Rayo Vallecano - Atlético

Tanco: “Fuimos el Matagigantes porque Vallecas nos hacía sentir como si fuéramos dioses”

El central fue parte importante del Rayo en su estreno en Primera. Le marcó al Madrid y al Atleti y casi medio siglo después aún son célebres sus goles de falta: los ‘Tancazos’.

Tanco posa para AS.
Maite Martín
Redactora de la Sección de Fútbol
Redactora de fútbol del Diario AS desde 2007 y licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. El fútbol modesto y las historias que esconde son su pasión. Por eso el Rayo la atrapó y el deporte paralímpico la enamoró.
Actualizado a

José Francisco Gómez Tanco (Valverde de Leganés, Badajoz, 1953) ha viajado desde Sabadell a Vallecas para ver el partido del Rayo... que finalmente será en Leganés. En la previa pasea por las calles del barrio, saluda a muchos aficionados que le vieron jugar y desempolva sus recuerdos con AS. El fútbol sigue siendo su vida y enseña a los más pequeños en una escuela de su ciudad. Ellos también conocen la leyenda de Tanco. Esa que sus hijos comprobaron en los premios del Centenario entregados por la afición, donde el central se llevó el cariño a espuertas. El rayismo no le olvida. Ni sus faltas. Ni aquel poblado bigote.

—¿Qué se siente al volver a Vallecas?

—Es una gran alegría. Me impresiona que, después de tanto tiempo, tengan ese recuerdo tan bonito de aquel Matagigantes y de mí. Me llega ese sentimiento. Es un orgullo verme en uno de esos murales del estadio. Me siento muy agradecido al Rayo.

—Para los más jóvenes, ¿qué eran esos míticos Tancazos?

—No sé quién lo inventó, pero salió en prensa, en el AS precisamente. A alguien se le ocurrió por mis lanzamientos de falta. El estadio de Vallecas, cada vez que tenía que tirar una, coreaba mi nombre. Era un momento muy emotivo. Desde que pitaban la falta hasta la ejecución, todo el campo gritaba: ‘Taaaanco, Taaaanco’. Cuando mis hijos los vieron por primera vez se quedaron impresionados...

—Usted aterriza en Vallecas en la 1972-73, cedido por el Espanyol...

—Llegué en el primer año de Vallehermoso, porque empezaban las obras de Vallecas. Era un estadio más frío, cabía poca gente, apenas venía público y encima estaba lejos porque teníamos la pista de atletismo alrededor. A mí me vino muy bien la cesión porque tenía 19 años y me sirvió para madurar.

—Hábleme de Illán, Bordons, Benito, Felines, Potele...

—Todos los veteranos me recibieron muy bien, porque yo era el jovencito. Eran muy buenos jugadores y hacían vestuario. Illán era rápido y habilidoso. Benito era alto y espigado. Bordons también era catalán y era muy cercano, como Curta, Nieto... Con Felines y Potele me reía mucho. Felo era casi como un padre para mí, siempre estaba a mi lado.

—Cuando regresa en la 1976-77 consiguen un hito: el primer ascenso a Primera.

—A mitad de agosto no terminaba de estar bien en el Cádiz y eso que era titular. Me entró la vena y decidí irme. Hablé con la directiva y el míster y me dieron la baja. Sin más. Sin un duro. Ese día, a las 19:00 horas, llamé a Vallecas y pregunté por Olmedo, que estaba de secretario técnico. Le dije que estaba libre y me respondió: ‘Vente mañana aquí, que te fichamos”. Así fue. Hicimos una gran temporada.

—Hay un derbi para la historia, aquel contra el Getafe, el del “que se besen”.

—No hubo un pacto, pero inconscientemente ambos queríamos el empate porque el Getafe era vecino, amigo... Felines metió un gol de cabeza y nos quedamos todos... No sabíamos qué iba a pasar. Al final, el Getafe marcó como pudo y todos contentos. Lo malo de esto es que, sin querer, perjudicas a un tercero. Pero al final todos hubiéramos hecho lo mismo.

“Antes los descansos eran muy divertidos, hasta la bota te ofrecían”.

Tanco

—Ahí se sentaron las bases del Matagigantes. ¿Cuál era el secreto para ganar a todos los grandes en Vallecas?

—La ilusión y el gran grupo humano. Éramos todos amigos y, con una mirada en el campo, nos entendíamos y sacábamos fuerzas de donde fuera para sacar el partido adelante. Y más en Vallecas... Ahí nos sentíamos como si fuéramos dioses, porque éramos jugadores de un nivel medio y teníamos la satisfacción de jugar en Primera, salir en la tele y vencer a Sevilla, Madrid, Athletic, Valencia, Atlético, Barça... También influyó la preparación física.

—¡La Casa de Campo con El Profe!

—Nos apretaba mucho. Había un ejercicio, que era un sufrimiento total. Nos hacía subir una cuesta de diez metros muy empinada. Al principio salíamos esprintando, pero los últimos metros los hacíamos andando. Las piernas ya no daban para más. Y luego corríamos una vuelta a la Casa de Campo... ¡una hora! Alguno se escondía detrás de un árbol, recortaba, cada uno hacía sus trampillas (risas). La condición física nos hizo ganar partidos.

—Tenían un vestuario plagado de universitarios y de gente con inquietudes...

—Esas inquietudes comunes nos hacían ser más fuertes. Hubo algún problema con la directiva, tuvimos que hacer una pequeña huelga y ser reivindicativos en varias cosas... Sucedieron episodios, a nivel sociopolítico, muy fuertes en la zona, como la matanza de Atocha, e íbamos a manifestaciones. Nosotros nos implicábamos. No éramos activistas, pero sí teníamos esa sensibilidad.

—¿Cómo recuerda aquel primer hito, marcando y ganando al Madrid?

—Nosotros, en aquella época, no nos concentrábamos porque económicamente no salía rentable y porque Héctor Núñez confiaba en nosotros. Ese sábado por la tarde nos juntamos Landáburu, Rial, Alcázar, Anero y yo a merendar. El domingo por la mañana desayunamos en el Sol y Aire y nos fuimos al vestuario a las 10:15. Empezamos ganando 1-0, pero Pirri nos metió dos goles. Teníamos una jugada ensayada, Landáburu me puso un córner al primer palo y marqué de cabeza. Ese fue el empate y nos dio alas para conseguir la victoria (3-2). El párroco de Vallecas alargó la misa para ver si ganaba el equipo de este barrio obrero. El club luego le invitó a merendar con nosotros. Era un cura un poco de izquierdas en aquella época.

—¿Y cómo fue el triunfo contra el Atlético?

—Nevó la noche anterior y Vallecas amaneció con 20 centímetros de nieve. Cuando llegamos al campo ya había como 30 ó 40 personas, que llevaban un par de horas con escobas, palas y rastrillos, quitando la nieve. Había casi medio metro alrededor del terreno de juego. Estaba muy blando y hecho un barrizal, pero tuve una falta lejana, le di con toda mi alma y la metí por la escuadra. Landáburu hizo el definitivo 2-0.

Tanco: “Fuimos el Matagigantes porque Vallecas nos hacía sentir como si fuéramos dioses”
AITOR MARTIN

—El técnico rojiblanco, Luis Aragonés, no quería jugar...

—El Atleti no quería y nosotros decíamos: ‘Mira los señoritos estos, venga, va, va’. Al final, Luis Aragonés diría que él tenía razón (risas).

—Ustedes, que son de otra generación, han tenido que jugar en campos horribles.

—Sí, sobre todo cuando íbamos al norte, que jugábamos con un palmo de barro. La mayoría de los estadios estaban pelados en el mediocampo y las áreas, prácticamente era tierra, y eso con las lluvias terminaba convirtiéndose en un barrizal. La bota se hundía. El balón pesaba un montón y le pegábamos unos punterones... Igual solo se movía un metro (risas). Teníamos miedo porque te podías lesionar. Ahora es otro mundo.

—¿Cómo era jugar en Vallecas entonces?

—Los descansos eran muy divertidos. Al salir del vestuario, con el público tan cerca, nos gritaban: ‘¿Quieres un poco de tortilla y de chorizo? Así estás más fuerte para la segunda parte...’. Y te enseñaban la bota. Era un ambiente muy cercano y familiar.

—¿Cuándo y cómo sale del Rayo?

—Bajamos a Segunda y ese año tuvimos muchos problemas económicos y con el presidente. Llegamos a estar tres meses sin cobrar. Eso influye negativamente. Yo me quería quedar y seguir en Segunda, pero me bajaban muchísimo el contrato, a la mitad. Al final me marché. Me supo muy mal, porque me hubiera quedado toda la vida en el Rayo.

—A usted le intentó fichar el Madrid dos veces en un mismo día...

—Sí, a mediodía y por la tarde. El primer contacto fue en el torneo de Palma de Mallorca, a mitad de agosto, que estaba jugando el Real Madrid, el Rayo, un equipo belga y el Flamengo de Brasil. Perdimos la final ante el Madrid, que estaba en nuestro hotel, y por la noche me comentó el presidente Encinas: ‘Tanco, te quiere el Madrid. No digas nada a la prensa’. Al día siguiente, el titular de los periódicos era: ‘Tanco, al Madrid por 40 millones, más la cesión de Rincón y Morete’. Vino Encinas a preguntarme y yo no había dicho nada. Pasó una semana y media hasta que vino el presidente para ir juntos a Concha Espina. Antes de subir, en un bar, estaba Ramón Mendoza y nos tomamos algo con él. Dijo que subiera, firmara el contrato y ya estaba. El gerente, Antonio Calderón, me presentó las condiciones: iba a ganar menos que en el Rayo y me querían cedido. No lo entendía. Les pedí pensármelo. Me puso el teléfono en la mesa y me dijo que hablara con mi señora, pero no. Esas cosas hay que hablarlas más seriamente. Comí con Encinas y le planteé firmar por dos o tres años, con la ficha que quisieran y que vinieran a Vallecas a jugar un amistoso para la taquilla. Se lo dijimos y solo me querían cedido. A los tres días ficharon a García Navajas, del Burgos, por tres años de contrato y 30 millones de pesetas. Y yo, con todos los respetos, era igual que García Navajas, pero al no haber intermediarios... Me sentía capitán general en el Rayo y sabiendo que Pirri y Benito iban a jugar cojos antes que yo tomé esa decisión.

—Hábleme de Morena...

—Era un crack y todo lo que tenía de estrella lo tenía de buenísima persona. Héctor Núñez me lo puso de compañero de habitación en los viajes y me escuchaba hablar por teléfono en catalán. Se aprendía palabras y, de vez en cuando, soltaba alguna.

“El Rayo levantará cabeza y quedará en mitad de tabla”.

Tanco

—Volviendo al presente, ¿cómo le puede afectar al Rayo jugar en Butarque?

—El runrún de toda la semana y de la anterior, con la suspensión del día del Oviedo, lo tienes metido en el subconsciente. Si el partido viene de cara, sacas fuerzas y luchas más, pero como surjan contratiempos, cuesta más. Todo lo que ha pasado no ayuda y jugar en otro campo como local, tampoco.

—¿Ve al Rayo en peligro? ¿Puede descender?

—Va a levantar cabeza y subirá hasta la mitad de tabla. Está en un ciclo malo, pero terminará arriba. Soy muy fan del Rayo. Veo sus partidos y juega muy bien al fútbol.

—¿Mejor que el Matagigantes?

—Umm... ¡Igual! (risas). Ahora se juega de otra manera.

—¿Cómo ve al Atleti, tras golear al Barça?

—Al Atleti lo sigo desde hace muchísimos años, porque mi padre y hermano Tomás son colchoneros. Lo del Barça fue bastante épico, hizo una primera parte para enmarcarla. Eso tampoco quiere decir que nos vaya a pasar por encima. El Rayo le puede complicar la vida...

—Regresa a Vallecas, después de que el año pasado reapareciera para los premios del Centenario organizados por la afición...

—Eché de menos que el club hiciera más homenajes. La historia es un activo muy importante. El acto de la afición me emocionó (se le quiebra la voz). Fui el hombre más feliz del mundo. Vino una señora mayor a darme un abrazo y otro le explicó a su nieto cómo era yo, con la melena, los Tancazos. Ese cariño siempre va a quedar en mí (se emociona).

—¿Siente que el Rayo ha cambiado mucho?

—Viendo el estadio y los coches en la puerta está casi igual... El Rayo ha cambiado, se ha asentado en Primera, juega competiciones europeas... aunque tiene que mejorar muchas cosas. El presidente debería ser más cercano con la afición.

Noticias relacionadas

¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp.

¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí.

Etiquetado en:
Comentarios
Normas

Rellene su nombre y apellidos para comentar

Te recomendamos en LaLiga EA Sports

Productos recomendados