. El enfado en Getafe era mayúsculo.
La grúa entra en acción
Un día más tarde, el Coliseum vivió una escena surrealista. El representante del jugador apareció en la ciudad deportiva para hablar con la directiva. Él y Ángel Torres ofrecieron declaraciones distintas a los medios: versiones contradictorias sobre los mismos hechos, señales inequívocas de que la descoordinación era total. Y como si el guion no tuviera suficiente dramatismo, Uche estrelló su coche en las instalaciones del club. No hubo heridos, solo chapa y grúa, pero la imagen se volvió símbolo de un mercado accidentado.
El delantero, en medio del ruido, decidió seguir jugando. Frente al Valencia volvió a disputar los 90 minutos. En el césped mostraba compromiso; fuera de él, cada jornada abría un capítulo nuevo del culebrón. Los Wolves desaparecieron de escena y entonces, con el mercado en su recta final, apareció un invitado inesperado: el Crystal Palace.
El club londinense puso sobre la mesa una oferta superior a todas las anteriores: 22 millones de euros que convencieron tanto al Getafe como al entorno del futbolista. A diferencia de la propuesta inglesa anterior, las condiciones contractuales satisfacían al jugador, y el agente recuperaba protagonismo en la negociación. Todo encajaba al fin. El 31 de agosto se alcanzó un acuerdo definitivo: cesión con compra obligatoria el verano siguiente.
Fumata blanca
El 1 de septiembre, a unas horas del cierre del mercado, Uche voló a Londres, pasó las pruebas médicas y fue presentado oficialmente como nuevo jugador del Crystal Palace. El comunicado del club inglés cerraba una historia que durante semanas había tenido en vilo al Coliseum. Para el Getafe, significaba ingresos vitales y la posibilidad de inscribir a todos sus fichajes. Para Bordalás, la pérdida de un talento que consideraba indispensable. Para el jugador, la oportunidad de dar el salto a la Premier League, aunque por un camino mucho más accidentado de lo que nadie habría previsto.
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Lo que queda de este culebrón es la constatación de que el mercado de fichajes ya no es solo un intercambio de futbolistas, sino un entramado de intereses en el que pesan tanto las urgencias económicas de los clubes como las comisiones de los agentes, la voluntad de los jugadores y la voz de los entrenadores. Uche, que en el césped solo quería jugar, acabó convertido en símbolo de un verano de desencuentros. Un verano que empezó en Getafe, pasó por Sevilla y acabó en Selhurst Park, con una sonrisa en Londres y un sabor amargo en el Coliseum.
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