Thiago, oasis en el desierto
Sus 55 minutos ante el Getafe se llevaron la ovación del Bernabéu. Su cambio se convirtió en pitada a Arbeloa. Acarició la asistencia a Vinicius y dejó buenas sensaciones.

Lo más importante de brillar no es el hecho en sí, sino que no te deslumbre ese brillo. Que cuando más se calienta el foco, menos calor se tenga. Si tienes 18 años (y 211 días, segundo español más joven en salir de inicio de blanco en este siglo), si te sabes en el centro del escenario, todo se multiplica. Si ese escenario es el Bernabéu y es tu primer día como titular, más. Contra todo eso navegó Thiago Pitarch. También contra un Getafe que maniató y sonrojó. Y fue un oasis dentro de un Madrid desértico.
Lo afrontó con la misma naturalidad con la que ha afrontado cada salto. Con aptitudes, las que le han abierto las puertas, pero también con actitud: con la que las ha derribado. En un primer tiempo que terminó con algún pito (la sinfonía llegaría después) y ninguna flauta, los aplausos fueron para él. Dejó muestras de dinamismo, pulmones y personalidad. Detalles. Y sobre todo que, en un Madrid con muchos (pero que muchos) peros, Thiago no es “realidad virtual”.
No debe serlo, aunque él lo sonriera tras sus minutos contra el Benfica. Y lo confirmase contra el Getafe. Fueron 55 minutos que radiografían un despegue. Donde aglutinó los únicos instantes de optimismo mientas él estuvo en el campo. Con dos acciones de brega prendió la cerilla. Una, en banda, en el 7’, donde caracoleó y salvó la posesión tras recuperarla. Ovación. La otra, valor gol: presión y robo en tres cuartos y Soria, ante Vinicius, evitó el festejo.

“Entiendo que me piten por el cambio”
Después, permutas (pisó mucha, mucha banda, demasiada) y minutos de cabeza alta. Con un disparo desde la frontal al que le puso intención pero no veneno. Con cuatro recuperaciones y con 42 pases acertados de 47. Más que, hasta el cambio, Güler o Valverde, por aportar contexto. Porque hubo cambio y reflejó el sentir del Bernabéu. Aplausos para él, pitos para la sustitución. Lo asumió Arbeloa: “Entiendo que piten el cambio de Thiago. La personalidad que ha vuelto a demostrar es para estar contento con lo que ha hecho en el terreno de juego. Se merecía la ovación y acepto, entiendo, que me piten por el cambio”.
Explosión en 407 días
Es la exposición, por amargo que sea el resultado final, de una explosión en 407 días. Porque, recuerden, hace 13 meses estaba en el Juvenil B del Madrid. El 19 de enero de 2025 marcaba en una goleada al Torrejón. El 2 de marzo de 2026 debutaba como titular en el Bernabéu. Y ante el Getafe donde pasó cuatro de sus años formativos (2018-2022). Justo tras esos minutos ante el Benfica que le llevaron a escuchar loas incluso desde la zona noble del equipo blanco. Porque las hubo. El trampolín al día de ayer.
Uno que no terminó con guinda, sino con disgusto. Con un patinazo sonoro, uno más, donde faltó fútbol y claridad. Un día donde el Madrid fue un desierto y el Bernabéu, un clamor. Los únicos aplausos, para Thiago. También a las puertas del estadio, donde se paró a fotografiarse con todo aquel que se cruzó. Momento donde, preguntado por el micrófono de AS, el madridismo no dudó: “Ha sido el mejor del partido”. Un oasis entre tanto nubarrón.
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